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May

2014

VIAJE A NINGUNA PARTE PDF Imprimir E-mail

EL MUNDO / 29/4/2014

JUAN MIGUEL VEGA

Viaje  y salga de aquí. Vea mundo y no se anquilose en su rancia sevillanía', nos recomiendan con una displicencia que se parece mucho al desprecio los apologistas de ese particular concepto de la modernidad en base al cual se han justificado las últimas transformaciones perpetradas en una ciudad que lleva más de siglo y medio sufriéndolas. Esta vez fue la modernidad, como otras fue la higiene, el tráfico y, siempre, ese tren que casi nunca terminó de llegar a nuestra estación llamado progreso. Pues bien, de seguir ese consejo-insulto y viajar más allá de nuestras fronteras para 'ver mundo y curarnos la rancia sevillanía' es muy posible que, para sorpresa de muchos, nos acabáramos reafirmando en ella, pues lo que, en general, por esos mundos suele estilarse, y me refiero, lógicamente, a los mundos cultos y refinados, es preservar a toda costa el patrimonio, conservar lo que se tiene y, llegado el caso, reconstruir lo que se perdió. Si, incurriendo sin complejos en eso que la pedantería analfabeta llama pastiche. Pero más vale un pastiche que una porquería, de las cuales, por cierto, acumulamos ya unas cuantas en Sevilla. Me pregunto si todos aquellos que interpretaban como un rasgo pueblerino la norma no escrita que impedía construir en Sevilla edificios más altos que la Giralda dirían lo mismo de normas similares que hay establecidas en lugares como las Seychelles, Bahamas o Washington. O qué opinarían de que en Copenhague, Venecia o Florencia hubiera sido imposible erigir junto al casco histórico un rascacielos, aunque sea pequeño, de apenas 178 metros, como la Torre Pelli. De modo que al final de ese viaje seguramente llegaríamos a la conclusión de que tal vez quienes deberían haberlo hecho son precisamente aquellos que defienden y justifican cuantas tropelías se han venido haciendo en esta ciudad, acaso por no estar al tanto de por dónde van los discursos arquitectónicos del momento, anquilosada en una modernidad que hace mucho tiempo dejó de serlo; embarcada en un eterno viaje que lleva a ninguna parte.

Perder la fe

Confortablemente sentados en el acogedor salón de su casa, el arquitecto Luis Gómez-Estern nos habla de la deriva seguida por el Movimiento Moderno de la Arquitectura; una tendencia que en sus orígenes tuvo mucho de ideológico, propugnando la búsqueda de la belleza en lo sencillo; era casi una filosofía ascética. Como principio inspirador tenía la máxima (¿o habría que llamarla mínima?) de Mies Van der Rohe: 'Menos es más'. Nos llama la atención sobre el hecho de que todo aquello acabara evolucionando espectacularmente en dirección contraria, hasta terminar cursando en los sarpullidos de Calatrava, que ahora han venido a estallar. Acaso todo ha sido consecuencia de la decadencia que en los gustos suele provocar el dinero cuando abunda. «En Sevilla se ha buscado un icono, cuando ya teníamos uno perfecto», nos dice. El nuevo icono, la Torre Pelli ha acabado haciendo invisible al que ya estaba: la Giralda. Y para demostrarlo nos enseña una foto aérea, donde se comprueba la existencia de una franja de veinte metros, el ancho de la Pelli, que impide ver la Giralda desde cierta perspectiva del Aljarafe. Pero, si acaso, más grave resulta lo contrario, esa franja, igual de ancha pero mucho más larga, desde la que se ve la Giralda con el telón de fondo de lunas tintadas de la Pelli. En la siguiente foto nos muestra el devastador y irreversible efecto: el Giraldillo se hace invisible. No se ve, confundido entre los herrajes del rascacielos. «En Londres no habría podido ocurrir algo así. Allí hay normas que protegen la visión del palacio de Westminster desde cierto árbol de Green Park». Viendo cómo ante mis propios ojos desaparecía del remate de la Giralda la alegoría de la fe, me pregunto si no la he perdido yo también, si definitivamente esta ciudad ha perdido la batalla contra aquellos que quieren convertirla en todo lo contrario de lo que predican, un pastiche de pseudomodernidad revestido de folklorismo barato.

Asombro

A mantener la esperanza, y no digamos ya la fe, no ayudan demasiado intervenciones como la que recientemente hizo el delegado de Urbanismo, Maximiliano Vílchez, viniendo a sugerir que las sucesivas sentencias de los más altos tribunales certificando la ilegalidad del PGOU de Monteseirín son un problema para la ciudad y deslizando que, a consecuencia de ello, se está paralizando la concesión de licencias de obra. Afortunadamente, el alcalde Zoido ha rectificado esa postura ordenando, como no podía ser de otro modo, el acatamiento de las sentencias. De todos modos, cuesta salir del asombro que el ciudadano Vílchez nos causa.

 

 
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