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Mar

16

Jun

2015

CONTRARRELOJ EN LA VIEJA IGLESIA DE LOS CARPINTEROS PDF Imprimir E-mail

EL MUNDO / 9/6/2015 

FRANCISCO JAVIER RECIO

 

Desde el coro, donde se contempla una magnífica vista general del interior del templo, el profesor de Historia del Arte de la Universidad de Sevilla Juan Carlos Hernández señala unarañazo en el muro. «¿Ven ese desprendimiento de ahí, por encima del cuadro? Hace unos días, la última vez que subí, no estaba». Y como ése hay cientos, miles.Se extienden por las bóvedas, los muros y los pilares, dejando a la vista la blancura de la cal y de las sales que poco a poco deterioran uno de las más hermosos ejemplos del Barroco sevillano.

Deterioro de elementos decorativos.C.M.

Las pinturas murales de lacapillita de San José, la vieja capilla de los carpinteros de blanco, están casi perdidas. La suya es una carrera contrarreloj contra la desaparición definitiva. Llevan así décadas, peroel deterioro se ha agravado en los últimos añoshasta convertirse en un problema de todo o nada. O se actúa de inmediato o la pérdida será ya irreversible.

El templo, propiedad de la orden capuchina desde mediados de los años sesenta, fue construido afinales del siglo XVIIpor los carpinteros mejor pagados de Sevilla. «Los denominados carpinteros de lo blanco eran los encargados de hacer las cubiertas de madera de los templos mudéjares y renacentistas.Eran la élite del gremio», explica el historiador Fernando Cruz, autor de un reciente estudio sobre el edificio editado en la colección Arte Hispalense.

La configuración actual del templo es de mediados del siglo XVIII. En su levantamiento no intervinieron arquitectos, sino los propios carpinteros. El resultado es un edificio perturbador, donde elcriterio arquitectónico se oculta premeditadamente para dar lucimiento casi exclusivo a la ornamentación. A sus autores sólo parecían importarles los elementos decorativos, la piel tallada o tatuada que cubría cada centímetro cuadrado de muro, de bóveda o de altar. La cabecera del templo, de hecho, no es más que el contenedor de un enorme y requebrado retablo en el que los carpinteros dejaron estampada su firma:el compás y la sierra, sus herramientas de trabajo.

Grietas en los paños de azulejos.C.M.

Pese a la ausencia de auténticos expertos en construcción durante su levantamiento,el templo no presenta problemas estructurales graves. Una restauración ejecutada hace una década solventó las grietas detectadas en la cubierta, que habían provocado la aparición de goteras, y no hay temor a desprendimientos de material de los muros.

El problema inmediato, casi definitivo ya, está en laazulejería del XIXque cubre las paredes, agrietada y abombada; loselementos de mármolque revisten algunos pilares, donde se detectan importantes pérdidas; los cuadros, cubiertos de polvo; las tallas,algunas con roturas importantes como en el San José de terracota-patrón de los carpinteros- que preside la fachada principal. Y, sobre todo, en las pinturas murales, originales del siglo XVIII, ya prácticamente irreconocibles, agujereadas como un queso de gruyère por efecto de las sales de ácido sulfúrico.

Las huellas visibles de un incendio en 1931

Imagen de San José de la fachada, muy deteriorada.C.M.

En realidad, que siga en pie este templo situado en la calle Jovellanos, a unas decenas de metros de la calle Sierpes y del Ayuntamiento, es ya un milagro. El edificio es unauténtico superviviente, que, mal que bien, ha superado no sólo la degradación propia del paso del tiempo, sinodos incendios, la reciente acción de losvándalos, que en 2005 arrancaron dos imágenes en terracota de las hornacinas de la fachada, y hasta los planes urbanísticos de un gobierno municipal revolucionario -el de 1868- que contemplaban su demolición para acometer un ensanche entre Sierpes y Tetuán. «Se puede ver la botella medio vacía o medio llena», asegura el restaurador Juan Aguilar, autor, junto a Juan Carlos Hernández, del proyecto de restauración del templo.

De todos los avatares que ha sufrido la capilla, el que más lesiones ha dejado fue elincendio de mayo de 1931, en plena República, cuando grupos anticlericales asaltaron el templo, amontonaron los bancos en la zona central y les prendieron fuego. Las dos bóvedas centrales se vinieron abajo, lo que, a la postre, salvó el templo: el humo salió por la enorme chimenea, evitando males mayores al resto de obras de arte.

El problema es queel hollín depositado sobre las pinturas murales durante ese incendio nunca se retiró. El efecto de la humedad, muy presente en los muros del templo como consecuencia de la elevada altura de la capa freática en la zona, ha alterado esos depósitos hasta crearácido sulfúricoque pulveriza la base sobre la que están fijadas las pinturas, que en las escenas principales representan los gozos y las tristezas de San José. El resultado es esa permanente lluvia de pintura que amenaza con hacer desaparecer todo rastro de decoración.

El proyecto de restauración está presupuestado en1,4 millones de euros. La Asociación Pro Restauración de la Capilla de San José (que tiene página en Facebook) organiza conciertos y, en colaboración con la Universidad de Sevilla y algunas empresas del sector, visitas turísticas para recaudar fondos, pero el fruto de este trabajo es aún muy escaso. Sus gestiones con la Junta y el Ayuntamiento no han dado resultados prácticos, y las empresas con las que se ha contactado aplazan su colaboración a un momento posterior a la restauración. Y el tiempo se está acabando.

 
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