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Oct

2014

URBANISMO DE CHISTERA PDF Imprimir E-mail

ABC SEVILLA / 5/10/2014

CONTRARIAMENTE a lo que pudiera deducirse del título, la política urbanística de Sevilla —en teoría, responsabilidad del Ayuntamiento— no tiene nada de caballeresca. Esa chistera a la que se alude en esta página poco tiene que ver con los modales exquisitos y las formas impecables con que se manejaban los ministros de Alfonso XIII y todavía hoy lo siguen haciendo los miembros del Ejecutivo japonés en algunas ceremonias oficiales con el emperador. La chistera, ese sombrero de copa alta, no es sinónimo de encopetado sino el instrumento con el que el prestidigitador ejecuta sus números de ilusionismo, para entendernos.


Esta semana hemos t enido abundantes ejemplos de este urbanismo abracadabrante para impresionar al respetable, que absorto en la contemplación del resultado, es incapaz de caer en la cuenta de que todo se trata de un truco, un juego de manos en el que las autoridades tienen mucha práctica y resulta casi imposible descubrirles el doble fondo con el que juegan con Sevilla.
Sobre el papel, el Ayuntamiento debería ser el sitio donde se discutieran los proyectos y se ventilaran los asuntos relativos a la configuración de la ciudad. Supuestamente, porque la realidad es que la Junta de Andalucía se saca de la manga una plataforma de 3,5 metros para que circulen por ella ciclistas y peatones junto a la zapata de la calle Betis sin que los propios responsables de Urbanismo estuvieran mínimamente advertidos de la propuesta, que se desayunaron en compañía de loa Prensa.
Y al día siguiente, gracias a la brillante información en ABC de María Jesús Pereira, los sevillanos se enteraron de que la Autoridad Portuaria está dispuesta a dar los permisos necesarios para instalar una noria panorámica en el muelle detrás del Acuario como hace unos meses se quedaron también anonadados cuando supieron de la intención de levantar un complejo de ocio para albergar grandes espectáculos en la orilla de Poniente de la dársena. ¿Cuándo se había debatido eso en el pleno?, ¿quién había oído hablar de tal proyecto?
Ahora lo ves, ya no lo ves. Los permisos, las cautelas y las prevenciones para cualquier actuación en la ciudad –desde colocar un rótulo luminoso en según qué calles– desaparecen como por arte de magia con otros grandes proyectos cuya instalación se hurta al debate ciudadano por la vía del golpe de imagen. Se sacan de la chistera una noria y no hay impacto visual ni afección al casco histórico ni Cristo que lo fundó que valgan. Otro tanto pasó con el rascacielos de la isla de la Cartuja convenientemente aparecido en los compases finales de la tramitación del PGOU como el conejo que el mago saca de la chistera para dejar boquiabierto al público.
Por lo que llevamos visto en esta función, el truco es reversible y puede escamotearse a la contemplación de todos algo tan grande como un puente por la sencilla fórmula de hacerlo pasar por la chistera de la Comisión Provincial de Patrimonio: voilá, ya no hay paso entre la calle Torneo y la Cartuja.

La teoría del hecho exógeno que bendijo un urbanismo a la carta de la organizadora de la Exposición Universal en la isla de la Cartuja va confirmándose con estas actuaciones que, de facto, suponen la expropiación de las competencias urbanísticas al Ayuntamiento de Sevilla. Con un barrio entero sustraído al control efectivo de la ciudad como es el Polígono Sur, el Puerto y la Junta de Andalucía actúan con un descaro en la ordenación del territorio de Sevilla inaudito en cualquier otra ciudad andaluza. Quizá ha llegado la hora de que el alcalde de los sevillanos dé un golpe en la mesa y denuncie lo que está pasando si no quiere ser cómplice de este urbanismo de chistera tan falso como los trucos de ilusionista con que nos distraen.

 
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