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14

Ene

2015

LA CATEDRAL DA LA CARA ALMOHADE PDF Imprimir E-mail

ABC SEVILLA / 14/1/2015

AURORA FLÓRES

La de la fachada norte de la Catedral es la restauración más «más complicada y bonita» de las que el maestro mayor Alfonso Jiménez ha emprendido en la Seo Metropolitana, de la que se despide después de 36 años en un puesto que le ha permitido conocer cada uno de los entresijos de la Montaña Hueca y de su alminar cristianizado.

 

Fachada norte de la Catedral, con la Puerta del Perdón y las jambas originales de la mezquita
En esta obra, con la que se completa la intervención en el 50 por ciento del perímetro catedralicio, desde el magnolio del « Ocnos » de Cernuda hasta Placentines, Alfonso Jiménez ha echado los restos para dejar que el mayor templo gótico de la cristiandad muestre su cara almohade. Los vestigios que quedan de lo que fue en el siglo XII, el color blanco roto, marfileño —como la fina capa de cal que tuvo sobre el ladrillo—, que hoy sorprende y que dota a la fachada de un esplendor desconocido en su contraste con el almagre de añadidos a su tiempo moro.
Ahí está el principio de los ocho siglos que acumula el espacio, documentados, interpretados y rescatados por el maestro mayor, que ayer explicó, acompañado del deán de la Catedral, Teodoro León; del delegado de Patrimonio, Francisco Ortiz; y de las dos personas que lo han acompañado en esta aventura de recuperar otro capítulo de la historia de la Seo, los profesores Restauración y Seguridad y Salud de la Escuela Técnica Superior de Ingeniería de Edificación, Juan Luis Barón Cano, y Rosa Domínguez Caballero, respectivamente. Desde mayo de 2012 hasta el 31 de diciembre de 2014, con un presupuesto de 1,8 millones de euros, procedentes íntegramente de la visita cultural de la Catedral, ha durado la obra de la fachada que da a la calle Alemanes, desde el término de la iglesia del Sagrario hasta la esquina que da a Placentines. En total, se han tratado 1.300 metros cuadrados de fachada plana, que son 2.000 metros cuadrados contando con los paramentos,
El muro original, de tapial, mezclado con ladrillo, está en esta fachada y tras estos trabajos puede comprobarse en su primer tramo, donde se han dejado testigos que hablan de los anales constructivos y estéticos de la Seo.
Cemento y pintura
Hasta el momento de la intervención estaba cubierta por una gruesa capa de cemento y pintura amarillenta, deteriorada por la humedad y el paso de los años, que escondió su belleza durante décadas. Hubo una renovación y picado de paramentos de mortero de cal y calamocha a fines del XIX, que a su vez sustituían tratamientos de 1793, de los que han encontrado restos, que también pueden observarse en las muestras de ocre rojizo con junturas blancas, una obra que no se concluyó —dijo Jiménez— al decidir el Cabildo Catedral paralizarla ante los «graves hechos» que ocurrían en Francia, que acabaron con Luis XVI guillotinado. En este tramo, un compendio de lo descubierto, se ha mantenido todo lo hallado, «siguiendo un criterio arqueológico», explicó Alfonso Jiménez.
Alzando la vista pueden verse los
únicos tres merlones de gradas originales de la mezquita, que se han protegido con lámina fija de aluminio «para que aguanten el mayor tiempo posible». El resto de merlones escalonados que coronan la fachada y dan al Patio de los Naranjos son del siglo XX.
Precisamente, la magnífica entrada al que fuera patio de abluciones de la mezquita, la Puerta del Perdón, conserva otro de los elementos genuinamente almohades, las enormes jambas de bronce en las que se repite una aleya del Corán en alabanza a Alá. En estos trabajos se ha descubierto que estuvieron pintadas de rojo bermellón y negro en época musulmana.
Junto a la Puerta del Perdón hay que fijar la vista en el llamado «Cuarto del Cura» del Sagrario de la Catedral, con una ventana con aldabón y una lápida que recoge su función: «Aquí se avisa para la administración de los Santos Sacramentos a deshoras de la noche», cuyas letras huecas estuvieron pintadas de rojo. Cuentan las crónicas del XIX que en 1838 a un joven que acudió a requerir los servicios de la extremaunción para su padre murió al caerle una moldura.
Los altares a la calle
Siguiendo hacia Placentines, otra sorpresa cromática que resalta y que corresponde a la que fue la primera iglesia del Sagrario, donde estuvo enterrado San Fernando. Tiene dos altares, que se han protegido con cristales blindados. Arriba se halla la Inmaculada de los Gorreros, realizada por Herrera «El Viejo» por encargo del gremio. Tuvo un tejaroz —ahora imitado—, del que se han hallado maderas, cuyos restos pueden verse, igual que vestigios de pinturas murales. El tejaroz fue destruido por un arco posterior que se conserva. En la entrada a la Institución Colombina, que fue cubículo para el estandarte de la Virgen de la Antigua, hay que intentar ver un Cristo, pintado en 1563 por el sevillano Luis de Vargas, con la cruz a cuesta al revés. Se le conoce como de los «Ajusticiados», pues por delante de él pasaban los reos hacia la plaza de San Francisco.

Por último, al final de la fachada se ha dejado una resbaladera original. Y también los escalones que hizo Félix González en el siglo XX —que también cambió los chinos del patio de los Naranjos—, en su «obsesión por hacer parecer la Catedral a la mezquita de Córdoba», apuntó Jiménez, a quien le quedan por desentrañar los enigmas del zócalo que recorre la fachada, el sentido de huecos a modo de ventanas cegadas, el par de huecos que podrían haber sido pasadizos sobre la Colombina y viguetas de hierro sin marcas hallada encima del arco falso de la Virgen de los Gorreros.

 
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