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Mar

16

Feb

2016

LECCIONES SOBRE LAS ATARAZANAS PDF Imprimir E-mail

CORREO DE ANDALUCÍA

MANUEL J. MARCHENA GÓMEZ

Un lugar común, casi adanismo encarnado por los mismos de siempre que creen que el patrimonio de Sevilla es suyo y solo ellos saben interpretarlo. Dos arquitectos que han rehabilitado desde la función pública o desde fondos públicos, siempre cuando lo hacían al lado del poder y que han considerado las obras como suyas, y no como del común; la ínclita Adepa, que con su contumacia tiene secuestrada cualquier novación de buena parte del centro histórico; la incapacidad técnica de Icomos; el Partido Popular y sus plataformas tanto periodísticas como de minoritarios ciudadanos que suelen buscar el bien propio en estos artefactos de participación. En resumidas cuentas, la tormenta perfecta que destruyó la biblioteca del Prado, acompañados de la complicidad reaccionaria de progres, que dada su trayectoria nunca bien contrastada deben ser necesariamente consultados para decir que esto no les gusta. Esta última minoría, normalmente se queda perpleja de cómo la torean la derecha y sus periódicos, en el momento oportuno de la vuelta al poder. Es más gustoso hacer oposición progre a los gobiernos locales de izquierda. Tipo Torre Sevilla.

Tengo la hipótesis contrafactual de que si el actor hubiera sido el gobierno de la ciudad de Sevilla, y no la Universidad, la biblioteca del Prado se habría materializado. Por lo menos se era experto en soportar presiones de toda índole, también judiciales, como no, de los mismos. Metropol, Alameda, Torre Sevilla, carril bici, peatonalizaciones de la Avenida, San Jacinto, Asunción, planes de barrios, nuevas zonas verdes con la Confederación, Piel Sensible en La Alfalfa, tranvía, metro... todos proyectos bombardeados por los mencionados. Y ahora Atarazanas. Y vuelta a empezar. Con alguna nueva lección para aquellos que no se cansan del dichoso adanismo.

Esta vez es el pleno municipal quien ha dado una orden fuera de cualquier encaje legal, que es parar la obra de rehabilitación de las Atarazanas, cuando tiene licencia de obras, previa decisión de la Comisión de Patrimonio. Los promotores, la Junta de Andalucía con la financiación de La Caixa, hecho encomiable y que también parece mal según sobre todo el ala de los nuevos conservadores progres que conforman la tormenta perfecta. Tiene que haber necesariamente dinero público, si no que no se haga. O financiemos a la Iglesia (católica, por supuesto) sin ninguna cesión en la atención patrimonial de sus bienes. Bueno sería, por cierto, entrar de lleno (se intentó hace diez años exactos, con la animadversión de los mismos y de los que los expolian) los grandes y abandonados conventos del casco histórico de Sevilla. No se olviden tampoco de La Gavidia.

Un hecho nuevo aparece, como digo, en las Atarazanas, que los denominados nuevos partidos e IU se alían con el Partido Popular y sus plumillas mediáticos para parar las Atarazanas. En una suerte de nueva gobernanza (Sócrates decía que antes la ley que los ciudadanos) y que con el pretexto de la participación pública sea necesario volver a empezar los 35 años de desidia, impotencia, debate inútil, ratas y jaramagos de la Encarnación, por ejemplo.

La defensa de la rehabilitación de las Atarazanas se ha convertido en un apoyo al arquitecto, vituperado por la contra como estrella y del régimen, más que por la necesidad de explicar la necesidad ineludible, cuando ahora se cuenta con los mimbres necesarios para dotar de función a una pieza estratégica en el espacio central de Sevilla, como son las Atarazanas. Por móviles de espacio público, económicos, turísticos, por supuesto, urbanísticos, ¡Atarazanas ya! Y no cuando les plazca a los de siempre. Una buena noticia en estos últimos días y que ha pasado desapercibida: los tribunales de lo contencioso han dado la razón a la construcción de un hotel en el abandonado por los tiempos, antiguo convento de San Agustín, pese a la oposición sistemática de los antes mentados.

Parece ser que la controversia se centra en abrir las Atarazanas a la calle Dos de Mayo, bienvenido sea articular el monumento al espacio público, y excavar a cota original, aquí se esgrime que no se hace por cinco millones de euros. Pero verdaderamente resultaría inviable por la sustentación del entorno y del propio edificio; cosa que se estimó en la Catedral para no trazar el metro subterráneo y desarrollar unas obras por Emasesa, también modélicas en el subsuelo de la Avenida. También pese a la oposición de los mismos. Distinto fue por sus características mejor conocidas y estudiadas, y el alto porcentaje de probabilidad de éxito, la rehabilitación del Salvador.

Estoy seguro de que el gobierno local estará a la altura para que la financiación de las Atarazanas no se pierda, que se ejerza la norma con la licencia de obras otorgada, que el arquitecto observe alguna modificación que mejore el proyecto dentro de la esencia del propio proyecto y que la Junta de Andalucía devuelva de una vez por todas a la ciudad de Sevilla unas Atarazanas funcionales para la mejor renovación del centro histórico. Hay que morir porque todas las opiniones sean escuchadas, pero Sevilla no se puede morir de inanición contumaz porque los mismos traten de bloquear lo que no les guste a su gusto, no les interese económicamente o no represente a sus intereses. Le pasó a Pablo de Olavide con su reformismo urbano, le pasó al mismísimo Aníbal González (alfa y omega, para su desgracia, de los denominados conservacionistas), con sus torres de la Plaza de España. Estos últimos cuatro años de gobierno local de la derecha y de gobernanza de los grupos aludidos son buena muestra: nada de nada.

 
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