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Mar

11

Nov

2008

Cualquier cosa menos una Iglesia PDF Imprimir E-mail

Que levante la mano quien se llame Hermenegildo. Ciertamente, no es un nombre que aquí abunde tanto como Paco o Manolo, sin embargo, nada menos que dos iglesias tiene el santo visigodo así llamado dedicadas en Sevilla. En esta sección ya contamos la historia del susodicho Hermenegildo, cuya cárcel y martirio ubica una leyenda en uno de los templos sevillanos que lleva su nombre: el situado en la Puerta de Córdoba, adosado al más importante y extenso lienzo de la antigua muralla almohade que se conserva.

Según esa leyenda, Hermenegildo fue allí encarcelado y posteriormente ajusticiado por culpa de haber abrazado la religión cristiana y de rebelarse contra el arrianismo de su padre, Leovigildo. La leyenda es cierta sólo en parte. En realidad, la religión obró como detonante, pero en el fondo los motivos de Hermenegildo fueron políticos, pues lo que en realidad quiso fue proclamarse rey de la Bética (pretensión que históricamente solió costar cara, como más tarde habría de comprobar en sus carnes el desgraciado marqués de Ayamonte) lo cual no fue óbice para que la Iglesia Católica lo elevase a los altares en 1585, proclamándolo al tiempo patrón de los conversos.

«Venerar rendido...»

Una placa, grabada en latín y castellano, insta al caminante a «venerar rendido este lugar consagrado con la sangre del rey Hermenegildo», cuyo escueto texto bate todas las marcas de contar mentiras. Ni Hermenegildo llegó a ser rey, ni ese lugar está consagrado con su sangre -en realidad fue ejecutado en Tarragona-, ni, para colmo, el lugar existía cuando los hechos ocurrieron, ya que la muralla donde la leyenda ubica el martirio del santo no se construyó hasta varios siglos más tarde.

Dejemos la oscura película del santo y centrémonos, pues, en la historia del otro templo que lleva su nombre, la iglesia que se alza en la plaza de la Concordia, esquina a la calle Jesús del Gran Poder, llamada de San Hermenegildo porque así se llamaba el desaparecido colegio de los Jesuitas al que perteneció.

Estamos en pleno Siglo de Oro sevillano. En el año 1580, la Compañía de Jesús construye el Colegio de San Hermenegildo, probablemente sobre trazas originales diseñadas por Juan Bautista Villalpando. Sin embargo, en los años siguientes el proyecto inicial sufriría una serie de modificaciones, hasta que en 1616, el jesuita Pedro Sánchez diseña nuevamente la planta del edificio. La construcción de la iglesia acabaría cuatro años más tarde. Es decir, para ubicarnos cronológicamente mejor, la iglesia de San Hermenegildo es coetánea del Gran Poder. Cuando fue erigida, aún se llamaba de las Palmas la calle que hoy lleva el nombre del Señor de Sevilla.

La planta de la iglesia de San Hermenegildo, elíptica e inscrita en un trapecio recto, se inspira directamente en la sala capitular de la Catedral hispalense. Cuenta con una cúpula ovalada, cuyo centro está ocupado por una cartela elíptica de la que parten doce nervios radiales que se abren al apoyarse en los muros ubicándose en estos espacios esculturas de santos.

El templo cuenta con unas yeserías atribuidas a Francisco Herrera el Viejo y la portada está considerada como una obra de Alfonso de Vandelvira. La iglesia es el único vestigio que se conserva del colegio de San Hermenegildo, que en el siglo XIX fue dedicado a cuartel de Artillería y cuya demolición, llevada a cabo en 1956, hizo surgir la actual plaza de la Concordia. En 1959 fue catalogada como monumento histórico artístico. En el último medio siglo ha sido objeto de varias restauraciones y reformas. En 1966 le fue adosada una edificación y en 2003 se le abrió una puerta a la calle Jesús del Gran Poder para permitir aquel año la salida de la Hermandad de Pasión.

A lo largo de las últimas décadas, el destino más importante que ha tenido la iglesia de San Hermenegildo ha sido albergar el salón de plenos del Parlamento Andaluz, mientras se prolongaron las obras de restauración y adaptación de su actual y definitiva sede, el Hospital de las Cinco Llagas.

Ha sido precisamente la institución legislativa una de las interesadas en hacerse con la gestión de este edificio, al que pretende devolver su función como sala de exposiciones. Dicha pretensión coincide con la del Consejo de Cofradías, que pretende instalar en él su sede. Con ser distintos, parece que ambos cometidos podrían ser compatibles, aunque la gestión del día a día pueda dar lugar a más de un conflicto.

Lo cierto es que de optarse por otorgarle esa ambivalente misión, la antigua iglesia del Colegio de San Hermenegildo no estaría más que manteniendo un sino que la lleva condenando a no saber exactamente qué es. Desde luego, cualquier cosa menos una iglesia.

Nota: Publicado en El Mundo el lunes 10 de noviembre. 

Fotos: Francisco Santiago.

 
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