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13

Mar

2015

LOS PIRINEOS LLEGABAN A TORNEO PDF Imprimir E-mail
Convento S. Laureano



Antes de que el coronel Gil de Bernabé llegara con su esposa, Petra Ramos, sus seis hijos, uno de pecho, otro enfermo de sarampión, y dos amas, este edificio había sido muchas cosas. Entre 1526 y 1539 será el palacio renacentista de Hernando Colón, el hijo del Almirante, que instala allí su Biblioteca Colombina. Lo donará a un sobrino. El palacio es destruido por las inundaciones de principios del siglo XVII. Banqueros genoveses se interesaron por él. Aquí se funda la capilla del Santo Entierro. Un monje mercedario, Fray Francisco de Beaumont, establece en 1601 un convento de la orden de la Merced y elige la advocación de San Laureano que desde hace más de cuatro siglos está unida al entorno. Será colegio y convento. 

El coronel Gil de Bernabé, aragonés de Daroca (Teruel), tuvo en su esposa una réplica sureña de Agustina de Aragón. Una heroína cuya vida y hazañas ha novelado el coronel Guillermo Frontela (Medina del Campo, 1945), director hasta su jubilación del Centro de Historia y Cultura Militar y estudioso de la azarosa vida castrense que vivió este edificio en unos momentos decisivos en la historia del país. 

El Colegio de Artillería tenía su sede en Segovia. Desde que la ocuparon los franceses, Gil de Bernabé hizo intentos fallidos de llevarse este centro de formación de oficiales a Madrid, Salamanca y La Coruña. En todos se encontró con el aliento gabacho, por usar el epíteto de la novela de Núñez Roldán. En Lisboa, con su familia y tropa, coge un barco hasta Huelva. Exhaustos, después de sufrir hambre y fatiga en la huida, llegan a Sevilla. Territorio propicio tras la batalla de Bailén. 

Llegan en marzo de 1809 y el día de los Inocentes del mismo año ya están los franceses en las puertas de Sevilla. Menos de un año de estancia. Poco tiempo, pero intensísimo. En ese periodo, el Colegio de Artillería promociona a catorce oficiales; el coronel crea, con el batallón de Honor de estudiantes de Toledo la Academia de Infantería de la que saldrán otros veinte oficiales. Este patio es la cuna de la milicia universitaria, con un prestigio unido a la fábrica de cañones de bronce de San Bernardo y la mejor Maestranza de Artillería de España. 

Al coronel le encomendaron la defensa de Triana y después la escolta de los caudales públicos de la Junta Central, que también se había establecido en Andalucía. Gil de Bernabé disuelve en Ayamonte el Colegio de Artillería y vuelve a establecerlo en la Isla de León, la futura San Fernando. 

Petra Ramos, la esposa del coronel, permaneció en Sevilla. Fue acogida en la Casa de Niños Expósitos, donde nació su octavo hijo. Con el tiempo, dos de ellos, Dionisio y José, llegarían a coroneles. El Colegio de artilleros pasó después por Cádiz, Mahón, en la isla de Menorca, Mallorca y regresó a Segovia. Petra enviudó del militar que llegó en 1809 al que fuera palacio del hijo culto y bibliófilo de Cristóbal Colón. 

Después de aquel episodio, el patio de San Laureano siguió teniendo otras muchas utilidades. Entre la puerta de Goles por la que entró Fernando III en la ciudad y el antiguo muro de Torneo demolido para abrir la ciudad a la Cartuja y liberar el río del nudo ferroviario. Rafael Valero (Sevilla, 1945) ocupa uno de los 40 apartamentos, 16 bajos, 24 duplex, en que quedó subdividido el inmueble con el proyecto del arquitecto Francisco Barrionuevo, que acaba de publicar un excelente libro de poesía. 

El patio de San Laureano perteneció a la familia de Valero. Su última propietaria fue su madre, Carmen Fernández de Córdoba, que en 2002 procedió a la venta de un espacio que formó parte de la movida sevillana de los años ochenta. Antes, entre 1966 y 1972, allí estuvo el Club Yeyé creado por Rufino González y animado por Jesús Quintero por el que pasaron algunos de los mejores grupos y cantantes del panorama musical español. 

La planta baja estuvo llena de talleres artesanos y bares alternativos. En el verano de 1982 se vivió una fiesta ecléctica inolvidable a la que se sumaron muchos de los aficionados que presenciaron en el campo del Betis el Brasil-Escocia del Mundial de España. Música de samba mezclada con gaitas escocesas en este lugar que ha sido palacio, convento, colegio, capilla, cuartel, caballerizas y club yeyé. 

Vecinos y autoridades están invitados mañana a celebrar un nuevo aniversario de una página gloriosa de la historia del país y de la ciudad. Homenaje a unos héroes itinerantes y a un coronel que sí tiene quien le escriba.

 
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