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Sep

2015

MUSEOS VERSUS VELADORES PDF Imprimir E-mail

EL MUNDO / 90/8/2015

MANUEL JESÚS FLORENCIO

UNA DE las expectativas para el nuevo curso político en puertas será ver cómo se materializa el eje Sevilla-Málaga, que impulsa la sociedad civil de ambas ciudades, tras la reciente devolución por Espadas de la visita que a la capital hispalense hizo el 1 de julio su homólogo malagueño, Francisco de la Torre, y la esperada presentación a ambos de una batería de propuestas por parte de la Unión Cívica del Sur que copresiden los exalcaldes Manuel del Valle (Sevilla) y Luis Merino (Málaga).

 

La primeras impresiones apuntan a la idea de conformar también un eje cultural en que se aproveche el poder de atracción de las dos urbes para incorporar a ciudades medias de ambas provincias con un gran patrimonio cultural y natural pero que ahora pasan inadvertidas por hallarse a la sombra de los dos colosos, tales como Antequera, Ronda, Écija, Carmona... además de la posibilidad de organización conjunta de eventos musicales y de exposiciones artísticas, y de favorecer el disfrute de los museos de ambas urbes por sus respectivas poblaciones y turistas.

El simple esbozo de este programa ya satisface a Málaga al tiempo que beneficiaría especialmente a Sevilla, porque supone el reconocimiento del modelo desarrollado por la ciudad costasoleña desde los tiempos de Pedro Aparicio como alcalde hasta hoy y permitiría a la capital sevillana aprovecharse del mayor dinamismo cultural de aquélla y de los fondos artísticos que ha captado en este tiempo (algunos en detrimento de Sevilla, como la colección andaluza de la baronesa Thyssen).

Capital cultural

Como declaró a EL MUNDO Alejandro Cardenete, catedrático de la Universidad Loyola, «Málaga ha apostado por los museos, y Sevilla, por los veladores». Efectivamente, la urbe de la Costa del Sol ejerce y se publicita como capital cultural de Andalucía en su estrategia de afirmarse frente a la capitalidad política de Sevilla.

 

Así, en la prensa de Madrid se ha podido ver una campaña de su Ayuntamiento titulada 'Cultura en todos los sentidos', en que un poste indicador de direcciones no señala hacia calles o avenidas, sino a siete museos: Centro Pompidou, Colección del Museo Ruso, Museo Picasso, Fundación Picasso (Museo Casa Natal), Museo Carmen Thyssen, Centro de Arte Contemporáneo de Málaga y Museo de Bellas Artes. Se remata con este lema: 'Málaga, donde la cultura es capital'.

Definiéndose ambas ciudades como turísticas, Málaga tuvo clara la importancia de la oferta cultural para captar y retener un turismo urbano de calidad que ya no podía quedar satisfecho sólo por el modelo barato del sol y playa. El chiringuito playero malagueño sería el equivalente a los veladores sevillanos para el turismo 'low-cost' o de bajo coste (hemos pasado de 9.635 veladores con Monteseirín a 13.679 con Zoido).

A uno por año

Esa apuesta, también con la idea, frustrada, de convertirse en capital europea de la cultura en 2016 (lo será San Sebastián), tenía por razón última la de generar más pernoctaciones hoteleras y ampliar el tiempo de estancia media de los turistas, y se ha traducido en un plan para duplicar en tan sólo un decenio el número de museos, pasando de los 22 que existían en aquel entonces a los 43.

La estadística ya es impresionante: en los 19 años comprendidos entre 1988 y 2007 se abrieron en la ciudad veinte museos, uno por año, muchos de ellos 'menores' o especializados, y otros de gran tirón como la Casa Natal de Picasso, el Museo Picasso Málaga, el Catedralicio y el de Arte Contemporáneo.

A estos han seguido, en proyecto o ya ejecutados, el museo de la ciudad, el Thyssen, el de la Semana Santa (aún no existe en Sevilla), el dedicado al pintor Revello de Toro y las franquicias (denostadas por alguno de nuestros políticos) del Pompidou y del Museo Estatal Ruso.

Oferta sevillana

Mientras, en Sevilla, sólo se han abierto el Antiquarium, el museo de la cerámica de Triana -cerrado este verano por graves problemas de mantenimiento- y la colección de arte mudéjar del Ayuntamiento, y hemos sido incapaces de quedarnos con el Thyssen, de abrir el museo Bellver, de sacar el Tesoro del Carambolo de la caja fuerte del banco en la que reposa desde hace decenios, de ampliar el de Bellas Artes y de restaurar el Arqueológico.

Sólo el Museo Picasso de Málaga recibió en el año 2014 casi tantos visitantes (410.568) como los cuatro principales de Sevilla, a saber: Centro Andaluz de Arte Contemporáneo, Arqueológico, Artes y Costumbres Populares y Bellas Artes (490.394 entre todos).

Atención a la preocupante evolución de nuestros museos desde el año 2009, tras el estallido de la crisis: el Arqueológico ha pasado de 115.028 visitantes a 67.489 (-41,32%); el de Artes y Costumbres Populares, de 86.088 a 66.029 (-23,30%), y el de Bellas Artes, de 293.571 a 181.399 (-38,20%). Sólo crece el CAAC, de 135.986 a 175.477 (+29%), probablemente por el truco de contabilizar como visitas las entradas a espectáculos como Nocturama.

A falta de monumentos

Si parte del flujo turístico cultural que recibe la capital malagueña gracias a su amplia oferta museística se desvía hasta aquí, Sevilla sería la gran beneficiaria de la alianza con Málaga. Decía el alcalde malagueño, Francisco de la Torre, que como Málaga no tenía la Alhambra (Granada), ni la Mezquita (Córdoba), debía aspirar a ser sede del museo del Louvre o del Pompidou. Como Sevilla tiene el Alcázar y la Catedral, ambos patrimonio de la Humanidad, quizás por eso en vez de apostar por los museos hemos acabado llenando las calles de veladores.

 
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