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2015

PLAZAS INHABITABLES PDF Imprimir E-mail
DIARIO DE SEVILLA / 17/8/2015 A.S. AMENEIRO Vegetación, sombra y presencia de agua son los tres elementos que debe tener un espacio público, como mínimo, para ser atractivo y acogedor a los paseantes. Así lo aseguran los expertos en arquitectura que saben cómo diseñar lugares habitables y sostenibles. Y lo aplicaban ya las civilizaciones antiguas, desde los árabes a los romanos, para lograr aire más fresco en ciudades de calor extremo, como es el caso de Sevilla, donde el lorenzo aprieta seis meses al año. Pues bien, parece que todo eso se ha olvidado en las últimas décadas a juzgar por la reurbanización de no pocas zonas de la ciudad. La inhóspita explanada de Plaza de Armas -cuya reforma comenzó esta semana en el espacio comprendido entre el hotel y el centro comercial- es un vivo ejemplo de lo que no debe hacerse. Recuerda a otras zonas de la ciudad con similares características que más bien parecen hechas para ahuyentar al paseante que para acogerlo y hacer su estancia agradable, especialmente cuando arrecia el calor en Sevilla. Son extensiones interminables de cemento o granito con pocos lugares de sombra o vegetación, sin una pizca de agua ni fuentes y con verdaderos desiertos que no invitan a sentarse para disfrutar de la ciudad. En Santa Justa, saliendo de la estación del tren, son demasiadas las extensiones de cemento sin una pizca de sombra ni árboles que reciban al viajero que llega a la ciudad. El nuevo alcalde Juan Espadas tiene en su agenda mejorar este enclave. La reurbanización de esta zona de transporte para la Exposición Universal del 1992 dejó mucho que desear y no prosperó el intento posterior, en tiempos de Monteseirín, de hacer una plaza habitable (con el nombre de Plaza de las Libertades) tapando la playa de vías del tren que separa las calles Pablo Picasso de Juana Jugán. El Paseo Juan Carlos I que también se urbanizó para la Expo 92 es otro buen ejemplo de espacio incómodo de granito. Por ejemplo en la parte más alejada del río que va desde la estación de Plaza de Armas a la calle Radio Sevilla, justo donde los autobuses interurbanos giran en dirección a la estación. La explanada más cercana a la estación se ha habilitado como parking en superficie, mientras al otro lado del puente la playa de granito no tiene uso público, a excepción de un espacio reservado a unas pistas deportivas. El resto del paseo si no hay un sol de justicia lo usan los aficionados a la pesca, al jogging y al ciclismo, pero sus zonas para sentarse y sus jardines necesitan una reforma urgente. En el mandato pasado, Zoido intentó sin éxito sacar adelante el proyecto Paseo del Arte para regenerar ese paseo fluvial hecho para la Expo con más de siete millones de euros. Lo sacó a concurso público hasta en tres ocasiones y en todas lo dejó desierto alegando que las empresas (Acciona Infraestructuras y grupo Lezama, que luego sería sustituido por Marham), con el apoyo económico de un inversor asiático, carecían de solvencia técnica y financiera. Sus dos piscinas previstas fueron la parte más polémica del proyecto. El PSOE, ahora en el gobierno, no era partidario de este proyecto tal como lo concibió Zoido. En la trasera de la antigua estación de Cádiz, la explanada situada al final de la avenida del mismo nombre, por donde se entraba a la estación, es otro lugar inhóspito para el paseante, rodeado de cemento y sin un árbol donde resguardarse. Esta enorme superficie de terreno exterior ahora tomada por los coches debe convertirse en un oasis o plaza pública con fuentes, árboles y zonas de sombra en virtud del proyecto adjudicado a la empresa Nuovit Grupo empresarial por 8,8 millones de euros (IVA incluido). La obra, que se integra en un proyecto más amplio que tendrá mercado de abastos, centro deportivo y aparcamiento, debe comenzar a partir de septiembre en el edificio central que acogerá el futuro mercado de abastos donde irán los placeros de la Puerta de la Carne. La estructura negra de metal donde ahora está la plaza de abastos acogerá el centro deportivo. Otro ejemplo más reciente de espacio inhabitable en Sevilla es la Plaza Rafael Salgado de la barriada de Bami, víctima de una reurbanización a toda prisa y de bajo coste en plena crisis con la que se tapó el escándalo de la gestión de aparcamientos subterráneos del gobierno local de Alfredo Sánchez Monteseirín. Los árboles de gran porte, los jardines sobre albero y los juegos infantiles que hubo hasta 2008 son hoy una mole de granito sin zonas verdes, salvo macetones, ni sombras que permitan usar sus bancos. Y encima el aparcamiento subterráneo que provocó este desaguisado sigue cerrado y sin terminar. Más hubiera valido retrasar la obra de la plaza y diseñarla para de verdad para el disfrute de los vecinos, al menos eso habría reparado el daño que se hizo al barrio. Las setas de la Encarnación completan el listado de lugares poco habitables. La Plaza Mayor, el primer nivel del complejo comercial concebido para una estancia agradable, se parece más a una pista de patinaje que a un paraje para el descanso. Los parasoles gigantes de madera pensados para dar sombra a toda la superficie no cumplen bien su función. No hay zonas de agua ni tampoco hay vegetación donde refrescarse. Para ver algo de agua hay que bajar la escalinata y desplazarse a la plaza junto a la iglesia de la Anunciación, donde está la única fuente de la zona. En los barrios, la calle Virgen de Luján también se reurbanizó con el modelo de moles de granito sin árboles ante la amarga queja de los vecinos. Con un enorme aparcamiento subterráneo a lo largo de todo el subsuelo, la única opción que encontró el Ayuntamiento fue colocar unos macetones con árbolitos que no alivian nada al paseante. Los árboles de gran porte de Virgen de Luján desaparecieron y no es posible recuperarlos porque no hay espacio para la profundidad que necesitan sus raíces. En la zona del Prado de San Sebastián, el solar donde Soledad Becerril vio truncado en 1999 su edificio administrativo sigue sin proyecto de futuro que ponga fin al desierto de asfalto en que quedó convertido cuando Monteseirín paralizó la construcción. El lugar no invita ni mucho menos al paseo agradable. En los mandatos posteriores se barajaron alternativas comerciales que no han prosperado. La Alameda, por ejemplo, salvando la cuestión estética, cumple los requisitos de agua, vegetación y sombra que marcan los expertos en espacios públicos. Y prueba de que se ha logrado un lugar habitable es que atrae a diario y los fines de semana a cientos de sevillanos y turistas que se sientan en sus veladores y pasean bajo la arboleda. Es un verdadero espacio público que hasta ahora se ha librado de la amenaza del aparcamiento subterráneo, una infraestructura que habría acabado con sus árboles de gran porte.
 
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