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17

Ene

2014

LA RETIRADA DEL LETRERO QUE DEJO DESNUDO EL CINE X PDF Imprimir E-mail

EL MUNDO / 16/1/2014

EVA DÍAZ PÉREZ

Es probable que no fuera una obra artística ni algo digno de protección patrimonial, pero el letrero del Cine X de la calle Trajanohabía conseguido evocar cierta nostalgia -aunque sórdida- de otras épocas. La retirada del letrero se produce dentro del proceso de protección del Ayuntamiento de Sevilla para el inmueble del edificio que realizó Aníbal González en 1922 como ejemplar muestra del arte regionalista.

 

Por otro lado, la desaparición de esa cartelera donde aún se exhibía el anuncio del uso del local -películas pornográficas- ha desvelado una hermosa parte de la fachada, concretamente, uno de los arcos polilobulados decorados con cerámica y característicos de este edificio inspirado en el arte mudéjar.

Con esta retirada, desaparece un elemento paradójicamente emblemático de un lugar que marcó la historia reciente de la zona y de un edificio que acogió primero un cine de arte y ensayo y, más tarde, un cine X. Cine de fórum y debate, de sesiones de filmografía de autor para los años del tardofranquismo, caracterizados como una época más intelectual y sesuda que luego, con la democracia, dio paso a una libertad que en muchos casos se tradujo en frivolidad con el popular cine de destape o sus versiones más 'profundas' como este local que exhibía cine pornográfico en sesión continúa incluso desde las diez de la mañana, un paraíso para los amantes del fotograma erótico antes de la llegada del discreto vídeo doméstico.

Este cine está calificado como centro histórico, por lo tanto con protección especial para usos culturales, según la modificación que se hizo al PGOU y tras las alegaciones realizadas por varias entidades conservacionistas que habían denunciado el deterioro y abandono de un edificio de gran interés patrimonial.

El Ayuntamiento ya realizó infomes sobre su conservación determinando que el estado era malo a excepción de las fachadas que dan a la calle Trajano y a Amor de Dios. En este informe se destacaban daños en los forjados «y en especial los que son de metal y que se encuentran con un altísimo grado de oxidación». Además, la bóveda entablillada de escayola se había hundido parcialmente, cayendo los escombros sobre lo que fue en su día el patio de butacas.

Ahora que el agujero negro del edificio está en proceso de rescate definitivo, cabe mirar atrás para contemplar su valiosa historia, mucho más de la anécdota reciente del cine X que albergó hasta hace algún tiempo.

Y es que antes de acoger sesiones de cine de dos rombos también tuvo un pasado sicalíptico con el famoso y popular Salón Variedades, paraíso del cuplé, de las vicetiples y las revistas de 'visualidad'. Un mundo de vida alegre que triunfó en los años veinte y treinta hasta la llegada de la Guerra Civil en el que el edificio se convirtió en siniestra cárcel en la que permanecieron retenidos presos que luego fueron fusilados por orden de Queipo de Llano.

Pero ¿y antes de que se levantara el edificio de Aníbal González? El solar lo ocupaba el antiguo Hospital del Amor de Dios que fue derribado en 1860 para levantar otro lugar que habla bien del destino inevitable de este lugar. Y es que allí estuvo el teatro-circo Lope de Rueda. Luis Montoto en su De re literaria describe el ambiente:«El público que allí acudía era maleante y bullicioso, de ordinario compuesto de estudiantes, criadas de servicio, niños y soldados». Y añadía que allí se vio por primera vez en Sevilla el baile del cancán, «baile obsceno como la vieja zarabanda».

Manuel Ferrand en Las calles de Sevilla subrayaba el curioso cambio que la zona había sufrido al pasar de acoger un hospital a albergar en los años veinte locales de vida nocturna: «Durante siglos, calle de hospital y convento, se desmelenó en los años veinte en una Sevilla de noche, pesadilla de biempensantes».

Desde luego, el letrero del cine X también pertenece ya a la Historia de esa Sevilla «maleante y bulliciosa» y no hay duda de que su particular estética pop y retro fascinaría a algunos coleccionistas amantes de lo vintage que no dudarían en incluirlo en un curioso museo de memorabilias sevillanas.

 
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