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Sep

2013

"NO SE COMO HAN CALLADO LA BOCA A LA UNESCO CON LA TORRE PELLI" PDF Imprimir E-mail

ABC SEVILLA / 15/9/2013

MARÍA JESÚS PEREIRA

–¿Cuánto ha costado la rehabilitación de las casas de la judería, proyecto por el que le han dado a usted y a Ignacio Medina, duque de Segorbe, el premio de Arquitectura Clásica y Restauración de Monumentos Rafael Manzano 2013? –Es imposible saber cuánto se ha invertido porque la rehabilitación comenzó hace treinta años. Al final hemos rehabilitado 19 casas, cuatro señoriales y el resto populares. Cuando comenzamos a rehabilitar la primera casa no se pensó en hacer un hotel. Se ha intentado restaurar la belleza tradicional de esas casas usando las mismas técnicas, materiales y colores. Cada casa está comunicada con las otras por espacios libres.

La rehabilitación ha permitido recuperar las cubiertas de tejas, así como antiguos callejones que habían desaparecido porque se habían integrado dentro de las casas. –Digamos que ha hecho un buen tándem con Segorbe para la recuperación del patrimonio histórico artístico. –Mi relación con Ignacio Medina se remonta a los años 70, cuando su tío, Felipe Medina, socio de Otaisa, propuso a su sobrino dedicarse a la rehabilitación y tener una acción protagonista en la recuperación del centro histórico de Sevilla, que entonces estaba en una situación calamitosa. Él es el impulsor de esta obra, el propietario, el promotor y ha controlado hasta el último detalle de todas las operaciones. Destacaría su espíritu de mecenazgo y visión de futuro, así como su intuición artística, que se traduce en una capacidad para mí asombrosa de ver la belleza oculta en una edificación ruinosa o prácticamente desaparecida. –¿Cuántos duques de Segorbe hacen falta en Sevilla para recuperar el patrimonio artístico? –Ufff, muchos, quizá cientos, porque tiene mucho empuje y él ha hecho la rehabilitación de las casas de la judería empeñando su fortuna personal, sin ayuda pública. Pero bueno, ahí están la Junta, el Estado... que también pueden hacer algo en ese sentido.

¿Ha recreado lo antiguo o inventado en las casas de la judería? –Hemos recreado porque había documentos escritos y elementos que nos permitían saber qué había antes. Cuando no lo sabíamos lo hemos inventado. –¿Es usted un arquitecto clásico? –Yo no distingo entre arquitectura clásica y moderna. Ahora me han premiado por una actuación de arquitectura clásica pero también he hecho arquitectura moderna, como el pabellón de la Naturaleza de la Expo 92 o el edificio de Sevillana de Electricidad, entre otras cosas. Cuando yo estudiaba arquitectura estaba en boga la arquitectura moderna. La arquitectura clásica era algo marginal, y salvo Rafael Manzano y Alberto Balbontín, no había profesores preocupados por esas cosas. Aunque me formé en la cultura arquitectónica derivada del Movimiento Moderno, la Bauhaus o Le Corbusier, me especialicé en arquitectura clásica y restauración de monumentos influenciado por mi esposa, también arquitecta, María de la Cruz Aguilar. –¿Le gusta la arquitectura moderna en el casco histórico de Sevilla? –Depende del sitio. Si se construye en un solar en el centro histórico hay que respetar el entorno. Uno no puede entrar como un elefante en una cacharrería y hacer una cosa que no se integre. –¿Como sucedió con las setas en la Encarnación? –Sí. Las setas me parecen fuera de lugar. No me gusta nada de ese proyecto: ni el sitio ni el edificio ni la escala. Para mí ese edificio tiene el aspecto de una arquitectura efímera, una arquitectura espectáculo sin funcionalidad. No me produce ninguna emoción de belleza arquitectónica, sin olvidar que degrada la calidad de la zona, donde está la Iglesia de la Anunciación. –Pues ese proyecto quedó finalista en el premio Mies Van der Rohe. –Bueno, hay muchos premios equivocados. A lo mejor el mío también está equivocado (risas). –¿El premio que ha recibido es un revulsivo para la arquitectura clásica, tan denostada últimamente? –Sí. La arquitectura clásica ha estado y sigue estando denostada, marginada, no se le da importancia, porque se considera que es una arquitectura de rango menor comparada con la arquitectura espectáculo. –¿Se puede ser progre y defender la arquitectura clásica? –Claro, no son incompatibles. Un buen arquitecto debería saber hacer arquitectura moderna y clásica. –¿Envejece peor la arquitectura moderna que la clásica? –Hay muchos edificios modernos que están envejeciendo mal porque están mal hechos. Por ejemplo, la Unité d’Habitation de Marseille, de Le Corbusier, no ha podido envejecer peor. –¿Se han hecho muchos pastiches en Sevilla con la excusa de la arquitectura clásica? –Sí, pero no con esa excusa, sino con la excusa de servir a un mercado poco formado. Eso se ve más en casas particulares que en edificios singulares. –Desde el punto de vista de la arquitectura, ¿cuál es para usted la mayor aberración que se ha hecho en Sevilla en los últimos cincuenta años? –La destrucción del patrimonio histórico artístico. Mi padre, que era un hombre muy comprometido con la arquitectura moderna, hizo en 1948 con Col l ante de Terán un l i bro sobre la arquitectura civil de Sevilla que hoy sigue siendo consulta obligada para cualquiera que quiera actuar en el centro de Sevilla. De hecho, va por la tercera edición y en cada una de esas ediciones van desapareciendo más edificios de los que están en el libro. Otra de las aberraciones que se han hecho es la torrePelli, un edificio innecesario, que afecta mucho al paisaje de Sevilla. –¿Cómo explica que la Unesco haya dado un giro de 180 grados al apoyarla después de su inicial rechazo? –No sé cómo han calladola boca a la Unesco. El paisaje histórico de Sevilla se ha visto afectado por la torrePelli. –¿Está cumpliendo con su cometido la Comisión Provincial de Patrimonio o llega tarde, cuando el destrozo ya está hecho? –Esa comisión toma decisiones caóticas. En unos casos es muy restrictiva y en otros muy permisiva. Para mí es un misterio su funcionamiento y sus resoluciones, cómo llega a esas conclusiones, cómo esas conclusiones son contradictorias unas con otras, y cómo se aplican sus conclusiones. Por otra parte, la comisión no es ejecutiva, sino que aconseja al delegado provincial de Cultura. De hecho, el delegado puede anular una resolución de la comisión, como ya ha pasado. –¿La comisión ha sido permisiva con las setas y restrictiva con la rehabilitación de las casas de la judería? –Ha sido muy restrictiva con las cosas que ha promovido Ignacio Medina, poniéndole siempre pegas a sus proyectos. La fachada de las casas de la judería no tiene el visto bueno de la Comisión del Patrimonio por la pintura de un escudo y unas terminaciones. Además, no nos han dado permiso para hacer un segundo túnel que conecte distintas manzanas de las casas. —Repasemos algunos de los edificios más señalados de Sevilla. ¿Qué le parece la restauración de San Telmo? –Vázquez Consuegra ha dejado su impronta. Me gusta lo que hizo aunque yo hubiera intervenido menos, respetando más el edificio inicial y la identificación con la época en la que se construyó. –¿Qué uso daría a las Atarazanas una vez descartado el CaixaFórum? –Yo las abriría para que la gente las conozca y en el futuro le daría un uso museístico. Se hizo una rehabilitación que se quedó a medias. –El arquitecto Luis Díaz del Río ha denunciado que en la restauración del palacio de los marqueses de Torrenueva se puso estuco en la portada y desapareció un arco califal cordobés. –Eso es verdad. ¿Dónde estaba la Comisión Provincial de Patrimonio cuando pasó eso? –La Fábrica de Artillería sigue durmiendo el sueño de los justos –Hay que buscarle ya una función pública porque es una joya de la arquitectura sevillana. –¿Qué opina del proyecto de un Museo del Flamenco junto a la Casa de la Moneda? –Estoy totalmente de acuerdo con Fernando Mendoza, José García Tapial y José María Cabeza porque no está justificado que monten un tablao junto a la Casa de la Moneda. –La piqueta se llevó por delante muchos edificios artísticos pero otros siguen en pie abandonados, como los conventos de San Agustín o de San Jerónimo, BIC y propiedad municipal. –Si no actuamos pronto nos quedaremos con menos patrimonio artístico histórico. En vez de la TorrePelli o hacer edificios nuevos, el Ayuntamiento y la Junta podrían usar muchos edificios singulares que se están cayendo.

 
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