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Jun

2013

EN EEUU SE HA PUESTO DE MODA LA PINTURA RELIGIOSA DEL BARROCO PDF Imprimir E-mail

DIARIO DE SEVILLA / 9 / 6 / 2013

Luis Sánchez-Moliní

-Vallisoletano de nacimiento y sevillano de adopción, las dos ciudades que, según Bartolomé Bennassar, formaban la cara y la cruz de la España imperial. ¿Cómo dio el salto al Sur? 

-Llegué por una cuestión administrativa. En 1976 yo era agregado en la Universidad de la Laguna y salió a concurso una plaza en Sevilla, la firmé y me la concedieron. Ya conocía la ciudad de mi época de estudiante; durante mi viaje de paso de ecuador había visitado la Catedral y había visto el gigantesco depósito de obras de arte, especialmente de pinturas, que atesoraba. 

 

-Precisamente, su primer trabajo sevillano fue el Catálogo de las Pinturas de la Catedral. 

-Ese mismo mes de octubre del 76, en cuanto me incorporé a la Universidad de Sevilla, me puse a trabajar en el catálogo. Lo hacía entre la una y las tres de la tarde, cuando cerraban la Catedral y me quedaba solo en el interior. Era un trabajo que no se había realizado hasta el momento, porque los catedráticos consideraban poco apropiado ponerse un mono para trabajar y subir por una escalera armado de una linterna y un plumero. Gracias a esta labor descubrí una docena de cuadros importantes, algunos de ellos firmados. 

-¿Algún hallazgo especialmente emocionante? 

-Sí, la primera y única obra firmada que se conoce de un discípulo de Zurbarán llamado Francisco Polanco, al que antiguamente se le solía atribuir indiscriminadamente todo lo que recordaba al pintor de Fuente de Cantos pero no tenía su calidad. El descubrimiento sirvió para sacar del catálogo de este artista numerosas obras que, en realidad, pertenecían a otros discípulos de Zurbarán. También recuerdo una bellísima Piedad firmada por Juan de Sevilla. 

-Dicen que usted ha estado en todos los salones de la ciudad donde hay un cuadro importante. 

-Alguno se me puede haber escapado. Yo tuve la fortuna de ser prohijado por un importante sevillano que fue director del Museo de Bellas Artes, don José María Benjumea Fernández de Angulo, quien no tenía hijos y encontró en mí a su heredero. Gracias a él vi todas las colecciones privadas sevillanas, lo que me confirmó en mi intuición de que Sevilla había sido una ciudad eminentemente pictórica. La desgracia es que de eso han pasado 35 años, las colecciones se han fragmentado y muchas obras se han vendido y han salido de Sevilla. 

-Es decir, que desgraciadamente la balanza comercial artística de la ciudad es positiva. 

-Sí, Sevilla es ahora exportadora de su propia creación. 

-Y en estas visitas a las casas de la ciudad, ¿cuántos murillos falsos ha visto? 

-Muchísimos. De hecho, sólo he llegado a ver un murillo auténtico en un domicilio particular. Hay muchas copias del XIX u obras de discípulos o imitadores de Murillo que los particulares atribuyen al pintor porque así constaba en el testamento de sus abuelos. Antiguamente había mucha manga ancha en la cuestión de las atribuciones. 

-Usted ha publicado el catálogo razonado de las pinturas de Murillo, que hoy por hoy es la obra más completa sobre el autor. 

-Este libro se apoya sobre la magnífica e imprescindible labor realizada con anterioridad por don Diego Angulo, que además de mi maestro fue una persona que se portó maravillosamente conmigo. 

-Durante mucho tiempo, decir que se tenía un murillo en casa era un símbolo de estatus social, como ser propietario de un cortijo. También es un pintor que ha disfrutado del fervor popular, apareciendo incluso en las coplas. Sin embargo, hasta hace relativamente poco, Murillo fue desdeñado por cierta intelectualidad. 

-El problema fue que en el siglo XVIII se le magnificó de tal manera que se le atribuyeron todos los tópicos de la hermosura, de la belleza, de la gracia... Con el tiempo, esto degeneró en todas esas reproducciones de muy mala calidad en latas de melocotón en almíbar, en estampitas... A principios del siglo XX ciertos críticos empezaron a decir que Murillo era blando, dulce, remilgado, propio de devociones de ancianitas piadosas. En cambio, se ensalzaba el geometrismo, la volumetría y el cubismo de Zurbarán como ultramoderno. Murillo pasó a ser una antigualla hasta que don Diego Angulo, a partir de 1940, lo recuperó definitivamente. Hoy está en su sitio: un grandísimo dibujante, un magnífico colorista y un pintor que refleja la elegancia, la delicadeza y la finura de lo sevillano. 

-Gracias a este proceso de depuración del catálogo de Murillo se han podido descubrir y valorar a otros autores que, sin ser primeras figuras de la Historia del Arte, sí son artistas de mérito. 

-Murillo tuvo magníficos discípulos, como Juan Simón Gutiérrez, Esteban Márquez, Francisco Meneses Osorio. En algunas ocasiones, casi está justificado que se les confunda con el maestro. 

-Una pintura que también fue desdeñada y que ahora vuelve a estar de moda es la realizada en el XIX. En este campo, usted también fue un pionero con una monografía muy temprana. 

-En esas visitas a las casas privadas con Pepe Benjumea, de vez en cuando descubría unos cuadros románticos maravillosos. Hubo uno que me dejó verdaderamente estupefacto: el Retrato del Marqués de Arco Hermoso y su familia, de Antonio Cabral Bejarano, que se encontraba en el piso de la calle Baños del Marqués de Marchelina. El ver esta maravilla me decidió a seguir estudiando la pintura del XIX, aunque nunca volví a ver ningún cuadro de esa categoría. Precisamente, ahora voy a sacar un libro sobre Cabral Bejarano en la colección Arte Hispalense de la Diputación y la cubierta será un detalle de este lienzo. 

-Fruto de aquella fascinación fue la exposición La pintura sevillana en la época de los Montpensier

-Fue el punto de partida para la revalorización y el crecimiento del gusto por la pintura costumbrista sevillana. Hoy en día esa pintura ya está perfectamente encajada en la historia del arte y conocemos sus virtudes y sus defectos. 

-¿Y cuáles son esos defectos? 

-La trivialidad y el que muchas de las obras se hacían para los turistas, por lo que se remarcaban demasiado los tópicos de la ciudad. 

-¿Y las virtudes? 

-Que las hacían pintores muy habilidosos que, aunque trabajaban muy deprisa, hacían bien su trabajo. 

-Recientemente, el crítico de arte y profesor de Estética Juan Bosco Díaz-Urmeneta mostraba en estas páginas sus dudas sobre la calidad de la colección Bellver, de la que usted ha realizado el catálogo. ¿Comparte esta opinión? 

-La colección Bellver refleja la vida popular, la forma de pensar y de vivir de la Sevilla del siglo XIX. Bien cierto es que no son obras realizadas por artistas trascendentales, pero sirven muy bien para mostrar el espíritu de su época. 

-¿Y cree que esta colección de pintura decimonónica merece un lugar en la futura aunque incierta ampliación del Museo de Bellas Artes? 

-Creo que sí, que se podrían dedicar algunas salas a esta colección. Eso sí, evidentemente habría que depurarla de sus obras más endebles. 

-Usted es un invitado asiduo del salón de pintura antigua Paris Tableau, uno de los más importantes en su sector. ¿Cómo ve el mercado del arte en España? 

-El mercado español, salvo un grupo selecto de anticuarios de Madrid y Barcelona, es muy mediano, entre otras cosas porque, últimamente, no sale nada importante a la venta, y lo que sale adquiere unos precios extraordinarios. La mayor parte de los anticuarios españoles están buscando a sus clientes en el extranjero, sobre todo en EEUU, donde se ha puesto de moda la pintura religiosa del barroco español y, dentro de ésta, la sevillana es especialmente destacada. Antes nadie compraba un Cristo atado a una columna; sin embargo hoy en día, por la moda, se valora mucho su sentimiento, su pasión, su dramatismo e, incluso, su patetismo. 

-¿Circula mucha obra falsa en el mercado? 

-No en un porcentaje muy elevado, pero hay mucha debido al empeño de algunos propietarios de atribuir sus obras a pintores importantes para ganar así más dinero. Últimamente, algunos se empeñan en que todo fraile que aparece por ahí es un posible zurbarán, o toda Inmaculada esmurillo, o toda cabeza cortada es valdés leal. Esto se desmonta cuando los cuadros llegan a manos de un experto serio y redacta un informe riguroso. Eso sí, también he visto informes redactados para apoyar una autoría que a todas luces es falsa. 

-Una de las últimas grandes refriegas que saltaron a la prensa sobre una atribución fue laSanta Rufina de Focus. ¿Qué opina usted al respecto? 

-Es una obra evidentemente de Velázquez. Lo que pasa es que está muy lesionada por una restauración excesiva para intentar reparar debilidades técnicas, sobre todo de la mano que aparece en la parte inferior. Por otra parte, se pagó un precio totalmente desmedido. 

-Su bestia negra favorita es el Mariscal Soult, el ejecutor del expolio napoleónico de Sevilla. 

-Es una de mis fijaciones. Es un claro ejemplo de falta de comportamiento ético dentro de unas circunstancias históricas determinadas. Podemos llegar a comprender que las pinturas sevillanas expoliadas fuesen a formar parte del museo napoleónico... Bueno. Pero a lo que no hay derecho es a que Soult se llevase 150 obras para su uso y disfrute en su casa de París y que, luego, sus herederos las vendiesen en vez de devolverlas a Sevilla para limpiar la memoria del depredador. 

-Recientemente, con motivo de la exposición sobre la relación entre Justino Neve y Murillo, la mal llamada Inmaculada de Soult estuvo en el lugar de donde nunca tuvo que salir: el Hospital de los Venerables. Aunque hubo algún tímido intento de pedirle al Prado que la dejase para siempre en Sevilla, al final volvió a Madrid. ¿Se ha perdido una oportunidad? 

-Administrativamente eso es imposible. La Inmaculada de los Venerables, que es como hay que llamarla, salió a la venta en París en la segunda mitad de siglo XIX, la compró el Estado francés para el Louvre y alcanzó el precio más alto que ninguna obra de arte había alcanzado hasta esa fecha. Posteriormente, el Prado se la cambió al museo francés por dos obras de Velázquez. Actualmente, esta obra es una de las estrellas del Prado. 

-Casi llegamos a la conclusión de que muchos museos nacionales se han convertido en depredadores del arte de sus propios países. 

-Los museos, en general, son una especie de depósitos funerarios de obras de arte que jamás fueron hechas para exponerse en estos lugares. 

-Usted siempre ha sido una persona muy activa en la defensa del patrimonio histórico de la ciudad. El ejemplo más llamativo es la campaña que realizó para que se restaurase el retablo de Pedro de Campaña de la iglesia de Santa Ana. ¿Qué recuerdo guarda de ello? 

-Costó mucho trabajo pero, finalmente, la Consejería de Cultura y el IAPH aceptaron el proyecto e hicieron un excelente trabajo. Hoy en día, ver el retablo de Pedro de Campaña es una gozada, ha recuperado parte de su primitivo esplendor. Ahora, junto a Ismael Yebra, voy a impulsar una cuestación popular para conseguir los 12.000 euros que hacen falta para restaurar una tabla del siglo XVI que se encuentra en el convento de San Leandro. Serán colaboraciones de 20 euros, una aportación que casi todo el mundo puede permitirse. La tabla, que es de un autor anónimo pero de evidente calidad, representa a Nuestra Señora de las Misericordias escoltada por Santa Justa y Santa Rufina. 

-Siempre pendiente de la pintura... 

-Es que la pintura ha sido la hermanita menor del patrimonio hasta muy recientemente. Hace cincuenta años, en Sevilla no se hablaba más que de escultura y de Martínez Montañés. Hoy en día, sin embargo, la pintura se ha puesto de moda. 

-La exposición sobre las santas de Zurbarán está teniendo un gran respaldo por parte del público. Sin embargo, hay algunas voces, como Díaz-Urmeneta o Carlos Colón, que desdeñan de alguna manera esa mezcolanza de pintura y diseños de modistos contemporáneos. 

-Es una verdadera frivolidad intentar proyectar el espíritu de Zurbarán en la moda de nuestros días. 

-A muchos nos llama la atención el que usted no sea miembro de la Academia de Bellas Artes. 

-Es por una razón muy clara: yo no tengo amigos en la Academia de Bellas Artes, sino enemigos. No sé cómo me las he arreglado, pero esa Academia nunca me ha querido. Supongo que tengo algunos méritos, pero ellos lo ignoran por completo. 

-Recientemente se ha anunciado el cierre de Arte y Gestión, la única sala de subastas que ha tenido Sevilla en su historia. La crisis, evidentemente, también afecta al mundo del arte. 

-Es una pena que desaparezca. Cumplía la muy buena misión de vitalizar y dinamizar el mercado interior. Gracias a sus subastas han salido cosas muy interesantes. 

-Usted ha publicado con varias instituciones y editoriales, pero sus libros más conocidos y memorables, como Historia de la pintura sevillana Pintura barroca sevillana los editó con Guadalquivir bajo la batuta de un personaje de los que ya no se repetirán: don José Sánchez Dubé. 

-A don José Sánchez Dubé habría que hacerle un homenaje. Fue una persona extraordinaria que nunca le decía no a un proyecto de libro. Él se apasionaba y se involucraba hasta límites insospechados. Nunca comprendí cómo con un modesto capital podía editar libros muy caros, de gran formato, con 600 ilustraciones a color. Su dedicación es absolutamente irrepetible. Es una figura de otros tiempos, con otra sensibilidad. Habría que hacer una exposición sobre los libros de la editorial Guadalquivir.

 
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