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Mar

03

Feb

2015

BAUTIZO DE LA PELLI PDF Imprimir E-mail

ABC  SEVILLA / 3/2/2015

 

ANTONIO BURGOS

 

Dicen los que saben de esto (yo, ni papa) que entre las muchas cosas buenas que nos trajo la Constitución de 1978 con la que ahora quieren hacer tabla rasa es que hizo desaparecer de un plumazo en España los que antes de la Carta Magna y de nuestro régimen de libertades eran llamados «los poderes fácticos». Unos señores o grupos de ellos constituidos en lo que los americanos llaman «lobby», que no habían pasado por las urnas, que no los había elegido nadie, pero que mandaban tela y nos ordenaban nuestras vidas. Así, se decía que eran un poder fáctico los militares, y cuando la cosa

estaba con ellos chungaleta los cronistas políticos escribían aquello tan bonito: «Hay ruido de sables en los cuartos de banderas». Se decía también que era un poder fáctico la Iglesia, los curas, en cuyo caso de mosqueo contra los gobernantes los cronistas políticos cambiaban lo del ruido de sables por «un frufrú de sotanas», que les quedaba bien lindo, que diría la señorita sudamericana que nos da la siesta ofreciéndonos que nos pasemos de bando a otra compañía telefónica. Y aseguran que también era un poder fáctico la Banca, sobre todo cuando no se había producido la concentración actual, en la que lo que no es BBVA es Santander, cuando en el dinero mandaban los llamados Siete Grandes, ya todos absorbidos por esos dos mentados, excepto el Popular, que va por libre y borró del mapa algo tan nuestro como era ver en la esquina de La Campana con El Duque aquel letrero que decía: «Banco de Andalucía».

Ya no hay bancos de Andalucía. Todos son de Despeñaperros para arriba. El que no es de las Vascongadas, es de la Montaña, como los dependientes jándalos de las tabernas o las boinas del escaparate de Maquedano, el Modelo Trifón o el Modelo Pachi de la Banca que le llaman. Y quitando a Unicaja y a ese insólito «ninot indultat» de la reforma bancaria que es Braulio Medel, hasta las antes llamadas «cajas andaluzas» han quedado en manos catalanas. Igual que la Feria la fundaron un vasco y un catalán, gran parte de la economía sevillana está en manos de un vasco, el BBVA, y una catalana, La Caixa, o como se llame ahora, no sé qué de Bank (en inglés, claro, para no usar la hermosa lengua española... )

Y a ese poder fáctico voy. Los 34 años de gobierno socialista en la Junta de Andalucía no han servido para nada a efectos de los dineros de la región: no hay bancos andaluces ni cajas andaluzas. La autonomía administrada por los socialistas ha servido para que no tengamos la menor autonomía bancaria andaluza. El PSOE quiso hacer una gran caja, para dominarla y colocar allí a medio partido, y le salió el tiro por la culata. La gran caja es la catalana que todo lo domina, como un nuevo poder fáctico. ¿No quedamos en que con la Constitución habían desaparecido los poderes fácticos? A la vista está que no. En Sevilla hay un poder que, de hecho, manda más que el Ayuntamiento, que la Junta, que la Diputación y que el Consejo de Cofradías: La Caixa. Que como tiene tanto dinero y reparte tanto, y con él compra tantas voluntades y calla tantas bocas (la mía, desde luego, no), pues en muchos aspectos manda más que Zoido. Se le metió en la cabeza terminar la barbaridad de la Torre Pelli que heredó de su toma de Cajasol y no sólo la terminó, sino que de hecho mandó al alcalde a San Petersburgo a por tabaco, para que se la defendiera. Lo que haga falta, y que no le «farte de ná» a La Caixa.

 
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