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Mar

16

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2016

¿ES NECESARIA UNA PLAZA SIN SOL EN SEVILLA? PDF Imprimir E-mail

ABC SEVILLA / 14/2/2016

JOSÉ LUIS DE JUSTO ALPAÑES

Es cierto que las Reales Atarazanas de Sevilla han sido objeto de numerosas modificaciones, agresiones y abandonos en el pasado.

Las Reales Atarazanas cristianas son iniciadas por el Rey Alfonso X el Sabio en 1252. A raíz de su construcción, Sevilla se convirtió en la base de la naciente Marina de Castilla. Esta Marina fue protagonista de la serie de extraordinarios acontecimientos que más tarde hicieron de Sevilla, la ciudad más importante del mundo. La Real Atarazana de Sevilla fue la primera sede de la Casa de Contratación de Indias, establecida en 1503 en Sevilla, por Isabel I de Castilla, para fomentar y regular el comercio y la navegación con el Nuevo Mundo. Con ello la ciudad inició un período de esplendor que tuvo su reflejo en los ámbitos de las artes, la economía, las ciencias y las tecnologías, para cuyo dinamismo fue imprescindible el conocimiento científico y la innovación de los cosmógrafos y pilotos mayores de la Casa de Contratación, entre los que se encontró, en 1508, Américo Vespucio y más tarde Alonso de Santa Cruz, Andrés García de Céspedes y Rodrigo Zamorano. Con la pérdida de su función original, que hacía mantener su cota sólo un metro por encima de la del río, y al convertirse el Arenal en un espacio portuario defendido mediante la elevación de su cota, estas naves quedaron por debajo de ella, inundándose con frecuencia, lo que llevó a una serie de recrecidos de hasta 5 metros, la mayor parte de ellos en el siglo XVI. El primer asentamiento de las dependencias artilleras en las Atarazanas data de 1587, en tiempos de Felipe II.


En 1641 se destruyen cinco naves para la construcción del Hospital de la Caridad y su iglesia. En 1782-1783, la importancia que adquiere la Maestranza de Artillería de Sevilla conlleva una nueva operación arquitectónica que configura el edificio y su emblemática fachada tal como hoy se ve. La última intervención, de mucho mayor impacto, fue la construcción, en 1945, del edificio de la Delegación de Hacienda. Podemos decir que en esta fecha terminan las modificaciones y agresiones a las Reales Atarazanas.
Desde 1986 a 1988, la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía encarga un estudio al arquitecto Antonio Barrionuevo con vistas a su adquisición. En esta época el relleno se encontraba un metro por encima del arranque de los arcos. El edificio es desalojado por la autoridad militar en 1993. En el período 1993-1995 se realizan las obras de la primera fase de rehabilitación, consolidándose las bóvedas de las naves 2 y 4 del cuerpo de muralla. Se rebajó la cota del relleno 1 metro hasta el arranque de los arcos.
Hasta que no se retiró la cal de las paredes, con esta restauración los sevillanos no comenzaron a apreciar la suntuosidad de esta obra gótico-mudéjar, con anchas y largas naves cubiertas por bóvedas de arista. Estas naves están sustentadas por fortísimos pilastrones de ladrillo, sobre los que vuelan gruesas bóvedas, cuya belleza maravilla al visitante. Exceptuando la restauración citada, es cierto que las Atarazanas han estado bastante abandonadas, sin que se hiciera viable una restauración completa.


En 2009 la Junta de Andalucía le cedió el edificio a la Caixa por un periodo de 75 años a fin de que construyera en él un centro de difusión cultural denominado CaixaForum. En dos ocasiones durante el curso 2011-2012, La Caixa tuvo el detalle de invitar a los presidentes de la Academias sevillanas para que el arquitecto Guillermo Vázquez Consuegra nos presentara el proyecto del CaixaForum que ganó el concurso planteado en su día. Durante estos actos se nos recordó que un CaixaForum no tiene exposiciones permanentes, sino sólo exposiciones y actividades transitorias, y que esto fue comunicado a la Junta de Andalucía y al Ayuntamiento de Sevilla en el momento de su concesión. Para una Sevilla que ha perdido en poco tiempo el museo Thyssen (que se fue a Málaga) y la continuación de las obras del metro, el CaixaForum podrá proporcionarnos las actividades que ya tienen sus homónimos de Barcelona y Madrid, y, por tanto, se trata de una obra a la que deben darse todas las facilidades. En esta visita el arquitecto nos indicó que se iba a gastar poco dinero en la reparación de los arcos, bóvedas y pilastras.


A finales de 2012, La Caixa anunció que construiría el CaixaForum en otro lugar de la ciudad, y concluyó con un acuerdo con la Junta de Andalucía por el que la entidad financiera invertiría 10 millones de euros en otro proyecto cultural distinto en las Atarazanas. Y qué mejor que una restauración de las Reales Atarazanas, que tienen, de por sí, la suficiente entidad para ser el objeto final del proyecto, como, por ejemplo, la Cisterna de Estambul, que recibe cada año millones de visitantes.


Dentro de esta rehabilitación habría que restaurar algunas bóvedas, las cubiertas y, supongo, excavar parcialmente el relleno colocado cuando las Atarazanas se convirtieron en almacén, para que podamos ver cómo eran aquellas Atarazanas. No se trata, como alguien ha deslizado, de tirar el Hospital de la Caridad (importantísimo en la historia de Sevilla) ni el cuerpo delantero del siglo XVIII, ni, Dios nos libre, la Delegación de Hacienda. Se trata sólo de preservar las 7 naves que, milagrosamente, se han librado de modificaciones y agresiones. Para ello, es esencial no añadir ningún peso innecesario por encima de las bóvedas. La excavación hay que estudiarla cuidadosamente y no es necesario ni funcional, ni estética ni económicamente que sea completa. Los muros que figuran en la planta de Cartografía del ejército de 1725 podrían ayudar en las excavaciones. Una de las mayores dificultades para la excavación y la posterior estabilidad de la obra reside en la profundidad del nivel freático. Según los sondeos arqueológicos y los recientemente efectuados por el arquitecto, podemos colegir que podría haber un nivel freático colgado a una profundidad mínima de 1,85 metros y un nivel freático general conectado con el río a una profundidad mínima de 5,82 metros. La excavación máxima que habría que realizar sería de 5 metros.
Para ello Sevilla necesita el apoyo de la Caixa. Ningún reparo al arquitecto, de conocida fama internacional, pero sí a su actual proyecto. El peso del salón de actos y la cafetería que se pretenden construir encima de las bóvedas exigen un refuerzo de la cimentación que dificultaría ulteriores excavaciones. ¿Es interesante una plaza sin sol? ¿Necesita Sevilla este proyecto de no restauración de las Atarazanas? No sólo no se va a excavar sino que se va a rellenar el metro que excavó Antonio Barrionuevo.

Esperamos que organismos y personas tan importantes y capaces recapaciten.

 
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