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24

Nov

2015

CAPILLITA DE DAN JOSÉ: EL BARROCO QUE SE DESMORONA EN SEVILLA PDF Imprimir E-mail

ABC SEVILLA / 10/11/2015

AURORA FLÓREZ

En la capillita de San José barren todos los días montones de es­camas de las pinturas murales que va desprendiéndose de cÚt pulas y muros. No es una anécdota ni una situación sobrevenida. El deterio­ro de pinturas murales, de yeserías, de azulejerías y otros elementos de este espléndido templo barroco enclavado en pleno corazón de Sevilla, se ha ido agravando con los años, fundamental­mente desde que fuera incendiado en 1931, quedando destruidas muchas de sus obras de arte y dejando secuelas de las que aún pueden comprobarse los efectos.

Desde la Asociación Pro restaura­ción de la capillita de San José, que co­menzó su andadura en 2012, se lucha por frenar la pérdida de esta joya im­par, levantada en 1688 sobre otra capi­lla dedicada al Santo Patriarca San José edificada en 1509. En el actual templo, que estuvo bajo los auspicios del gre­mio de Maestros Carpinteros, trabaja­ron los mejores artistas barrocos del momento. Ahí dejaron sus obras Caye­tano de Acosta, a quien se debe el reta­blo mayor; Lucas Valdés, Pedro Roldán o Duque Cornejo.

En 1912, la capillita fue declarada Monumento Nacional, justo cuatro años antes de que se estableciera en ella de­finitivamente la comunidad capuchi­na que aún se ocupa de este delicioso enclave, al que no falta feligresía a pe­sar de los cambios de demografía y cos­tumbres del centro de la ciudad.

El horror vacui

 

Pudo escapar de la picota decimonóni­ca y su proyecto de unir la plaza del Sal­vador con Tetuán. No obstante, la de­gradación no se ha frenado en este lar­go lapso de tiempo. La capillita ha ido sobreviviendo a duras penas, ocultan­do sin pretenderlo sus desgastes y des­trozos en el horror vacui que provoca su vista. Ni administraciones ni insti­tuciones ni particulares se implicaron hasta el momento en que comenzaron los llamamientos de la Asociación, que preside Ana Martín y en la que están implicados el profesor de Geografía e Historia de la Universidad de Sevilla, Juan Carlos Hernández, entre otros pro­fesionales de la historia, la cultura y el arte de Sevilla.

La empresa Ágora, que comandan Juan Aguilar y Bárbara Hasbach —que se ha ocupado de la restauración del retablo mayor de la Catedral y que en la actualidad concluye la de las yese­rías de Santa María la Blanca— ela­boró gratuitamente un proyecto in­tegral para la capillita, que aún está vigente y que contempla la inversión de 1,4 millones de euros y la interven­ción en varias fases, que comenzaría por las pinturas murales, lo más da­ñado del templo, y continuaría por las yeserías, que también presentan graves pérdidas; la azulejería, reven­tada por la humedad; los retablos, con gran acumulación de polvo y humo; el órgano, el artesonado, las imáge­nes y la cancela. Hay que resaltar que es fundamental sustituir la instala­ción eléctrica, que está obsoleta y es un peligro latente.

Este es el ideal que contempla la Aso­ciación, que se ha volcado en la confec­ción de numerosas actividades, conferencia y conciertos que tienen como fin recaudar fondos para poder empren­der la restauración, como las visitas guiadas que pueden concertarse en www.conocersevilla.com, correo: Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla y teléfono 647 437 088.

Irrecuperables

Juan Aguilar incidió ayer en el gravísi­mo estado de las pinturas, que podrían ser de Domingo Martínez, algunas de las cuales son prácticamente irrecupe­rables. Presentan pérdidas, zonas em­pastadas, erosiones tremendas y se des­caman día a día. Los desprendimientos son patetentes. Además del paso del tiempo, el olvido y la desidia al que ha estado sometida la capillita, en el co­mienzo del deterioro no frenado hay que situar el primer incendio que sufrió en el soglo XIX. propagado desde una casa contigua, y el demoledor del año 31, «que —explica Juan Aguilera— con^ virtió el templo en una cámara de enve­jecimiento, en la que se redujo la vida de las pinturas en un 25 por ciento».

Según el restaurador, las zonas que presentan peor estado son la nave cen­tral, «donde se ve con preocupación la desaparición de las escenas retrata­das; la cúpula y el crucero, que sufren filtraciones continuas». El resto del templo está afectado por direrentes patologías.

 
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