promo

Síguenos en Twiter

Banner
Banner

Mie

25

Nov

2015

UN KRAUSISTA EN EL CEMENTERIO CIVIL: FRANCISCO BARNÉS Y TOMÁS PDF Imprimir E-mail

UN KRAUSISTA EN EL CEMENTERIO CIVIL: FRANCISCO BARNÉS Y TOMÁS

Nada más atravesar el muro abierto que antes separaba el cementerio católico del civil, nos aparece una lápida con esta inscripción:
R.I.P.A. Aquí descansan los restos de Don Francisco J. Barnés y Tomás, Doctor en Teología y Filosofía y letras, Licenciado en Derecho y Catedrático de esta Universidad Literaria. Fue sacerdote católico. Mientras creyó en el dogma, practicó los actos de la Religión con dignidad y escrupuloso respeto; Cuando después de maduro examen y ejercicios continuados de razón, dejó de creer en el orden sobrenatural, (que juzgó fantástico), su carácter sincero no le permitió continuar una vida estéril y farisaica, burlando y explotando la credulidad de las gentes. Prosiguió a la naturaleza, nuestra común madre; contrajo matrimonio con digna mujer; fue padre de familia, cuyos deberes no descuidó un instante y en el trato social con toda clase de personas se ofreció como hombre sin fuero ni privilegio religioso. No creyó en otros milagros que en la instrucción y el trabajo humano. Falleció en la paz de Dios el 5 de marzo de 1892, a los 58 años de edad.
Don Francisco nació en Lorca el 5 de diciembre de 1833, el año de la muerte de Fernando VII, el maléfico Borbón, y de la llegada al trono de su hija Isabel II, entonces con sólo tres años de edad y una madre Regente enamorada de un joven militar.
Su familia procedía de Inglaterra y había llegado a España en tiempo de la Guerra de Sucesión, la que nos dejó a Felipe V como rey y nos robó Gibraltar.
Su infancia y juventud la pasa entre Murcia, Valencia y Madrid estudiando Filosofía y Letras, Derecho y Teología, ordenándose sacerdote y siendo canónigo por poco tiempo. Pero influido tal vez por su maestro Fernando de Castro, al iniciarse la Gloriosa, la revolución democrática que quería crear una España con honra, se casa por lo civil con Adela Salinas Gómez y se convierte en Director del Instituto de Lorca, abandonando el sacerdocio.
En Lorca se adscribió al Krausismo, doctrina que había penetrado en España en los años 50 con origen en la masonería y principios idealistas, traída desde Alemania por Sanz del Rio. 
La filosofía krausista pretendía unir las ideas a una forma de vida, por ello los krausistas abominaban del tabaco y el vino y eran comedidos y austeros en su día a día y en su vestimenta, así en el testamento que redacta Barnés solicita que su cadáver sea amortajado con su traje negro, típico en la indumentaria de los krausistas. En el testamento que se inicia con la frase en el nombre de Dios deja en herencia a sus dos únicos hijos Francisco y Domingo, dos casas en Lorca y de 15.000 a 20.000 pesetas (cantidad importantísima para la época) en valores públicos, fruto todo ello de la austeridad a la que antes nos referíamos. 
El krausismo late también en la frase “ruego y encarezco a mis hijos que jamás tengan desavenencias, ni el menor disgusto entre sí, y les afirmo que me servirá de provecho en la otra vida el amor que se profesen y el bien que hagan en mi nombre.” Como verá el lector los términos en “el nombre de Dios” o en “la otra vida” que Barnés utiliza, demuestra la ignorancia de algún biógrafo, que habla del ateísmo de Barnés. Don Francisco era panteísta, creía en Dios, en la existencia de otra vida y no creía en la Iglesia Católica. Por ello no es de extrañar que, cuando nace su primer hijo lo bautice en la Parroquia de San Martín en Sevilla, con los nombres de Domingo Andrés José de la Santísima Trinidad, figurando el padre como soltero ya que no se daba validez legal al matrimonio civil de la Gloriosa.
Resulta, no obstante, incongruente que no se case por la Iglesia y si bautice a su hijo. 
El triunfo de la Restauración le acerca a un más a la Institución Libre de Enseñanza que había fundado otro krausista, el extraordinario pedagogo Don Francisco Giner de los Ríos. Ha conseguido, por entonces la Cátedra de Historia en la Universidad de Sevilla, en 1880, y allí publica su Historia Universal. Junto a Federico de Castro y el catedrático y fundador del Ateneo, Sales y Ferré, fundará una editorial con el nombre Biblioteca Científico Literaria. El título lleva el sello de las ideas institucionistas: La necesidad de la educación como medio de cambio de la sociedad, una educación con modelo en Inglaterra, que pretende europeizar España. Parten de una visión pesimista de la historia de nuestro país, en la línea de los Quevedo, Cadalso, Larra o la del propio Presidente del Gobierno en aquellos momentos que es Don Antonio Cánovas del Castillo. Así, en el expediente personal de Barnés y Tomás, se encuentra un “Discurso sobre las causas que influyeron en la decadencia a que llegó la Nación en el siglo XVII”.
Ese sentido hipercrítico de la historia española no le influye en advertir los enormes fallos de la Primera República que hizo a muchos españoles abominar de este sistema de gobierno hasta tres generaciones más tarde. Don Francisco mantendrá hasta su muerte su filiación republicana.
Entre 1877 y 1879 nacen sus dos hijos, Francisco y Domingo, que ocuparán el Ministerio de Instrucción Pública en distintos momentos de la II República, Domingo con el Gobierno Radical en el llamado Bienio Negro y Francisco en los gobiernos del Frente Popular y en la Guerra Civil, exiliándose ambos a México y muriendo allí.
Mucho antes, en 1892 su padre había fallecido en Sevilla, solicitando ser enterrado en el cementerio civil. Queda su ejemplo de fidelidad a un modelo de vida y de pensamiento que influyó grandemente en la intelectualidad española del momento, pero que no logró evitar el radicalismo del movimiento obrero, los separatismos de la burguesía catalana y vasca y la ineficacia política de la intelectualidad española que junto al egoísmo burgués nos llevarán a nuestra sangrienta cuarta Guerra Civil.5mayo-tumba-barnestumba barnes

 
Informacion