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Lun

14

Oct

2013

RENACE EL BARRIO DE LA JUDERÍA PDF Imprimir E-mail

ABC SEVILLA / 14/10/2013

MARÍA JESÚS PEREIRA

Cuando Ignacio Medina y Fernández de Córdoba, duque de Segorbe, se embarcó en 1980 en la tarea de recuperar la Judería de Sevilla, muchos le tomaron por loco, entre otras cosas porque era una empresa quijotesca en la que él apostaba su patrimonio personal. Treinta años después, la recuperación de Las Casas de la Judería le han hecho merecedor, junto al arquitecto Luis Gómez-Stern, del Premio de Arquitectura Clásica y Restauración de Monumentos Rafael Manzano 2013, un premio internacional otorgado por la Fundación Richard y la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Notredame (EE.UU.).

 

Las Casas de la Judería es hoy un hotel de lujo con entrada por la calle Santa María La Blanca. Su estrecha fachada no hace imaginar que detrás de ella hay un conjunto de 19 casas restauradas del antiguo barrio de la Judería, con sus patios, sus pasajes, sus callejones, sus jardines... lo que hace de su visita un viaje al pasado.

Un obra desconocida

El hotel ocupa varias manzanas (12.500 metros cuadrados de suelo) y está delimitado por las calles Santa María La Blanca, Archeros, San Clemente, Verde y el callejón de Dos Hermanas. Los sevillanos apenas conocen esta restauración porque la mayoría de las casas rehabilitadas tienen fachada a calles estrechas sin tráfico, algunas con un ancho inferior a 1,2 metros.

¿ Cómo surgió este proyecto? En 1970, Ignacio Medina constituyó la sociedad ProSevilla, que involucró a empresarios e intelectuales de la ciudad para recuperar sectores degradados y detener la destrucción de monumentos y edificios singulares del centro histórico, así como el caserío popular y los espacios que los unían. Tras recuperar varios palacios, conventos y corrales, en la década de los 80 se disolvió ProSevilla por dificultades económicas pero Medina siguió adelante con los objetivos que tenía esa entidad, llevando a cabo el más ambicioso proyecto de rehabilitación privada de Europa: Las Casas de la Judería.

La magnitud de este proyecto de rehabilitación es de proporciones poco habituales en España –las edificaciones equivalen al Palacio Arzobispal y la Casa de los Pinelo juntos– y abarca cuatro casas señoriales de arquitectura clásica y quince casas de arquitectura popul ar, que suman 36 patios. «Mi sueño era haber llegado a la Casa Pilatos y a punto estuve», declara el duque de Segorbe, quien afirma que «esta rehabilitación se ha llevado a cabo a pesar del Ayunt amiento, que no me ha dado f acilidades, y de l a Comisión Provincial de Patrimonio, que me ha tratado como a un enemigo».

En este sentido, Ignacio Medina se queja de que la Junta no aprobó la restauración de la fachada principal «porque dicen que hay un escudo anacrónico. ¿Y no son anacrónicos los modernos logotipos de la Junta en la fachada del Palacio de Altamira?»

La rehabilitación se inició en 1980 y acabó en 2012, tres décadas en la que se ha actuado casa a casa. «Ha sido un trabajo artesanal, sin planificación inicial sobre su extensión y uso. Se ha usado las mismas técnicas, materiales y colores originales», explicó GómezStern. ¿Las Casas de la Judería han sido recreadas o inventadas? El arquitecto puntualiza que «hemos recreado muchas de ellas porque había documentos escritos y elementos que nos permitían saber cómo eran antes. Cuando no lo sabíamos, lo hemos inventando».

Aunque en la actualidad las 19 casas conforman el hotel, cada una de ellas mantiene su acceso desde el espacio público y su identidad arquitectónica independiente, por lo que en el futuro podrían independizarse. Patios, corredores y adarves las comunican entre sí, de modo que al transitar por los espacios interiores resulta imposible saber si forman parte del espacio público o privado. Se han habilitado además sótanos recuperando antiguos aljibes y bodegas. Un túnel bajo la calle Verde une varias casas. Ignacio Medina intentó conectar otras casas mediante un túnel bajo la calle San Clemente, «pero la Junta lo rechazó con la excusa surrealista de que iba a cambiar la sociología del barrio».

Las cuatro casas nobles que conforman el proyecto son l a del marqués de Dos Hermanas, las del Duque de Béjar y la de la familia de Padilla, que datan de l os siglos XV y XVI. Las casas populares, añade Stern, son en su mayoría del siglo XVIII y pertenecían a militares o comerciantes, o fueron corrales alquilados a familias. Las zonas interiores de unas y otras se fueron colmatando, lo que hizo desaparecer patios, jardines y espacios libres, callejones y adarves, ahora al descubierto.

La Casa del Marqués de Dos Hermanas –cuya fachada es l a entrada del hotel– formó parte del Palacio de

Altamira y de la casa del cura de Santa María l a Blanca, y fue comprada por el marqués en el siglo XVIII. A diferencia del resto de inmuebles, esta casa no amenazaba ruina porque hasta hace poco estaba ocupada por una familia pero había sufrido transformaciones que enmascaraban su belleza arquitectónica y especialmente se había perdido complemente la silueta de la fachada de Santa María La Blanca, colindante con el Palacio de Altamira y la Iglesia de Santa María La Blanca. Los documentos, litografías y fotografías han permitido conocer con exactitud la fachada original, que ahora vuelve a verse. El res ul t ado de l a obra ha puesto de manifiesto l a qubba mudéjar (elemento de estructura mudéjar), el mirador manierista y la espadaña barroca de la iglesia.

Cubiertas de tejas árabes

En cuanto a las casas del Duque de Béjar –uno de los mecenas literarios más importantes de su época al que Cervantes dedicó su primera parte del Quijote–, actualmente es vivienda de Ignacio Medina. Antes de su restauración, había sido transformada en casa de vecinos, colmatando los patios y galerías y creando entreplantas.

Además, integra Las Casas de la Judería una que perteneció a un descendiente de doña María de Padilla, reina de España casada con don Pedro el Cruel. La casa se encontraba prácticamente irreconocible. Tras una ardua investigación de los restos y documentos históricos se han podido identificar y recuperar espacios originales, entre ellos el patio de columnas con escudos de armas.

El duque de Seborge y Luis Fernando Gómez Stern ha tenido especial cuidado en usar materiales y terminaciones i guales a l os originales, empleando materiales de derribos próximos, como azulejos, fuentes o columnas. Se han recuperado cubiertas inclinadas de tejas árabes y estructuras de madera.

 
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