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Jul

2015

LAS CASAS NATALES DE LOS GENIOS, EN MANOS DEL NEGOCIO INMOBILIARIO PDF Imprimir E-mail

ABC SEVILLA / 5/7/2015

ALBERTO GARCÍA REYES

Sevilla tiene una memoria de cristal que ahora se hace añicos. La casa donde nació Cernuda, cristalería de Valeriano Díaz que ha simbolizado durante años la fragilidad de la ciudad en el tributo a sus genios, repite en estos días la triste anécdota gaditana del Beni y el Cojo Pedroche cuando leyeron la placa que había en la casa natal de Pemán.

 

«¿Qué pondrán en la mía cuando yo me muera?», le preguntó el Cojo al Beni. «¿Qué van a poner, Cojo, hijo? Se vende». Se vende la casa en la que nació «Ocnos», aquella en la que «en ocasiones, raramente, solía encenderse el salón al atardecer». Se vende la escalera de mármol «hueca y resonante» por la que al poeta se le aparecía la luz «como un cuerpo impalpable, cálido y dorado, cuya alma fuese la música».

El número 6 de la calle Acetres, Conde de Tojar cuando nació el artista, vende sus desconchones sin que las administraciones públicas hayan conseguido convertirla en museo. El proyecto que hizo el arquitectoAntonio Barrionuevo para transformarla en un espacio de visitas literarias nunca prosperó. Y también cerraron su fundación. Y al instituto que llevaba su nombre lo rebautizaron con el de Salvador Távora. Y así, lentamente, Cernuda ha quedado reducido en su ciudad al mero papel en la que la escribió desde el exilio y al humilde azulejo que, mal que bien, sobrevive en su fachada. En Sevilla, la memoria es sólo de cristal y de cerámica. Todo lo demás, se vende.

Por internet se alquilan los balcones del número 70 de la calle Feriapara ver la Semana Santa. Esa fue la casa donde vino al mundoJuan Belmonte. Feria, cofradías y toreo en el mismo negocio: «Alquilo dos balcones en la calle Feria 70 con capacidad para 6 personas cada uno para ver la Semana Santa, el domingo pasa la Hiniesta, el martes pasa Los Javieres, el miércoles el Carmen Doloroso, el jueves Montesión y el jueves por la noche, la Madrugá, pasa la Macarena, a la ida y a la vuelta».

Todo está en venta. Se vendió la casa de Velázquez en el número 4 de la antigua calle Gorgoja, hoy Padre Luis María Llop. El negocio inmobiliario fue al menos su salvación. La de Murillo, por ejemplo, que estaba anexa al convento de San Pablo en la Magdalena, no existe ya. Puede que hoy sea el Hotel Colón, que también vende sus habitaciones.

Pero la calle más oscura en este trajín de casas de genios es San Pedro Mártir, en el barrio del Museo. En apenas unos metros nacieronManuel Machado, Rafael de León y el esperpéntico Alejandro Sawa, inspirador de Valle-Inclán. En la esquina hay un azulejo con el epitafio que Machado le escribió a Sawa: «Jamás hombre más nacido para el placer fue al dolor más derecho». El destino de sus hogares primeros coincide con este proverbio.

Cernuda no se equivocó. Su casa se vende como se han vendido todas. «Recuerdo aquel rincón del patio de la casa natal, yo a solas y sentado en el primer peldaño de la escalera», añoraba en «Ocnos», donde sentenció: «Llega un momento en la vida cuando el tiempo nos alcanza». Concretamente en los vastos jardines sin aurora donde habita el olvido. Y el cristal se quiebra.

 
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