promo

Síguenos en Twiter

Banner
Banner

Mar

16

Feb

2016

LA FABRICA DE ARTILLERÍA DESVELA SUS SECRETOS PDF Imprimir E-mail

EL MUNDO / 3/2/2016

EVA DÍAZ PÉREZ

Aquí sigue oliendo a bronce fundido y a guerras lejanas. Bajo las bóvedas de la Real Fábrica de Artillería aún suenan los cañones que viajaban en los barcos de la Armada, las armas feroces que conquistaban los ultramares del imperio.

La Fábrica de Artillería es un agujero en el tiempo, una escena del pasado que se ha salvado milagrosamente de la ruina y que, a pesar de que aún está en el aire cuál será el proyecto final, resiste como una asombrosa escena de la Historia de Sevilla.

Pocos conocen la espectacular catedral donde se fundían los cañones y se realizaba el complejo proceso de barrenarlos o abrirles el ánima que evoca una metáfora poética pero que esconde el horror de un arma mortífera que aniquilaba ejércitos.

Ahora se podrán conocer los secretos de esta joya del patrimonio industrial cuya actividad terminó en 1991. Así, al mismo tiempo que se realiza la rehabilitación del edificio, el Ayuntamiento ha iniciado un proyecto de difusión que permitirá la visita los martes y sábados y durante cuatro meses. Sin embargo, la apertura estará limitada a colectivos culturales y asociaciones vecinales que cursen su petición a través de la Delegación de Cultura y la Gerencia Municipal de Urbanismo.

PUBLICIDAD
 

El delegado de Hábitat Urbano, Cultura y Turismo, Antonio Muñoz, explicó que esta iniciativa «participativa» pretende «evitar improvisaciones» y que la intervención que se haga cause al final «sorpresa en algunos colectivos», añadió sugiriendo que así se impedirá que en Artillería suceda el 'efecto Atarazanas' con un polémico debate sobre el proyecto de restauración.

Muñoz anunció además que las obras de rehabilitación concluirán en septiembre. A partir de ese momento se realizarán «actividades con carácter efímero» como espectáculos de danza, teatro, circo, conciertos o presentaciones que se harán mientras se siguen realizando las obras. Queda el vacío y la incertidumbre acerca del futuro plan director, pero Muñoz aseguró que los usos de los más de 22.000 metros cuadrados «tendrán usos culturales, pero no serán exclusivos ya que aquí hay espacio para mucho más».

Parece que el destino de la monumental Fábrica de Artillería es ir conociéndose por partes, a trozos y fragmentos, pero al menos su rescate está asegurado. Algo que no estaba tan claro cuando los técnicos de la Gerencia de Urbanismo realizaron las primeras visitas de inspección. En 2011 las cubiertas de la fábrica -semejantes a las de una catedral con bosque de arbotantes incluido- eran un jardín de jaramagos y un casi lago por las lluvias acumuladas. Y tampoco hay que olvidar la plaga de termitas que afectó a varias zonas.

«El estado era alarmante por culpa de las filtraciones. La estructura era muy firme, pero el sistema de evacuación de aguas se taponaba y provocaba peligrosas filtraciones. La entrada de agua es la gangrena de todo edificio», explica Cristina Sánchez, arquitecta técnica del proyecto de conservación.

Ahora se han consolidado las naves, linternas y cupulillas por las que entraba la luz para los oficios de fundición, ese paisaje espectacular ideado por el ingeniero Jean Maritz, responsable de las fundiciones de París, en el siglo XVIII.

Las chimeneas fabriles ya no vomitan humo y sobre ellas anidan cigüeñas funambulistas. En los arbotantes que sirven para repartir el peso en los edificios de altura hay dibujos de musgos, líquenes, grietas y otras heridas del tiempo.

«El espíritu de esta conservación ha sido respetar todo lo original del siglo XVIII y XIX y eliminar sólo lo dañino», aclara el arqueólogo Álvaro Fernández, también responsable de este proyecto de difusión que permitirá que 1.300 personas visiten el corazón de la fundición.

Este cuidado por no alterar el pasado es lo que hace más especial la visita. No hay que fabular demasiado porque la atmósfera sigue intacta. Así ocurre al entrar en la 'catedral' donde se fundían los cañones de bronce. Aún hay hollín en las paredes y las bóvedas y queda suspendido en el aire un olor a bronce caliente y a animales, los bueyes que movían el mecanismo de los ingenios.

Lo sorprendente es que hay varias capas de historia, porque debajo de estas naves donde se encontraban los hornos está la primitiva fundición de campanas y cañones creada en 1565 por Juan Morel. La saga Morel continuaría con Bartolomé, el fundidor del Giraldillo y de varias campanas de la Giralda. Porque de este vientre de fuego y bronce saldrán los paisajes de guerra que formarán el gran imperio español conquistando nuevos mundos, pero también las máquinas de matar con las que se desangró España.

La gran cúpula de la Fábrica de Artillería está rematada por la veleta del Miguelete, el soldado con bayoneta que simboliza el edificio. Un elemento que se está restaurando, pero que se encuentra muy deteriorado por lo que es probable que se coloque una copia. La fábrica también ha sido forjadora de otros símbolos pues aquí se fundió el Cañón Tigre que arrancó el brazo del almirante inglés Nelson ylos leones del Congreso de los Diputados.

«Esta Fábrica de Artillería de Sevilla estaba especializada en los cañones de bronce de la Armada, los que iban en los barcos porque eran menos pesados que los de hierro y porque soportaban mejor el salitre del Caribe», asegura Álvaro Fernández.

La otra gran fábrica del Estado era la de Barcelona cuyo símbolo eran unos tritones. En la decoración de un cañón salido de estos hornos se comprueba cuál era la marca de Sevilla: unos delfines de los que a veces subían por el Guadalquivir, esos bufeos que cantaban los poetas en sus versos.

 
Informacion