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2013

UN VIEJO OLVIDADO: EL PUENTE DE ALFONSO XIII PDF Imprimir E-mail

ABC SEVILLA / 17/8/2013

MARCOS PACHECON MORALES-PADRON

ESTE viaducto ha sido para Sevilla casi una institución y hoy lo tenemos arrinconado. Se trata del segundo puente más antiguo de la ciudadad y el primero móvil.

 

ARCHIVO ABCABCdesevill a.es Galería de imágenes Puente de Hierro. En la imagen dando paso a un submarino

Fue diseñado por José Delgado Brackenbury y construido por la Maquinista Terrestre y Marítima de Barcelona entre 1919 y 1926.6.

Su gran momento fue durante la Exposición Iberoamericana de 1929, donde dio paso a decenas de mercantes, barcoss de guerra e incluso submarinos como vemos en la imagen. A par-te de su función levadiza/por-tuaria, también ser vía como nexo entre el emergente barrio de Los Remedios, la base aérea de Tablada y la conexión con su hermano, el Puente de San Juan de Aznalfarache.

Con la clausura de la citada muestra, su coste y baja ren-tabilidad, se transformaron enn duras críticas. Todo vino motivado por la especulación urbanística que se planteó sobre Tablada y que no llegó a ver la luz debido al Crack de 1929. Por ello, uno de sus vitales funciones que era conectar con la futura ciudad-jardín, se perdió.

Pero la imagen adjunta a estas líneas no trata de críticas, sino de inauguraciones. En efecto, nos encontramos en un ferviente 26 de abril de 1926, donde asistimos al bautizo del mismo puente. Para tal acto, que también se aprovechó para inauguración conjunta de la Corta de Tablada, se organizó un desfile naval. Atravesaron sus tableros abiertos una escuadra de cruceros, más una flotilla de submarinos y un reguero de embarcaciones particulares.

47 años después de que sus cabrestantes se movieran por primera vez, en 1973 el Real de la Feria era trasladado a unos terrenos ganados al río, Los Gordales. De esta manera, el «Puente de Hierro», como más se le conocía, volvía a enmarcarse dentro de la «rutina» hispalense y sus quehaceres.

En los años ochenta, el puente se vio implicado en un triste suceso del que se barajan dos versiones. Por un lado, y por razones que se desconocen, los responsables de su maquinaria lo dejaron elevado una noche de niebla. Precisamente, un médico de urgencias que iba a cruzar por él, no se percató de que las señalizaciones no funcionaban, con lo que se precipitó al río falleciendo en el acto. La otra versión señala a un desgaste de los contrapesos lo que originó que él mismo tendiera a subir el tablero. Desde entonces, el odio de la Junta de Obras del Puerto hacia el viaducto fue visceral.

Con el paulatino crecimiento de la ciudad, el «Puente de Hierro» se fue quedando insuficiente. Para la Exposición Universal de 1992 se decidió construir un sustituto, donde el viejo pontón quedaría como uso peatonal. El Puente de Las Delicias, con sus flamantes colores blancos, seducía a los marineros que arribaban en los muelles aledaños, mientras que el azul apagado del Alfonso XIII, no hacía más que oxidarse.

Finalmente, en 1992 es totalmente cerrado como medida de presión para acabar con él. No obstante, el colectivo Planuente se movilizó para impedirlo, consiguiendo que fuera catalogado en 1994 con el grado de máxima protección «A». A pesar de la valiente lucha ciudadana, su estructura fue cercenada en 1996 y sus pilares dinamitados para que nunca más recobrara su original sitio. Sus restos fueron recolocados en una esquina del Muelle de Las Delicias, irónicamente frente a la sede de la nueva Autoridad Portuaria.

El primer barco que lo atravesó fue el crucero argentino Buenos Aires el 26 de abril de 1926 y el último la patrullera española Laya el 13 de febrero de 1998. Durante 66 años de actividad ha permitido el paso de innumerables buques de todo tipo y sobre sus tableros, de varias generaciones de sevillanos.

Finalmente, en 2003 es trasladado por la Avenida de La Raza hacia su nuevo destino, la antigua desembocadura del Guadaira. A fecha de hoy, el puente cuenta con 87 años, de los cuales 5 los ha pasado desmontado y el resto marginado entre el Heliópolis y el Guadalquivir.

Y allí sigue dormido, viendo pasar los barcos que él un día permitió llegar a esa ciudad que le defenestró.

 
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