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04

Feb

2015

LA RAZÓN DE LA SINRAZON PDF Imprimir E-mail

VIVA SEVILLA / 30/1/2015

RAFAEL CÓMES

Y dijo Don Quijote: “La razón de la sinrazón que a mi razón se hace en tal punto mi razón ennoblece que con razón me quejo de vuestra fermosura”. Poco tiempo ha tardado nuestra pregunta en tener una rápida respuesta. Cerca de doscientos mil euros serán gastados para enterrar  la excavación arqueológica del Patio de Banderas a la espera de que pueda ser desenterrada para construir la proyectada cripta.

 

A esto le llaman tareas de “cubrición provisional” del gran yacimiento arqueológico. Según el Diccionario de la Real Academia la definición de cubrición es: “Acción y efecto de cubrir el macho a la hembra”. Término usado con frecuencia por arquitectos y arqueólogos en las últimas décadas. Claro es que esa acción y ese efecto serán provisionales. Provisionalidad ante todo.


Desenterrar para luego enterrar lo que hemos de desenterrar en un futuro próximo puede ser un nuevo deporte municipal poco costoso. Al fin y al cabo el dinero es de todos como ya dijo alguien en buena ocasión. Ese dinero que va a parar a la nueva tesorería de Hacienda del Excelentísimo Ayuntamiento en la antigua sede de la Fundación Lara, que afortunadamente no se ha convertido en “hotel con encanto” como se decía: la casa natal del Cardenal Wiseman en la calle Fabiola.


Para hoteles con encanto tenemos suficiente con el horror marmóreo del “Palacio Pinello. Hotel boutique 4*”, sito en calle Segovias a la espalda de la Casa de los Pinelo, sede de las Academias, y de donde debe haber tomado el estrafalario nombre aprovechando prestigio. En la ceremonia de la confusión todo vale en función del mayor provecho. A unos cien pasos más abajo, en la esquina de Argote de Molina con Francos, se ha abierto un nuevo negocio, la taberna “La Subasta”.


Sevilla subastada, la novia vendida al turismo que ahora puede ser visitada con mayor rapidez gracias al “segway” que va a desbancar a la bicicleta con peligro de los vecinos en las calles estrechas del barrio de Santa Cruz, donde la calle Santa Teresa aparece cada vez más cerrada por veladores o tiendas de souvenirs con expositores al exterior que parecen esperar a los peregrinos que vengan al convento fundado por la santa mística, doctora universal de la Iglesia, en la actual celebración.


Sevilla, entregada siempre al invasor ,se entrega ahora con placer a las productoras de cine pero no repara en los viejos comercios de la Plaza del Salvador y Entrecárceles que imprimen carácter a la rica variedad del centro urbano y pronto desaparecerán como la histórica farmacia de Murillo Herrera ante la desidia de todos.


Una sociedad civil sorda y muda se convierte muy pronto en un pueblo adormecido, una educación asfixiada y una cultura apuñalada. Qué más podemos pedir. Sí, hay más. El cementerio de San Fernando se convirtió  en escenario de las representaciones de “Don Juan Tenorio. Amor y Muerte en el cementerio” los días 1, 2, 7 y 8 de noviembre pasados dentro de la actividad “Don Juan en las calles”, con el beneplácito del área de cultura de nuestro Ayuntamiento.


Antes se representaba el Tenorio en los teatros; ahora en las calles que, al parecer, han invadido el camposanto, antaño terreno sagrado donde no tenían cabida ni los suicidas. Ya no se respetan ni los muertos. Sevilla es la Dulcinea vendida; su fermosura se ha convertido en su sinrazón.

 
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