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29

Ago

2014

UN JARDÍN MARCADO POR EL ABANDONO PDF Imprimir E-mail

DIARIO DE SEVILLA / 11/8/2014

FERNANDO PÉREZ ÁVILA

Diez de la mañana de un domingo de agosto. En la isla de la Cartuja aún no pica el sol. Por la avenida de los Descubrimientos pasan grupos de ciclistas que vienen ya de vuelta de un entrenamiento matutino por el Aljarafe. El carril bici es lo único que está medianamente limpio en una zona inundada de bolsas de plástico, botellas y residuos de la noche anterior. Una chica baila junto al único coche que queda aparcado frente a los muros del monasterio de la Cartuja. Baila y baila con una copa en la mano. Sus amigas siguen bebiendo sentadas en un poyete. Parece que lleven horas así, con algo más que unas copas en el cuerpo. 



Los muros del monasterio dan asco. La denuncia del Defensor del Ciudadano, José Barranca, ha caído en saco roto. Nadie le ha hecho caso desde que el año pasado avisara de la dejadez de la zona que fuera el núcleo central de la Expo 92. Enfrente, el Pabellón de la Naturaleza transmite la misma sensación de abandono. Abajo, hacia el río, el Jardín Americano forma parte de la misma estampa. Bolsas de plástico, paquetes de tabaco, botellas de cristal y vasos rotos se acumulan en el suelo. Conforme se va bajando la pasarela la sensación es de mayor dejadez. Junto al río, cuatro personas aprovechan las primeras horas del día para pescar. A unos metros, una indigente duerme, con medio cuerpo tapado por una manta, en uno de los pilares de la pasarela. Las paredes están llenas de pintadas. Los mosaicos conservan sus teselas, pero no se libran de los graffitis. Nadie pasea con niños por aquí y sólo pasan ciclistas y atletas. Los primeros aprovechan el tramo de carril bici y que la pasarela tiene una cierta pendiente para entrenarse. Los segundos corren por una zona apartada y que conserva la sombra que ya no hay arriba. Nadie más pasa por un lugar que estaba llamado a ser un parque más, una zona de ocio en la que disfrutar de unas vistas maravillosas del río. 

En otro extremo del jardín, una puerta debería impedir el paso hacia un túnel. Pero la puerta es poco más que una valla abierta que nadie se encarga de cerrar. Entre las hierbas que la flanquean hay todo tipo de residuos, papeles, cigarrillos, paquetes de patatas, bolsas de basura. Cualquier persona puede acceder al túnel. Lo que se encuentra allí parece la entrada a un submundo. Recuerda al túnel de La Naranja Mecánica, aunque no hay nadie. Al menos hoy, porque sí que se aprecian restos de fuego y leña quemada junto a las paredes, señal de que ha debido ser refugio para mendigos en invierno. 

El Jardín Americano ha sido este fin de semana objeto de la pelea política. El portavoz del PSOE, Juan Espadas, visitó el recinto el sábado y denunció el evidente estado de abandono que padece toda la zona. Dijo que el alcalde, Juan Ignacio Zoido, no debería sacar pecho con los parques cuando tiene este recinto así. Los parques y jardines pueden ser uno de los caballos de batalla de la próxima campaña electoral, como lo va a ser -lo está siendo ya- la ampliación de la zona azul. Zoido presume de parques y anuncia mejoras en el de María Luisa para conmemorar su centenario. Pero tampoco ha logrado hacer aquel proyecto deCentral Park sevillano que pasaba por unir el Parque de María Luisa y los jardines de La Madrina. El alcalde sabe que mantenerlos limpios y en buen estado de conservación es una de las principales claves de su micropolítica, porque son miles de ciudadanos los que disfrutan de ellos cada fin de semana. 

A la denuncia de Espadas respondió el delegado de Urbanismo, Medio Ambiente y Parques y Jardines, Maximiliano Vílchez, quien dijo que el portavoz del PSOE no había "podido decir más mentiras". Según Vílchez, la recuperación del Jardín Americano costó nueve millones de euros y no dos como dijo Espadas, y que el PSOE "dejó sin pagar esta cantidad y ha tenido que hacerlo el PP en este mandato". Vílchez aseguró que el Jardín Americano está muy afectado por actos vandálicos y el Ayuntamiento invierte más de 30.000 euros en la reparación de los elementos. A juzgar por el estado del recinto, no parece que sea una cantidad suficiente.

 
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