promo

Síguenos en Twiter

Banner
Banner

Lun

26

Oct

2015

CONSIDERACIONES SOBRE LA GAVIDIA PDF Imprimir E-mail

DIARIO DE SEVILLA / 26/10/2015

JOSÉ GARCÍA-TAPIAL

CREO que en el debate actual sobre la Gavidia están primando las apreciaciones subjetivas, sobre su calidad o sobre su posible mantenimiento, soslayando otros aspectos. Mi intención con estas líneas es aportar algunas consideraciones al respecto. 

En primer lugar, hay que recordar el marco temporal y urbano en que se produce su aparición. A principios de los sesenta el verdadero centro neurálgico del casco antiguo empezaba en la Campana: la plaza del Duque no tenía apenas actividad, además junto a ella la gran manzana del cuartel que ocupó el antiguo colegio jesuita de San Hermenegildo suponía un auténtico "tapón" para las zonas inmediatas. Tras éste, la plaza de la Gavidia no era más que una placita aislada y recoleta como tantas otras de la periferia del casco antiguo. La demolición del cuartel facilitó a políticos y planificadores la creación de una gran plaza, la del 18 de Julio, que habría de estar presidida por el gran edificio institucional de la Jefatura Superior de Policía. Los precedentes de construcciones de este tipo de edificios públicos en el casco antiguo (como el de Hacienda, el del Instituto Nacional de Previsión en la Avenida o el de Sindicatos en el mismo Duque) coincidían en una misma tipología: construcciones macizas, altas y grandilocuentes. Algo así era de esperar. 


Inopinadamente, el encargo del proyecto recayó en un arquitecto joven y ajeno a las conocidas dinastías profesionales. Su primera decisión fue prescindir de este carácter institucional: se trataba de un edificio básicamente de oficinas, y como tal se planteó, acogiéndose al lenguaje contemporáneo que entonces se conocía como Estilo Internacional: muros-cortina, acero y vidrio. En vez de la mole única y representativa con las siete plantas permitidas por la Ordenanza, se fragmentaba la edificación en tres volúmenes de diferentes alturas según los espacios a los que daban frente: dos plantas hacia la, entonces más estrecha, calle Teniente Borges; cuatro plantas para el volumen más cercano a la plaza de la Gavidia y, por último, la edificabilidad restante se materializó en un bloque de seis plantas en el centro de la parcela, aunque situado perpendicularmente a la fachada para minimizar su impacto. 

Este planteamiento no fue entendido. Y aún menos se entendería al alterarse significativamente su entorno: por la apertura de la calle Virgen de los Buenos Libros, por la construcción del colindante y desafortunado edificio de siete plantas y ático que ha destrozado para siempre la escala de la plaza de la Gavidia y, sobre todo, por la construcción de El Corte Inglés, que ha alterado de modo definitivo el sistema de relaciones entre la ciudad y su centro histórico. La congestión de tráfico que aquel supuso en la zona provocó que a los pocos años ya se planteara el traslado de las instalaciones policiales a otro emplazamiento más aislado y mejor comunicado, con el consiguiente descuido en el mantenimiento. El edificio nunca fue confortable para sus usuarios: carpinterías de mala calidad, antepechos de fibrocemento sin aislantes ni protección alguna, instalaciones insuficientes, carencia de aire acondicionado, hacinamiento, humedades, filtraciones, etcétera. Su imagen exterior se iba desvirtuando aún más con los añadidos de viseras voladas y acondicionadores de ventana. Tampoco algunas de las actividades que en su interior se desarrollaban contribuían a difundir una imagen amable del edificio. El abandono hizo el resto. 

Bien, y ahora qué hacer. La rehabilitación es posible: habría que reforzar la estructura metálica y sustituir los muros-cortina. El Ayuntamiento es ahora su propietario y tendrá que decidir para qué lo quiere; ¿equipamiento público? Con su extensa y nobilísima nómina de edificios monumentales a la espera de rehabilitación y destino no parece una inversión viable a corto (ni medio) plazo. Por otra parte, las circunstancias económicas parecen aconsejar su venta. Para facilitarla es preciso acotar con claridad el margen de actuación del posible inversor, definiendo los elementos a mantener, el margen de adaptabilidad, la posibilidad de ampliar el garaje, etcétera. Estos aspectos podrían concretarse en una Ficha Patrimonial suficientemente extensa y detallada, incluso avanzando con hipótesis de usos posibles y bocetos de ocupación. Estudios y propuestas que, en cualquier caso, deberían formar parte de un proceso de participación y conocimiento público.

 
Informacion