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May

2016

LAS ATARAZANAS RECUPERAN EL DIÁLOGO CON LA CIUDAD PDF Imprimir E-mail

DIARIO DE SEVILLA/ 8 DE ABRIL DE 2016

Jorge Benavides Solís

FINALMENTE, uno de los monumentos cuya extraordinaria importancia nadie discute, recuperará el diálogo con la ciudad que al quedarse sin uso se había interrumpido durante un cuarto de siglo. 

Como decía en anteriores artículos publicados en este periódico, el proyecto de Vázquez Consuegra para las Reales Atarazanas no es agresivo, porque la intervención propuesta es reversible y dejará la posibilidad de convertir la investigación arqueológica en una didáctica aula abierta accesible a vecinos y turistas. Ésta atraerá al público para seguir su avance diario que al final permitirá apreciar parte de la muralla de la ciudad construida hace mil años. Algo similar a lo visto en el premiado documental En Construcción (2001). 

Solamente quedaba la duda sobre los pilotes que se pondrán para reforzar la cimentación. Según la explicación técnica de Eduardo Martínez M., en cualquier caso, son indispensables e impostergables porque la estructura está trabajando al límite. Por otra parte, también serán reversibles. O sea, en el supuesto caso innecesario, descenderán hasta la cota original. Con la documentación técnica revisada por el Colegio de Arquitectos a la vista me ratifico en lo que había dicho: gracias a una mesurada intervención, Sevilla dispondrá de un centro cultural con vocación americanista cuyo plan de actividades deberá hacerse público cuanto antes. Eso no anula mi gran preocupación por el inicio de la privatización del patrimonio cultural, o sea de todos, sobre lo cual no he visto comentarios. Un peligroso precedente. 

Pero las divergencias entre algunas organizaciones ciudadanas que luchan por que Sevilla no pierda su monumentalidad como Adepa, Fundación Atarazanas, Benbaso y las instituciones de Gobierno que nos representan, no han terminado. Para colmo recorren rutas paralelas. Cada una por su lado, han organizado sendas mesas redondas de autoafirmación, aquellas apoyadas en razones de importancia histórica indiscutibles, en los contenidos de la doctrina recogida en Cartas, y normas internacionales; la Junta de Andalucía, propietaria de las Reales Atarazanas se respalda en la opinión de destacados arquitectos no andaluces y en la opinión del arquitecto de confianza de La CaIxa, banco que ha obtenido la concesión del monumento durante varias décadas. 

En apretada síntesis, se trata de la manifestación de dos formas de interpretar el significado de la intervención monumental; cuestión que ha preocupado desde el Renacimiento. Se definió en dos opciones desde fines del siglo XIX. Reconstruir (Viollet le Duc) o no intervenir (Ruskin); adquirió cuerpo en El Culto moderno a los monumentos (Riegl, 1903) y, a principios de los años treinta, tomó postura a favor y en contra del movimiento de la arquitectura moderna en sendas Carta(s) de Atenas, una de las cuales marcará el origen del Icomos y de numerosas cartas, y convenciones nacionales e internacionales, cuyo contenido es útil para incorporar a la legislación pero, menos para la proyectación y el diseño que depende sobre todo de la teoría, o sea, del marco abstracto de reflexión ética y estética. 

Los hechos han dado la razón a las dos tendencias: si se hubiese hecho caso a los defensores de la tradición, el centro de Sevilla no habría perdido mucho de su rico patrimonio monumental (500 edificios) por culpa de una modernidad entendida como la aplicación reduccionista de principios de la arquitectura de los años cincuenta; pero si no se hubiese incluido la modernidad dentro de la idea de progreso, la ciudad no sería lo que es: bella a pesar de sus defectos y del silencio polisémico de sus habitantes. 

La intervención en las Atarazanas escapa de aquel antagonismo y de la judicialización iniciada por la Fundación Atarazanas que tiene sede en el Pabellón de Colombia. Va más allá. Abre el diálogo del monumento con la ciudad al conceder toda su planta baja para enriquecer el tejido urbano y aproximar el conjunto patrimonio de la humanidad (Alcázar, Archivo de Indias y Catedral) al Hospital de la Caridad, a la Torre del Oro. En suma, al Guadal grande que da vida a la ciudad. También aprovecha las posibilidades para disfrutar de nuevas perspectivas de la Catedral. 

La intervención asume el edificio con todas las huellas materiales e inmateriales impresas en diferentes épocas vinculadas a sus diversos usos que incluía, incluso la actividad de las cofradías en el siglo XVI como hace pocos días, con documentos, señaló Julio Mayo. No viene al caso, como sería posible en arqueología, recuperar el imaginario estado original del edificio porque a partir de su nacimiento ha sido intervenido según las necesidades de la época. La cota original se perdió hace cinco siglos y gracias al relleno que al final le ha dado estabilidad al edificio se ha mantenido en pie. 

 



Víctor Hugo se opuso al París que construía Haussman, seguramente Hernán Ruiz no lo tuvo fácil para construir el cuerpo alto de la Giralda, la Seu de Mallorca no sería Patrimonio de la Humanidad sin la superposición de estilos y de tiempos. ¿Quién se atrevería a arrancar de la mezquita de Córdoba la Catedral? ¿Cómo identificar el estado original de la Alhambra sin el Palacio de Carlos V? La intervención en las Atarazanas no supone un irrespetuoso atrevimiento.

 
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