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Lun

28

Dic

2015

UN ARQUITECTO SEVILLANO DA UN GIRO DE 180 GRADOS A LA HISTORIA DE LEONARDO FIGUEROA PDF Imprimir E-mail

ABC SEVILLA / 28/12/2015

CRISTINA AGUILAR

Se podría decir que fue el azar, un componente que ha estado presente en otros tantos descubrimientos a lo largo de la historia. Pero detrás de esos hallazgos fortuitos, hay también un trabajo minucioso y extremadamente complejo. En este caso, el arquitecto sevillano José Manuel Higuera Meléndez estudiaba a Antonio Ambrosio de Figueroa -que no Antonio Matías, como se le conocía hasta el momento-, para su tesis doctoral sobre la iglesia de San Pedro de Peñaflor, su localidad natal, cuando encontró en el Archivo de Protocolos de Sevilla diversos documentos inéditos de la vida y obra de Leonardo de Figueroa (Utiel, Valencia; 1654- Sevilla; 1730), abuelo de Antonio Ambrosio y genio de la arquitectura barroca sevillana, en cuya cartera figura obras como la Colegiata del Salvador, el palacio de San Telmo o la iglesia de San Luis de los Franceses.

 

Convencido de que merecía la pena aparcar durante unos meses su investigación sobre la iglesia de Peñaflor, comenzó un estudio por media España, a través del cual revela una parte de la vida de Leonardo de Figueroa que se había obviado, al darse por buenas hipótesis que otros investigadores formularon (con poco acierto) desde el siglo XIX.

Hasta ahora sólo se tenían noticias documentadas sobre la vida y obra de Leonardo de Figueroa a partir de 1679, cuando se halla trabajando en el Hospital de la Caridad. En este sentido, se situaban en tierras castellano-levantinas los orígenes familiares y el aprendizaje del oficio de Leonardo, suponiéndose su llegada a Sevilla entre 1670 y 1675, casado y con cierto bagaje profesional. Pues bien, José Manuel Higuera da un giro de 180 grados a la historia, asegurando que el nacimiento del maestro del barroco en la villa de Utiel, que data a primeros de 1654, fue «fortuito», además de documentar su infancia entre Antequera y Sevilla, donde se trasladaría finalmente a la edad de diez años para labrarse un porvenir.

El arquitecto de Peñaflor llega a esta conclusión después de hallar en el Archivo General del Arzobispado de Sevilla el expediente matrimonial de Leonardo y su primera mujer, Isabel Quintero, fechado el 20 de diciembre de 1675, en el que declara tener 22 años (aunque aún no los habría cumplido), afirmando ser «natural de la Ciudad de Antequere (sic) de donde salió siendo de edad de diez años. Y se vino a esta Ciudad [...] en la Collación de San Lorenzo».

Extracto de la toma de dichos de Leonardo de Figueroa e Isabel Quintero, donde afirma ser de Antequera y residir en Sevilla desde los diez años
Extracto de la toma de dichos de Leonardo de Figueroa e Isabel Quintero, donde afirma ser de Antequera y residir en Sevilla desde los diez años- ABC
En cuanto a los primeros años de Leonardo de Figueroa -cuyo nombre completo es Leonardo Francisco de Figueroa, algo que tampoco se conocía-, y una vez descubiertos documentos en Antequera que así lo testimonian, José Manuel Higuera los sitúa en la calle Santísima Trinidad de la localidad malagueña. Precisamente allí encontró otro documento inédito que confirma el dato de que Leonardo llegó a Sevilla con diez años: su contrato de aprendizaje. «Buscando información sobre el padre de Leonardo en el Archivo Histórico Municipal de Antequera, leí en un documento: "Poder de Matías de Figueroa a Miguel de Miranda". Me detuve en él y me puse a temblar, había encontrado el contrato de aprendizaje de Leonardo», cuenta José Manuel Higuera.

Leonardo era el primogénito y, tal y como cuenta en el estudio, era habitual que las familias los enviasen lejos para labrarse un futuro. Pues bien, dicho documento, fechado el 5 de marzo de 1672, corrobora que Leonardo estaba en Sevilla desde 1664 a cargo de Miguel de Miranda (del que se desconoce el parentesco con la familia Figueroa); y teniendo 18 años (la mayoría de edad se obtenía entonces a los 25), Matías de Figueroa, su padre, otorga un poder a Miguel de Miranda para formalizar el contrato de aprendizaje del oficio de albañilería, por un periodo de cuatro años, con José García, maestro que a partir de ese momento se encargaría de la manutención y la instrucción de Leonardo.

Durante el aprendizaje de Leonardo, los primeros trabajos para la Iglesia ahora documentados, fueron encargados a José García en el verano de 1673 por el mayordomo de la fábrica de San Lorenzo, Francisco de Suarte y Collantes, cobrando Leonardo un jornal de siete reales de vellón por el solado de varias sepulturas de la iglesia.

Con el paso de los años, Leonardo de Figueroa, maestro albañil desde 1676, recibiría encargos de mayor entidad, hasta su llegada al Hospital de la Caridad, que José Manuel Higuera data en 1677, dos años antes de la primera noticia documentada hasta ahora, entre otros motivos a causa de un cambio repentino de residencia de Leonardo cerca del Hospital. «A lo largo de la vida profesional de Leonardo, los cambios de domicilio obedecieron a la comodidad de permanecer a pie de obra de trabajos prolongados, lo que lleva a pensar que su participación en la Santa Caridad habría que remontarla dos años antes», asevera.

La capilla mayor de San Vicente, flanqueada por las ménsulas típicas de Leonardo de Figueroa
La capilla mayor de San Vicente, flanqueada por las ménsulas típicas de Leonardo de Figueroa- ABC
La capilla mayor de la iglesia de San Vicente, obra inédita
En 1691, Leonardo de Figueroa recibe dos encargos: la reforma del convento dominico de San Pablo, con la realización de la imponente iglesia, hoy parroquia de la Magdalena, por un lado, y la intervención en la cabecera y capilla mayor de la iglesia de San Vicente, una obra ésta última, que se desconocía hasta el momento. Dichas actuaciones consistían en barroquizar sendos edificios medievales, y en ambas utiliza un mismo recurso en la base del arranque de los arcos: la ménsula-capitel invertida, que con los años se convirtió en una de las firmas del maestro del barroco sevillano. Algo que también se puede observar en la iglesia del Hospital de los Venerables, donde Leonardo entra a trabajar en calidad de oficial de albañil en 1686, con 32 años, permaneciendo allí un año completo, al tiempo que era maestro mayor del Hospital de la Caridad.

Por último, en un segundo estudio sobre Leonardo de Figueroa, José Manuel Higuera publica un testamento inédito de Leonardo, del 13 de abril de 1713, en el que ofrece jugosos datos biográficos, familiares y profesionales. Igualmente, se ha conocido que Leonardo tuvo trece hijos y no doce. El «hijo perdido» es Tomás Agustín Juan, fruto de su segundo matrimonio con María Sebastiana de la Barrera y Alcohola, nacido en 1701 y del que se sabe falleció a temprana edad.

De esta forma, José Manuel Higuera Meléndez completa la vida del genio de la arquitectura sevillana.

 
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