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Abr

2015

EL SEGUNDO MUSEO DE SEVILLA PDF Imprimir E-mail

EL MUNDO / 24/1/2015

FRANCISCO JAVIER RECIO

La primera Inmaculada que pintó Murillo. Media docena de obras de Zurbarán. Los cuadros de la escuela holandesa que pudieron inspirar a un jovencísimo Velázquez para pintar Las Meninas o La fragua de Vulcano. Decenas de cuadros de Juan de Espinal o la galería de retratos de los obispos de la diócesis de Sevilla. El Palacio Arzobispal de Sevilla es el teórico segundo museo de la ciudad. Teórico porque, para serlo realmente, falta abrirlo al público.

 

Esa posibilidad ha pasado por la mente del arzobispo de Sevilla, Juan José Asenjo, cuya preocupación por la conservacvión del patrimonio artístico viene de lejos. Le frena el gasto que conllevaría -sistemas de seguridad, aumento de personal especializado, adecuación del edificio...- y el temor a que cobrar una entrada para hacer frente a esos costes fuera objeto de polémica contra la diócesis.

Asenjo no resiste, sin embargo, a la tentación de enseñar su casa, «el mejor palacio arzobispal de España», en su opinión, construido a partir de 1606 por orden del arzobispo Fernando Niño de Guevara. Convertido en guía cultural, el arzobispo de Sevilla mostró ayer a un reducido grupo de personas los salones y estancias menos conocidos del edificio, deteniéndose en las obras más destacables.

Entre ellas está, desde luego, la Aparición de la Inmaculada a fray Juan de Quirós, de Murillo, la primera que pintó el artista sevillano y que fue su modelo para el resto de su vida. La pintó para el retablo de la hermandad de la Vera Cruz y ahora cuelga de una pared del llamado Despacho de Invierno. Le acompaña una obra de Zurbarán, Cristo atado a la columna con San Pedro, una de las mejores obras del pintor extremeño, a juicio del arzobispo.

En la antesala de ese despacho hay otro Zurbarán, un retrato de Maese Rodrigo de Santaella, fundador de la Universidad de Sevilla. «La Universidad tiene una copia de ese cuadro. El rector me ha dicho que se lo cambie..., y yo le he dicho que no estoy dispuesto», asegura con sorna Asenjo.

El denominado Salón de los Cuadros tiene la apariencia de un gran salón de baile de época romántica. La apreciación no es arbitraria. Esta estancia alargada albergó las fiestas y recepciones del Mariscal Soult durante la ocupación francesa. Hasta hace poco tiempo, el salón presentaba deficiencias de mantenimiento. La principal, la red eléctrica, de hace décadas. Un acuerdo entre la Fundación Sevillana Endesa y el Arzobispado, con un desembolso próximo a los 250.000 euros, ha permitido renovar la instalación e instalar nuevas lámparas led, con un considerable ahorro de energía.

Las joyas
Murillo. 'Aparición de la Inmaculada a fray Juan de Quirós'. 'La Virgen entregando en rosario a Santo Domingo'.
Herrera 'El viejo'. 'Inmaculada con monjas franciscanas'.
Zurbarán. 'Retrato de maese Rodrigo', 'San Pedro ante Cristo atado a la columna'.
Juan de Espinal. 'El padre eterno', 'Cristo crucificado', 'San Juan Evangelista', 'María Magdalena', 'Dolorosa', 'San Leandro', 'San Isidoro' y otros muchos.
Mattia Preti. 'Job en el muladar' y 'La degollación del Bautista'.
Otros. 'Inmaculada Concepción' de Francisco de Pacheco. Apostolado completo de Sebastián de Llanos Valdés. Cuadros de escenas de la Virgen de Matías de Arteaga. Cinco obras de la escuela holandesa.
La nueva luz del salón permite contemplar mejor los 32 paneles del techo, que presentan pinturas de autor anónimo en torno al origen divino de la Iglesia, y las joyas que cuelgan de sus paredes: la Virgen del Rosario con Santo Domingo de Guzmán, de Murillo; Santo Domingo de Guzmán y San Pedro Mártir, de Zurbarán; un apostolado de Sebastián de Llanos Valdés; la serie de cuadros dedicados a la Pasión del Señor de Juan de Espinal; y otros dos zurbaranes, un San Bruno y un San Francisco.

El museo escondido que es el Arzobispado guarda también una galería de retratos de obispos de la diócesis. Los más recientes -los de Bueno Monreal, Amigo Vallejo y el propio Asenjo, pintado por Arístides Artal- están aún en el denominado Salón del Trono.

Las estancias reservadas al nuncio, sin uso, contienen una capilla con yeserías de factura similar a las de Santa María la Blanca. Existe otra capilla de mayores dimensiones, presidida por una imagen de la Inmaculada del portugués Cayetano de Acosta (siglo XVIII). Fue un encargo de la hermandad del Sagrario, pero la talla no gustó. Demasiado pesada para sacarla en procesión. El arzobispo Delgado y Venegas, que nació en Villanueva del Ariscal y fue obispo de Sigüenza, localidad natal de Asenjo, se la compró a la hermandad.

 
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