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Jue

26

Nov

2015

EL CONDE DEL ÁGUILA: Una mentira novelesca se convierte en bandera de la progresía. PDF Imprimir E-mail

EL CONDE DEL ÁGUILA: Una mentira novelesca se convierte en bandera de la progresía.

A mediados del S.XIX, el arquitecto guipuzcuano Joaquín Fernández Ayarragaray, el mismo que construye la Casa de las Sirenas para el Marqués de Esquivel y el palacio de los Duques de Montpensier en Sanlúcar de Barrameda, levanta el Panteón del Conde del Águila en el Cementerio San Fernando de Sevilla. A este son trasladados desde la Iglesia de la Magdalena los restos del III Conde del Águila, Juan Ignacio de Espinosa y Tello de Guzmán, que fue muerto el 27 de mayo de 1808.
La muerte del III Conde del Águila está rodeada de mitos, confeccionados algunos con un fin político, coincidiendo en ello los invasores franceses, los afrancesados de entonces y los “progres” de hoy.
Según esa visión, la Sevilla inquisitorial, la que se refleja también en la represión franquista, la Sevilla del pueblo que grita “vivan las caenas y abajo el pensamiento” asesinó a un hombre ilustrado “que dió su vida por la libertad frente al oscurantismo dominante” y que detiene acusándolo de afrancesado y lo mata a golpes en “aras de un patriotismo de pandereta”.
Como se ve, al “progre” solo le interesa el pueblo para que le vote, en caso contrario lo convierte en populacho despreciable, igual que cambia la historia y la decora a su gusto. Sería conveniente que en las escuelas españolas se leyera la carta que Jovellanos, hombre, el más ilustrado de los ilustrados, escribe a su amigo Cabarrús negándose a ocupar puesto alguno en la corte del rey José I y defendiendo que la Patria esta en el pueblo.
Don Juan Ignacio de Espinosa y Tello de Guzmán, III Conde del Águila y VIII Marqués de Paradas, no murió a manos del “populacho”, ni por afrancesado; murió a manos de soldados y por traidor a su cargo y su país.

 

Procurador Mayor de Sevilla y Director de la Real Sociedad Económica Sevillana de Amigos del País, tan vinculada a la masonería, recibe noticia del levantamiento del Dos de Mayo en Madrid y del fusilamiento de los patriotas, además de la proclama del Alcalde de Móstoles llamando a la guerra contra los franceses. A pesar de ello y de la formación de una Junta en Extremadura, el 14 de mayo, el Conde del Águila, acepta acatar las órdenes de Madrid y reconoce por escrito a Murat como lugarteniente del Rey José I.
Instigado el pueblo y los militares, como el cuerpo de artillería, por un personaje conocido con el seudónimo del “Incognito”, de nombre Nicolás Tap o Tapia Núñez, y cansado de ver como no reaccionan las autoridades sevillanas ante la invasión francesa, se dirigen al Hospital de la Sangre, hoy Parlamento de Andalucía, donde está el Conde del Águila con algunas tropas que le apoyan. Capturado, es conducido al Ayuntamiento y de allí vivo es llevado hasta la Puerta de Triana donde estaba la cárcel de los Nobles, allí, sin juicio alguno será muerto por los disparos de los soldados que lo han conducido hasta prisión. Lo cuenta el Historiador Francisco Aguilar Piñal recogiendo diversas fuentes presentes en aquellos instantes. 
A partir de ahí, se ha montado una burda historia del hombre bueno, el populacho sanguinario y las “caenas”. Falsedad tan burda como la de un Conde del Águila cuyo fantasma pasó de la Magdalena al Cementerio y aun sigue como alma en pena asustando a incautos.

 

 

 
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