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VACÍO DE IDEAS PDF Imprimir E-mail

ABC SEVILLA / 13/12/2015

ESTÁ tan manoseado el asunto, que da hasta reparo volver sobre él. Es comprensible que el lector se sienta aburrido de un tema sobre el que se han vertido tantos ríos de tinta a lo largo de los últimos diez años por lo menos. Más de veinte si se cuentan los ejercicios que el edificio de las Atarazanas —a él nos referimos— lleva en manos de la Administración autonómica una vez producida la desamortización de usos militares en 1993. En todo este tiempo, ni las administraciones públicas, empezando por la Junta de Andalucía directamente concernida como propietaria del inmueble, ni la sociedad civil sevillana se han parado a pensar un minuto qué hacer con tan impresionante ejemplar de arquitectura civil medieval que encierra gran parte de la historia de la ciudad como capital metropolitana de las Indias. Se han cruzado tantas ideas como disparates, se han lanzado tantas soluciones como problemas y, al final, nadie sabe qué hacer con las

 


Atarazanas. Y de esa indefinición de los usos a los que se va a dedicar la imponente construcción deriva un programa rehabilitador que le concede todo el protagonismo al proyectista en vez de a la arquitectura: una gran plaza porticada para desventrar las salas del antiguo astillero por aquí, una terraza con vistas a la Giralda por allí y espacios neutros, indefinidos, libres para cualquier cosa y para nada: «Habrá exposiciones, arte en vivo y ciclos de cine, con música, danza, teatro, flamenco, conferencias, mesas redondas y hasta habrá lugar para el circo, aunque la prioridad será para la creación y la práctica artística contemporánea», resumía el viernes un periódico local los usos previstos en el monumento. Juzguen ustedes mismos.

La Caixa, que actúa como promotora de las obras en virtud de la cesión del conjunto arquitectónico hasta 2034, tiene todos los permisos oficiales para comenzar la rehabilitación. La Gerencia de Urbanismo se ha tomado una semana desde que la Comisión Provincial de Urbanismo, siempre tan quisquillosa con según qué proyectos, le dio su visto bueno, un año después que la presidenta de la Junta y el presidente del grupo financiero se fotografiaran bajo las bóvedas de las Atarazanas para sellar el acuerdo.

En frente, sin embargo, un grupo de reputados especialistas, profesionales de las más variadas disciplinas artísticas y conservacionistas dispuestos a discutir las prisas, los allanamientos y las intenciones últimas del proyecto arquitectónico previsto. De más saben Joaquín Egea y la Asociación de Defensa del Patrimonio que su desesperado llamamiento al despertar de la sociedad civil sevillana no surtirá efecto alguno. Pero nadie les puede negar la determinación no exenta de coraje individual, la coherencia con lo que en todo momento defienden y el profundo amor por Sevilla que los anima a plantar desigual batalla.

Es el sino de la ciudad. Puede que el proyecto de Vázquez Consuegra sea uno de tantos que hacen la ciudad inevitable que da título a esta sección: seguro que no es el más ambicioso con el grandioso pasado histórico del edificio ni el más espectacular, ni siquiera el más respetuoso con la historia. Pero es el que nos podemos permitir. O el que se pueden permitir aquellos a quienes hemos buscado para que nos devuelvan a la vida cultural el inmenso inmueble que lleva amortajado más de veinte años. Así lo debió entender el propio PGOU cuando dejó abiertas todas las posibilidades a la espera de un plan especial ulterior que ahora se desecha para no complicar la tramitación y facilitar la tarea.

Ay, si Sevilla supiera qué quiere hacer con su historia y consigo misma. Construiría una ciudad admirable en lugar de únicamente la inevitable.

 
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