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Mie

25

Nov

2015

UN GUERRILLERO EN EL CADALSO: EL CORONEL MÁRQUEZ PDF Imprimir E-mail

UN GUERRILLERO EN EL CADALSO: EL CORONEL MÁRQUEZ

Mientras algunos españoles, los “progres” afrancesados, pretextando el bienestar de España y su progreso, apoyaban la ocupación de España por los franceses, los asesinatos del que llamaban populacho y la destrucción terrible de su Patrimonio movida por el odio a nuestro pasado (es curioso como la tomaron los franceses con los símbolos de los reinados de los Reyes Católicos, Carlos I y Felipe II y sus derrotas en Ceriñola, Pavía y San Quintín, véase la destrucción de la sepultura del Gran Capitán o de Don Benito Arias Montano), otros, decidieron tomar las armas contra los gabachos.
Uno de ellos era Don Bernardo Márquez, Teniente Coronel de los Reales Ejércitos, al cual encontramos en 1810 actuando como guerrillero y atacando Baza, abandonada por una parte del ejército francés que buscaba castigar las 700 cabezas de ganado que los guerrilleros le habían quitado, condenándolos al hambre. En Baza, aprovechando la salida, causaron más de cuarenta bajas al ejército imperial, aunque tuvieron que salir huyendo tras el ataque. El apoyo del “populacho” era fundamental, así más de trescientos jinetes franceses fueron atacados en el puerto de Oria obligándoles a huir y dejando 27 bajas.
Firme partidario de la Constitución de Cádiz, la que nos daba libertad a todos los españoles e igualdad ante la ley, suprimiendo los privilegios tributarios y judiciales de la nobleza y el clero, aceptó de mala gana la llegada de Fernando VII. Pronto formaría parte de la oposición al Régimen tiránico del Borbón. Esta oposición a la tiranía le llevaría en la llamada Década Ominosa a formar parte en 1829, cuando el Régimen Absolutista va dando pasos a un gobierno tecnocrático, como la Asistencia de José María Arjona en Sevilla, tan productiva para la ciudad, a formar parte de una junta revolucionaria que pretendía algo tan tímido como que el Rey cumpliera con lo que prometió en 1814 a su llegada a España, un gobierno moderado.
De la Junta forma parte Santiago Vicente García, antiguo afrancesado, que usaba el nombre de guerra de Francisco Vázquez. Las delaciones de este traidor van a ser decisivas para acabar con la Junta sevillana y con Don Bernardo Márquez, entonces Coronel de Caballería, en la cárcel.
Se presiona al Coronel para que delate al resto de los miembros, para que aporte documentación a cambio de su libertad. El Coronel se niega a facilitar ningún dato. 
Fernando VII, enfermo y en los últimos momentos de su vida, sin heredero varón y con dos niñas que según la Ley Sálica no podrían reinar en España, busca acuerdos y rebajar la presión sobre los liberales. A Bernardo Márquez se le pide que haga una relación aunque sea falsa para salvar su vida; el Coronel se niega, su honor le impide traicionar aunque sea falsamente.
El 9 de marzo de 1832, un año antes de la muerte del Rey y el fin de su tiranía, D. Bernardo Márquez es llevado al Cadalso en la Plaza de San Francisco. Son las primeras horas de la mañana, el pueblo se muestra absolutamente contrario al ajusticiamiento de un militar apreciado por su valor y que además, para afrentarlo, se le va a dar muerte en la horca en vez de por fusilamiento como correspondía a su cargo, y salvo algún curioso nadie asiste a la ejecución.
Los compañeros de armas, a la llegada al patíbulo de Don Bernardo entero y con la frente alta, deciden dar la espalda al tablado en señal de considerarlo absolutamente contrario a sus principios.
La muerte del heroico guerrillero fue la última que Sevilla inmoló a las ideas liberales.
Treinta años más tarde una suscripción popular, levantaría este monumento en recuerdo de un hombre que debería darse a conocer en las escuelas sevillanas para formar a nuestra niñez y juventud en los principios que a él le inspiraron: Amor a la Patria, a la Libertad y al Honor.

 

 

 
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