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29

Abr

2015

SETAS SILENCIOSAS PDF Imprimir E-mail

ABC SEVILLA / 29/4/2015

FRANCISCO ROBLES

Entre las virtudes que atesoran las setas venenosas de la Encarnación está el silencio. Aunque parezca extraño, las Setas son silenciosas. Jurgen Mayer se llevó cinco millones de euros por un proyecto que no podía levantarse del suelo... y nadie dijo nada. Cuando hablamos de nadie queremos señalar a esa Sevilla que va de progre y de modernita por la vida, que despotrica de la Sevilla eterna, de la Sevilla rancia, de la Sevilla anticuada y anclada en el pasado. Ninguno de esos tipos tan comprometidos con el progreso de la ciudad dijo nada cuando se privatizó la plaza, cuando se entregó aquel enclave público a una constructora para que ganara dinero con su explotación.
Setas silenciosas como el silencio cómplice de aquella Sevilla que le pasaba la mano por el lomo al alcalde que traicionó a la ciudad antes de dejar su cargo. El verbo es duro. Y el sustantivo, también: traición. Dejar abandonada a la ciudad antes de salir corriendo del Ayuntamiento, con la sombra de la corrupción pisándole los talones y los cheques en blanco, es algo propio de un t i po que nunca mereció ostentar ese cargo. Dejar endeudada a la ciudad que le dio su confianza para que l a gobernara durante doce años es impropio de un político de altura. Y eso fue lo que hizo Alfredo, como lo llamaban l os progres que entonces no denunciaban ese derroche y que hoy, para compensar, están callados.

 

Tan callados como el propio Monteseirín, quien no da la cara ni alza la voz ante las documentadas informaciones del compañero y amigo Alberto García Reyes. Escondido en el silencio, el alcalde de las facturas falsas calla. Y otorga. Aunque otorgar, otorgar, lo que se dice otorgar, fue lo que hizo nueve días antes de aquellas elecciones que lo dejaron de patitas en la calle. De patitas y de rositas. Porque se fue sin dar la cara. Ahora Zoido quiere pedirle responsabilidades. Ojalá siguieran vigentes aquellos juicios de residencia a los que tenían que someterse los virreyes de las Indias. En esto no hemos progresado. Todo lo contrario. Se van los alcaldes después de dilapidar el suelo público y el dinero de todos, y si te vi, no me acuerdo. Porque aquellos progres que luego derivaron en el 15- M no se acuerdan de las Setas que les sirvieron de icono y de lugar de reunión. Ni de los insult os que l anzaban contra l os cuatro gatos mal contados que denunciábamos aquella tropelía. Hay que recordar todo esto para que no se olvide. Para que ningún alcalde vuelva a caer en semejante traición. Haría bien el PSOE de Juan Espadas en marcar distancia y en denunciar a su compañero de filas. Pero eso es imposible en la partitocracia que vivimos. Tampoco lo hace el PP de Valencia. Ni el de Castellón. Para todos ellos sería algo así como traicionar al partido, cuando aquí no hay más traidor que quien vendió a la ciudad por un plato de lentejas. O de setas silenciosas.

 
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