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Mar

13

Oct

2015

LAS SETAS DE LA REENCARNACIÓN PDF Imprimir E-mail

ABC SEVILLA / 13/10/2015

FRANCISCO ROBLES

No hace falta que se celebre un festival con estrellas, estrellitas y maribeles montaños para que Sevilla sea una ciudad de cine. cómico. Ni que se presente el enésimo plan de nombre rimbombante para que seamos una ciudad de ópera. bufa. Basta con ir a la confluencia de Imagen con Laraña y de Regina con Puente y Pellón para que se reencarnen los hermanos Marx en las setas de la Reencarnación. ¡Más madera! El grito de Alfonso Rodríguez Gómez de Celis, alias Alfonsito, resuena como si fuera la reencarnación de Groucho Marx. ¡Más madera! Como en la película de los únicos marxistas que tenían sentido del humor, Sevilla es capaz de quemar el tren del presupuesto con tal de revestir este mamarracho con una madera que se ha agotado por falta de presupuesto y de previsión.
Si usted se da una vuelta por el MOMA de Nueva York se sorprenderá al ver una maqueta de las setas encarnadas con una inscripción que señala la fecha de su terminación en el año 2007. Nadie se ha molestado en cambiar ese rótulo... ni en rematar la obra en el plazo previsto. Lo último ha sido el aplazamiento motivado por la falta de presupuesto y de madera, que por lo visto es de pino finlandés y se importa de Alemania. Es la Sevilla de Ikea, diseñada por un Mayer que vende sus diseños como salchichas y que nos ha colado, a la remanguillé, un misterioso engendro que es un rompecabezas que nadie sabe cómo montar. Ahora están patentando una resina para recubrir sus piezas. Ahora, cuando el Metropol Parasol debería llevar dos años funcionando.
Estas setas venenosas se reencarnan en el paseo marítimo de Alameda Beach, puro catetismo playero en lo que fuera el bulevar romántico por excelencia. O en la imprevisión de ese tranvía que llegará hasta la estación de metro de San Bernardo por la superficie para duplicar el transporte: arriba y abajo, como en la serie inglesa. Tranvía por arriba y metro por debajo para ir al mismo sitio mientras hay sevillanos del sector Este que tardan más tiempo en llegar a la Catedral de Sevilla que a la Mezquita de Córdoba. ¿Alguien lo entiende?
Estos canónigos laicos del cabildo municipal han vuelto a pronunciar la frase apócrifa y legendaria sobre la que se cimentó la Magna Hispalensis. «Fagamos una obra tal que los que la vieren nos tomen... por lo que somos». Y en eso están.
 
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