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2014

ENTERRAR LA HISTORIA PDF Imprimir E-mail

DIARIO DE SEVILLA  / 5/12/2014

JOSÉ GARCÍA-TAPIAL Y FERNANDO MENDOZA

NOS ha sorprendido negativamente la noticia de la intención, por parte del Ayuntamiento, de enterrar bajo toneladas de grava la excavación arqueológica que durante más de cuatro años se ha venido realizando en el Patio de Banderas. Sin duda, es el yacimiento arqueológico sevillano más importante, tanto por su magnitud como por los hallazgos e información que está aportando sobre la génesis y desarrollo de nuestra ciudad: nos encontramos aquí ante el origen de Sevilla, la antigua Spal y sus distintos estratos de colonizaciones: fenicia, romana, visigótica y musulmana. Nadie puede poner en duda el magnífico trabajo llevado a cabo, los interesantes resultados obtenidos y el esfuerzo del equipo técnico en su divulgación y conocimiento. ¿Por qué se pretende interrumpir tan abruptamente estas investigaciones que aún no han finalizado? ¿Por qué ocultar apresuradamente los restos más antiguos de nuestra historia? ¿Es un problema económico? ¿O es solo el deseo de presentar antes de las elecciones un Patio de Banderas "turísticamente recuperado" con su fuente y su albero? 

 

Hay que recordar que entre los objetivos de estas campañas estaba el de conectar la excavación actual con la cripta, más al Norte, que los profesores Bendala y Neguerela llevaron a cabo entre 1974 y 1980, en circunstancias económicas, por cierto, bastante más difíciles que las actuales. El presupuesto previsto para el cegado que ahora se propone (300.000 euros) bastaría para cubrir holgadamente esta incorporación y sin interrumpir las investigaciones en curso; téngase en cuenta que la campaña que ahora se culmina ha sido de 234.800 euros. A tal efecto conviene recordar que estos trabajos arqueológicos no son una ocurrencia ocasional de algún técnico o munícipe, sino un compromiso institucional de nuestro Ayuntamiento, plasmado en el Plan Especial de Protección del Alcázar y refrendado por el Pleno de junio de 2012. La Comisión Provincial de Patrimonio ¿no tendría que informar sobre esta drástica interrupción de un Programa de Investigación ya aprobado? ¿Comunicará el Ayuntamiento a Unesco, que tan celosamente tutela su Patrimonio de Valor Universal, este cambio sustancial en su política de recuperación y puesta en valor del Alcázar? 

Descartemos el problema económico porque el Alcázar dispone de más ingresos que nunca en su historia, con un saneado superávit. Estaba prevista una completa musealización de la excavación pero, al parecer, la Ley de Estabilidad Presupuestaria dificultaba acometerla hasta ahora. Afortunadamente, pocos días después de la decisión municipal de cegar la excavación, esta ley ha sido modificada (BOE 21/12/2013) y ya es posible tal inversión. La situación económico-administrativa ha cambiado por tanto y procede reconsiderar tan drástica medida. Tal vez podría plantearse una ejecución por fases: en una primera etapa podría cubrirse la excavación actual con un forjado que permitiera a la vez la recuperación de la estética tradicional de la plaza, el acceso a lo excavado a estudiosos y expertos y la continuación de los trabajos de investigación en zonas inmediatas. No se argumente que el pretendido cegado con grava es una operación de poco coste y fácilmente reversible. Se trata de colmatar una excavación arqueológica de considerables dimensiones, poblada de elementos históricos de gran antigüedad y fragilidad, de 450 metros cuadrados de superficie y en torno a 7 metros de profundidad media o, lo que es lo mismo, de más de 3.150 metros cúbicos de grava. Estamos hablando de arrojar más de 5.000 toneladas de piedras sobre nuestra historia. Tamaño movimiento de tierras exigiría no menos de una caravana de 800 o 900 camiones atravesando el corazón de nuestra ciudad para volcar su carga sobre un pasado recién recuperado. La imagen de las reatas de mulos empleados para cegar el río en Chapina en los años 50 del pasado siglo volvería a nuestra memoria. Enterrar esta impresionante excavación, es renunciar definitivamente a una brillante solución cultural y turística de valoración de nuestra historia. Además, habría que calcular el sobreprecio que supondría, en su día, volver a retirar este relleno sin dañar los valiosos restos. Estos dos conceptos superarían, con mucho, el coste de realizar el forjado que protegiera el yacimiento para el futuro. 

Se habla de "provisionalidad": todos sabemos el carácter casi perpetuo que tiene la provisionalidad en Sevilla. La cripta del Salvador fue cegada en el siglo XVII, como solución provisional y por poco tiempo. Se tardaron trescientos años en liberarla. En cuanto al cauce fluvial hizo falta una Exposición Universal para recuperarlo. 

Creemos sinceramente que hay soluciones más sencillas y rentables, tanto económica como culturalmente, en vez de enterrar el yacimiento. En cualquier caso siempre es posible dejar la excavación como está, permitiendo las visitas públicas para que puedan contemplar los sevillanos y visitantes todo el conjunto arqueológico, mientras se continúan los trabajos en otras zonas. Unos paneles informativos y un buen programa de señalización serían suficientes. Los recientes ejemplos de las visitas guiadas durante las obras de rehabilitación del Salvador y Santa Clara son buena muestra del interés de los sevillanos por su patrimonio histórico. 

El Alcázar, sus jardines y su entorno son propiedad de todos los sevillanos y tienen un potencial científico y cultural enorme, en parte todavía por descubrir y poner en valor. Proponer ahora el enterramiento de nuestro pasado recién descubierto en el Patio de Banderas es una iniciativa inexplicable que supondría despreciar el futuro y seguir perdiendo oportunidades para nuestra ciudad.

 
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