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25

Feb

2015

ÉCIJA ALUMBRA A LA POMPEYA ANDALUZA PDF Imprimir E-mail

ABC SEVILLA / 16/2/2015

ÁNGELA LORA

Hasta hace poco más de una década el barrio de El Picadero de Écija, encaramado en el punto más alto del municipio, era apenas una zona marginal que vivía de espaldas a la ciudad. Nadie imaginaba que bajo las infraviviendas que dominaban el paisaje latían los más espectaculares vestigios del esplendor pasado de la Astigi romana,dignos de la célebre Pompeya italiana.

Desde que comenzó en 1999 la excavación del parque arqueológico de laPlaza de Armas de Écija, son numerosos los valiosos testimonios de la historia de la ciudad que han ido aflorando: un posible santuario del siglo V a.C. turdetano, un mosaico con un curioso efecto óptico, un palacio mudéjar o un castillo de finales del siglo XI.

Sin embargo, estos hallazgos se han visto rebasados con la aparición en la zona noroeste del yacimiento de los restos de un «imponente» edificio romano con muros de hasta 2,5 metros de altura y un «excepcional» grado de conservación, el cual «ha superado todas las expectativas», indica con entusiasmo el arqueólogo municipal, Sergio García-Dils.

Según explica el arqueólogo, a la estructura hallada se le calculan de forma inicial unos 2.000 años de antigüedad, por lo que el edificio se inscribe dentro de la cronología romana, una de las épocas más florecientes del municipio: cuando Écija era la Colonia Augusta Firma, la cabeza del convento jurídico astigitano.

Ello explicaría, tal y como apunta García-Dils, las «espectaculares» dimensiones de la estructura, que podría alcanzar hasta los 200 metros cuadrados. Pero no sólo es asombroso este hallazgo por su tamaño, sino también por su «extraordinario estado de preservación», con estucos «de gran calidad en su terminación y pigmentos muy pulidos»que han resistido «prácticamente intactos» milenios de existencia, en palabras de María Jesús Zayas y Aurélien Lortet, los responsables de restauración.

Este hallazgo podría también desvelar el enigma que representa la escalera de subida al barrio de San Gil, la única que hay en el centro de la ciudad, un «extraño fenómeno urbano difícil de explicar si no responde a la fosilización de un acceso previo a un edificio monumental como el que había aquí», afirma Sergio García-Dils. «Es decir, esta escalera tan sorprendente, en una ciudad que tampoco tiene mucho relieve, se explica solamente si pensamos que era el acceso a este edificio», argumenta.

 
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