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Ene

2016

ENRIQUE VALDIVIESO: ES TARDE PARA ORGANIZAR UNA BUENA EXPOSICIÓN DE MURILLO PDF Imprimir E-mail

EL MUNDO / 18/1/2016

JUAN MIGUEL VEGA

El 31 de diciembre de 2017 se cumplirán cuatro siglos del nacimiento en Sevilla de Bartolomé Esteban Murillo, uno de los nombres capitales de la pintura universal. La ciudad pretende conmemorarlo, pero para ello extrañamente no cuenta con uno de los mayores expertos en el artista, el catedrático emérito de Historia del Arte de la Universidad Hispalense Enrique Valdivieso. Con él hablamos hoy de la efeméride que se pretende conmemorar y de otras muchas cosas que tal vez no importen demasiado al sevillano de a pie (y menos todavía al de a caballo), aunque deberían.

¿En qué momento está la Cultura en Sevilla?

Las circunstancias sociales y políticas están en contra absolutamente. La Cultura es un elemento caro y de importancia secundaria, sobre todo para los políticos.

Cuando gobernaba Monteseirín se quejaba usted de lo mismo. ¿Nada ha cambiado?

Es igual. Para los políticos de uno y otro bando la cultura no resulta rentable.

¿Y es rentable para la ciudad?

Sevilla ha sido uno de los centros culturales más importantes de Europa. Fíjese bien, de Europa, no de España. Esa primacía cultural parece que ya no es vitola suficiente y se ha arrinconado, cuando no tirado por la ventana. Hoy, ciudades como Málaga se están moviendo mucho más a nivel cultural que Sevilla.

Al hilo de eso, ¿qué le parece el debate sobre las Atarazanas?

En las Atarazanas no se puede hacer ningún proyecto que no se ajuste estrictamente a su significado histórico y realidad arquitectónica. Hay que desenterrarlas y volver al suelo original, para que entremos y nos quedemos desconcertados y asombrados de ese magnífico espacio donde se fabricaron barcos. Nada de poner techos ni cristales ni hacer miradores en la azotea para ver la Giralda. El que quiera ver la Giralda que se vaya a las setas.

¿Es consciente de que quien opina así es catalogado de retrógrado?

Sí, claro. Esa es una baza que la progresía utiliza para atacar a los que pretendemos que el pasado se respete y nos traduzca el espíritu, la voluntad y los sentimientos que hubo en una determinada época. Ahora todo se quiere revestir de moderno y poner a todo metacrilato. Pues no señor.

¿Qué tiene la progresía en contra del pasado?

Entiende que es un lastre donde se encierra la tradición, la religión, estructuras sociales arcaicas y sobrepasadas. Prefiere la vitola de la modernidad; sobre todo, de la modernidad política.

¿Es sólo una cuestión conceptual o hay otros intereses?

Sí, claro. Esa falsa progresía, a través de la transformación, consigue unos presupuestos absolutamente tremebundos de los cuales, como se sabe, se nutre muy bien.

¿Hablamos pues de ignorancia o de desfachatez?

No son ignorantes. Muchos son gente culta, pero aborrecen el pasado porque consideran que impide ver la luz verdadera del futuro que ellos quieren alumbrar.

Hablando del futuro. En 2017 es el IV centenario de Murillo. ¿Estamos a tiempo de conmemorarlo como merece?

Con grandes dificultades. A estas alturas es tarde ya para organizar una buena exposición. Para ello habría que pedir cuadros prestados, muchos al extranjero, y un museo extranjero con menos de dos años de antelación no te da un préstamo. Así que será muy difícil que la exposición sea lo que se pretendía

¿Le han consultado?

Ni una sola palabra. Y mucho me temo además que no tengan ninguna intención de hacerlo, porque yo también pertenezco al pasado. Irán a lo de siempre. Seguramente podrán al frente un moderno que no tenga ni idea del asunto, pero al menos le dará vitola de progre, que es de lo que se trata.

¿Le frustra esta forma de hacer las cosas?

Yo estoy asombrado de cómo Castilla la Mancha promocionó el Centenario del Greco. Hubo un entusiasmo colectivo, quizá exagerado, pero Toledo triplicó sus visitas y eso benefició a todo el mundo. Aquí, sin embargo, hemos pasado del sueño de la abundancia que nos anunció Zoido, al despertar en la miseria con Espadas, que se ha cargado todo lo había previsto su antecesor. Ahora mismo ignoro cuáles son los planes exactos para la celebración del IV Centenario de Murillo.

¿Acaso Sevilla no lo valora en su justa medida?

De una manera tópica, pero no en su profunda y trascendental significación. Ya en vida su obra tuvo un gran éxito y éste se multiplicó después de muerto, hasta el punto de que para el Romanticismo del siglo XIX es el pintor más famoso de la Historia. De hecho, cuando en París fue subastada la Inmaculada que robó Soult de los Venerables, alcanzó el preció más alto que hasta entonces se había pagado por un cuadro. Pero todos los excesos se pagan. Y la exaltación que los románticos hicieron de Murillo la acabó depreciando, hasta que en los años cincuenta, Diego Angulo la puso en su sitio. Sin exageraciones. Uno de los mejores pintores barrocos de Europa.

¿Dónde radica su valor?

En que supo interpretar muy bien los tiempos que le tocaron vivir. Sevilla salió de la peste de 1649 arruinada, con la población reducida a la mitad, muchas familias desaparecieron, había miles de huérfanos. Una situación social en suma muy desfavorecida. En tales circunstancias, Murillo hace una pintura en la que los personajes del Cielo sonríen a los pobres mortales. Su obra forzosamente debía ser amable y alejada del rigor contrarreformista de Zurbarán. Los sevillanos se sintieron muy bien representados en ella y además les sirvió de consuelo.

¿Por qué nunca se fue de Sevilla?

Cuentan que Carlos II lo llamó a Madrid para tenerlo a su servicio, pero Murillo renunció y volvió a Sevilla. Tampoco fue nunca a Italia para aprender, como hicieron otros muchos.

Esa conducta le valdría hoy el epíteto de rancio.

Naturalmente. Un rancio, claro que sí. A mediados del siglo XX el gran pintor era Zurbarán, porque era cubista y volumétrico. A Murillo lo despreciaban olímpicamente. Sólo ahora se ha vuelto a recuperar como el pintor que supo paliar con el arte los dramas de su época.

¿Cuál es su gran obra?

El gran retablo de los Capuchinos, que era la primera que tenían los franceses en su lista para llevarse. Alguien se lo sopló a los frailes y estos se llevaron los cuadros a Cádiz, por eso están hoy en el Museo de Bellas Artes, no como los otros ciento cincuenta que Soult se llevó a su casa.

¿Se podría recuperarlos?

Imposible. Tras la guerra, equivocadamente, España renunció a la reparación de los expolios sufridos, pero si hubiera vergüenza y ética en el mundo, esas obras tendrían que ser devueltas.

Tengo entendido que usted va a recuperar virtualmente dos de ellas.

Sí, tras la afortunada restauración de la iglesia de Santa María la Blanca, pedí permiso al arzobispo para recaudar los cuarenta mil euros que costaban las copias de los dos cuadros de Murillo que Soult robó en este templo. Se trata del Triunfo de la Eucaristía, que está en Londres, y el Triunfo de la Inmaculada, en el Louvre. Las copias las van a hacer Juan Luís Coto y Fernando García García.

 
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