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29

Abr

2015

ZIODO SE RESISTE A PAGAR LAS "NEFASTAS CONSECUENCIAS" DEL PLAN DE LAS SETAS PDF Imprimir E-mail

ABC SEVILLA / 28/4/2015

ALBERTO GARCÍA REYES

El Gobierno de Juan Ignacio Zoido no se conforma. Recurrirá la sentencia del juzgado de lo contencioso administrativo que condena al Ayuntamiento a indemnizar a Sacyr con 36 millones de euros y a quedarse con la gestión de las Setas de la Encarnación. Pero, además, estudia medidas contra Alfredo Sánchez Monteseirín por la resolución de Alcaldía que firmó sólo nueve días antes de irse en la que daba carta blanca a la constructora para cambiar el plan de explotación del Metropol Parasol. Zoido lo confirmó ayer de manera muy nítida: «No comparto que el Ayuntamiento tenga que hacer frente a las consecuencias nefastas de un escrito de última hora que Monteseirín firmó por cuestiones electoralistas». El exregidor socialista había inaugurado las Setas el 27 de marzo y el PP considera que a cambio de que la constructora tuviera su «gran obra faraónica» lista para el periodo preelectoral, Monteseirín puso las arcas municipales a merced de la empresa concesionaria.


El documento, reproducido ayer por este periódico, modificaba el acuerdo inicial de cesión del edificio «Encarnación 24», un inmueble tasado en 32 millones de euros que el Ayuntamiento cedió a Sacyr para su explotación en concepto de pago por las obras y que posteriormente realquiló. La empresa tenía previsto ingresar por este inmueble 21.000 euros mensuales. El exalcalde socialista se lo arrendó nueve días antes de marcharse por 60.000 al mes. Además, teniendo en cuenta que «la complejidad arquitectónica de esta obra ha originado retrasos en su ejecución que han provocado un incremento de las dificultades y molestias que toda obra genera», Monteseirín creyó conveniente, según refleja en dicha resolución de manera textual, «que los mismos ciudadanos que han soportado estas molestias, ahora, tras su inauguración, también resulten recompensados de algún modo». Para ello, solicitó a Sacyr que cifrara cuánto dejaría de ingresar si dejara entrar gratis a los empadronados en Sevilla y la constructora modificó de manera unilateral el Plan de Explotación del Metropol Parasol obligando al Ayuntamiento a pagar 455.000 euros al año por esta medida.
La resolución, como ya avanzó este periódico, ni siquiera pasó por la Junta de Gobierno. Fue una decisión exclusiva de Monteseirín, que aceptó que la empresa cifrara el nuevo acuerdo. Estas son, de hecho, las dos principales reivindicaciones de Sacyr en su escrito ante los tribunales, que ahora le han dado la razón. Pero todo el acuerdo previo con el gobierno del PSOE e IU también le permitía afrontar este negocio en una situación permanente de fortaleza frente a los intereses municipales, es decir, frente a los intereses generales de los sevillanos. Porque Monteseirín lo aceptó todo.
Basta con hacer una explicación cronológica para entender esta sentencia de forma clara. La construcción del Metropol Parasol de la Encarnación se adjudicó en 2005 a la empresa Sacyr por un coste total de 51,2 millones de euros, de los que la constructora abonaría 25,7 a cambio de obtener después la gestión del inmueble durante 40 años. En aquella época también se acordó el Plan de Explotación, cuya previsión cifraba en 90 millones el beneficio de Sacyr durante todo el período de la concesión. Más claro: la promotora pagaba la mitad de la obra, 26 millones, y el Ayuntamiento le permitía ganar 90 en 40 años. Pero luego llegaron los modificados. El arquitecto alemán que había diseñado el proyecto, Jurgen Mayer, cuyos emolumentos fueron de cinco millones, no hizo un plan de ejecución y los ingenieros concluyeron en 2009 que la obra, ya comenzada, era imposible de realizar. Eso obligó al Ayuntamiento a cambiar el proyecto dos veces. El coste final se duplicó. Las Setas costaron 102 millones, de los que Sacyr sólo había puesto los 26 iniciales y el resto recayeron sobre el erario, incluyendo el dinero de los convenios urbanísticos aportado por las empresas que se iban a instalar en Palmas Altas o el Higuerón para que el Ayuntamiento construyera las infraestructuras. Además, Sacyr se encargó de terminar la obra con todos sus modificados sin que estos salieran a concurso. En teoría, esta nueva situación obligaba a Monteseirín a cambiar el Plan de Explotación para compensar ese desequilibrio a favor del Ayuntamiento. Pero no sólo no hizo esto, sino que en la citada resolución justo antes de perder la Alcaldía mejoró las condiciones para Sacyr.
La cláusula polémica

En el acuerdo, además, se incluía una cláusula que permitía a la empresa devolver la gestión al Ayuntamiento y reclamarle el lucro cesante en caso de no cumplirse las expectativas. Que, evidentemente, no se cumplieron porque los números se echaron en tiempos de bonanza y la crisis se encargó de hacerlos añicos. Es decir, Monteseirín atendió todas las exigencias de la concesionaria para lograr beneficios como si los costes se su emblema arquitectónicco se hubieran pagado a medias. Zoido se ha resistido a cumplir este acuerdo desde el principio y ha tratado de negociar con Sacyr, pero la empresa, en defensa de sus intereses, se fue a los tribunales. El Ayuntamiento recurrirá con la convicción de que en las instancias superiores se le dará la razón a tenor de cómo se modificó el convenio inicial. Pero si no lo consigue, pedirá responsabilidades a Monteseirín, que fue quien firmó aquel «escrito electoralista de última hora».

 
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