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Jun

2015

EL CASERÍO POÉTICO DE JOSÉ RAMÓN SIERRA PDF Imprimir E-mail

ELMUNDO / 22/6/2015

AVA DÍAZ PÉREZ

Qué secreto el de estos tragaluces que devoran soles en el vientre de las casas. Paredes de un blanco casi abstracto, zaguanes como prólogos de una obra escrita, tramos de escalera que dibujan geometrías que no buscan ser perfectas, ni exactas, ni medidas.Arquitecturas vividas que se pueden encontrar paseando por el viejo caserío de la ciudad: Jimios 15, Buen Viaje 10 o en Monsalves 23, donde se encuentra el estudio del arquitecto José Ramón Sierra y en otros lugares tocados por su singularísima percepción espacial.

 

Sierra es ahora el protagonista de una excelente exposición en el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo (CAAC), «Zigzag», que se puede visitar hasta el próximo 23 de agosto y que está comisariada por otro gran arquitecto, Víctor Pérez Escolano. Una muestra que recorre sus facetas de artista plástico, de diseñador y de arquitecto con un sugerente y minucioso recorrido por una galería histórica de planos.

 

Coincidiendo con la exposición se publica ahora un libro colectivo que reflexiona sobre este artista total haciendo especial hincapié en su trabajo como arquitecto. José Ramón Sierra 2015 (Recolectores Urbano Editorial) es un ejercicio de reconocimiento «a una trayectoria profesional singular, creativa, brillante» y una «oportunidad para reflexionar sobre las políticas de la ciudad».

La introducción corre a cargo de Rafael Moneo quien plantea lo que ha significado Sevilla en Sierra y viceversa: «Sevilla no es sólo su ciudad. Sevilla encierra, contiene, toda la historia universal y, por tanto, puede que no haga falta salir de ella para que una obra, una vida, sea plena».

Lo curioso de José Ramón Sierra (Olivares, Sevilla, 1945) es que miró adonde nadie lo hacía y, al contrario que sus compañeros de generación, no escogió las casas históricas y señoriales sino que dentro del casco histórico se sintió atraído por lo que él llama arquitecturas corraleras.

Esas «viejas y desconsideradas casas de Sevilla» que «más que representar un estilo manifestaban una presencia: la de un modo específico de vida en la ciudad que parecían haber permeado los siglos a través de las vicisitudes históricas locales», apunta el también arquitecto Francisco González de Canales en su aportación a este libro.

Coincidiendo con los años de la destrucción de Sevilla, Sierra posa su mirada en una tradición de casa sevillana, la de la arquitectura doméstica menor. Son los años del nefasto Plan de Reforma Interior del Casco Antiguo de Sevilla de 1968, que pretendía frenar el abandono del centro pero favoreció la especulación urbanística provocando y precipitando así su abandono y destrucción.

Son casas de difícil datación, pobres, de aspecto casi rural, que se mantuvieron al margen de la arquitectura doméstica señorial y de las posteriores casas-patio.

Es en estas casas donde Sierra encuentra la libertad para intervenir, como si estos espacios fueran una tabula rasa por la que ha pasado el tiempo, pero que no guarda las huellas abrumadoras del pasado. Una arquitectura casi sin estilo o, como escribió el propio Sierra enArquitecturas corraleras:«Nacida del pueblo, hecha por el pueblo, vivida por el pueblo. Una arquitectura sin arquitectos».

Al repasar ahora este catálogo de casas intervenidas por la mirada casi poética de este arquitecto se descubre cómo articula los espacios creando nuevas sintaxis o gramáticas. Por ejemplo, relacionando elementos claves como el zaguán, los tramos de escalera, los pasos entre ámbitos, los balcones interiores o los tragaluces.

Así se descubren esbeltas naves con tragaluces discretos en Monsalves 13, Jimios 15 o Zaragoza 26 o escaleras que se convierten en el elemento predominante como en Buen Viaje 16 o que se trocean y diseminan en las rehabilitaciones realizadas en Martínez Montañéz 23, Vírgenes 27, en la Plaza de las Mercedarias 2 o en Baños 10.

Tampoco es un mal lugar pasear por el Monasterio de la Cartuja, actual sede del Centro Andaluz de Arte Contemporáneo y donde se puede ver la exposición «Zigzag». Un espacio en el que está la huella de Sierra con la sorprendente intervención que realizó en este edificio histórico que ha guardado su crónica de los siglos junto a la exquisita abstracción de las sobrias y blanquísimas atmósferas modernas.

Muchas son las particularidades del trabajo de Sierra, desde el 'destino poético' de los objetos domésticos hasta su gusto por lo popular a plantear el azulejo como material creativo. El arquitecto Juan José Vázquez Avellaneda recuerda su amplio catálogo: «El panel del Monasterio como breve historia de la cerámica local, los interminables pasillos oníricos con bandas de colores en Catalana de Occidente o la descomposición cromática que se inicia con unos mensaques de relieve cargados de ornamentación que dan paso a un punteado de azulejos en verde y azul sobre fondo blanco mayólica en la rehabilitación de la calle Alemanes».

 
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