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Jun

2016

JOSE MARÍA CABEZA: EL AYUNTAMIENTO ES DE EDIFICIOS MÁS ABANDONADOS QUE HE VISTO NUNCA PDF Imprimir E-mail

EL MUNDO / 6/6/2016

JUAN MIGUEL VEGA

La semana pasada recibió de manos del Rey el Premio Nacional de Restauración, que este año le ha sido otorgado en reconocimiento a su 'trayectoria excepcional'. Por sus manos han pasado la Giralda, las murallas de la Macarena, el Monasterio de San Jerónimo, las torres de Don Fadrique y la Plata, el Monasterio de la Rábida, la Puerta de Sevilla y la Necrópolis de Carmona, la Casa de la Moneda, los pabellones de la Exposición del 29, el mercado de la calle Feria y así hasta más de trescientos cincuenta monumentos. Ya jubilado, aunque con el mismo aspecto jovial de siempre, José María Cabeza Méndez (Sevilla, 1949) nos descubre que su vida ha estado marcada por el seis; su particular número áureo. Tal vez por eso no sea casualidad que esta entrevista se publique el 6 del 6 del 16.

 

¿Cuál es esa particular relación suya con número 6?
Yo empecé a trabajar en 1972 en la empresa privada. Seis años después, entré por oposición en el servicio municipal de conservación de edificios. Seis años más tarde, se crea la Gerencia de Urbanismo, a la que me incorporo. A los seis años, fui nombrado conservador del Alcázar, donde estuve dieciocho años, tres veces seis. En 2008 dejé el Alcázar y me fui a la Universidad, donde estuve otros seis años hasta que me jubilé en 2014. En total, cuarenta y dos años de ejercicio profesional. Dos cifras que sumadas, dan seis.
Una trayectoria que acaba de merecer el Premio Nacional de Restauración.
Algo que para mí era inimaginable. Es la primera vez en la historia que se da a un aparejador. Para mí es un honor.
No ha construido nada de nueva planta, ¿siente un vacío interior?
Ni vacío ni frustración; me he visto muy compensado. Y eso que cuando estudié no había asignatura de restauración, que luego yo impartí. Aprendí escuchando a albañiles y carpinteros. El primer libro sobre restauración que se publicó en Andalucía fue uno que recogía las ponencias de un curso que yo organicé en 1983.
¿Qué sensación le produce ver los monumentos en los que trabajó?
Me siento muy afortunado. Y sé también que he tenido mucha suerte. Porque si a mí se me cae un tornillo del andamio que puse en la Giralda... Aquellos tornillos, por cierto, se revisaban a diario.
¿Fue aquel su trabajo más difícil?
No. El más difícil fue el Alcázar de la Puerta de Sevilla de Carmona. El único edificio cartaginés de la península llevaba siglos sin uso y nos pusieron como objetivo abrirlo al público; eso obligaba a dotarlo de unas instalaciones de saneamiento, electricidad y conducción de agua que nunca había tenido. Allí nació mi madre. Mi abuelo tuvo un polvero en unas dependencias anejas. Era un maestro albañil muy bueno.
¿Qué edificio le impresionó más?
Con diferencia, la Catedral. Tiene unas galerías superiores que conectan todas las naves. Es perfectamente registrable en todas las alturas, y eso es admirable. Los maestros canteros que la concibieron tuvieron muy presente que sería necesario mantenerla y supieron resolver la accesibilidad a sus setenta y dos bóvedas; cosa que en muchas obras de nueva planta no se prevé.
¿No evidencia eso la soberbia del hombre actual?
La soberbia ha existido siempre en la Arquitectura. Miguel Ángel o Leonardo eran muy soberbios; pero eran genios. Lo malo es ser soberbio sin ser un genio.
¿Cuál es su opinión sobre el proyecto de Vázquez Consuegra para las Atarazanas?
Lo más honesto que tiene ese proyecto es su título, pues en ningún caso habla de restauración, sino de instalación de un centro cultural. Realmente, ni restaura ni rehabilita. Podemos discutir si es mejor o peor, pero si estamos construyendo sobre un BIC (Bien de Interés Cultural) debe cumplirse la Ley, que obliga a desarrollar un plan especial previo al contemplar un aumento de superficie. Además, las Atarazanas no es sólo un BIC, sino tres: la muralla almohade, las naves alfonsinas y un edificio del XVIII.
Hay quien dice que no hacer ese proyecto es dejar pasar una oportunidad.
Porque no conocen el proyecto ni valoran el patrimonio. Personalmente, prefiero la muerte por inanición al asesinato. Si vamos a morir, que sea cuando nos llegue la hora, no la aceleremos. Prefiero que aquello esté vacío a que se le haga un travestido que sería un insulto al patrimonio de Sevilla.

 

¿Qué le parece el estado en que se encuentra la muralla?
Es un caso lamentable de abandono. A estos edificios habría que cuidarlos como a las personas mayores, dándoles su jarabe cada día. Una cuadrilla de trabajadores que esté encima, quitando las yerbas, pintando las rejas, haciendo cuatro cosas todos los días... De todos modos, el edificio más abandonado que he visto en mi vida es la Casa Consistorial de Sevilla. De llegar a las ocho de la mañana y estar todavía encendido el aire acondicionado desde el día anterior.
¿Está de acuerdo con la remodelación del acceso de la Puerta del León del Alcázar?
Me sentó mal enterarme del proyecto a través de periódico. ¿Para qué servimos entonces los consejeros del Patronato? Ese proyecto tiene que aprobarlo antes su propietario, que es la ciudad de Sevilla, a través del pleno del Ayuntamiento. Y luego se eleva a la Comisión de Patrimonio, no antes, como se ha hecho.
¿Qué han aportado al patrimonio sevillano los últimos iconos arquitectónicos de la modernidad?
Por desgracia, la modernidad ha hecho en la historia tanto daño en Sevilla... Sin embargo, la ciudad tiene una serie de recursos naturales, como la luz, que le permiten absorberlo todo. El doctor González Meneses me contó que un día, paseando por la Campana junto a Romero Murube, éste le dijo: 'Hasta el Corte Inglés me está empezando a gustar'.
¿Qué le parecen las organizaciones conservacionistas?
Hacen una labor magnífica, sobre todo en Andalucía. Hay pueblos, cuya identidad se manifiesta a través de su lengua, como el catalán. La identidad del pueblo andaluz es su patrimonio. Es lo que nos identifica con nuestro pasado. Por eso me parece magnífico que existan.
Sin embargo, en la actualidad hay una corriente que las critica.
La corriente que yo percibo es una corriente oficial, lamentablemente. La corriente del poder político y del poder económico. Pero eso no hace sino reflejar la importancia que están adquiriendo las organizaciones conservacionistas. Si no tuvieran razón o argumentos, no se les echaría cuenta.
¿Al final, quién ganará, la destrucción o la conservación?
Si miro atrás, le diría que la destrucción, pero si miro al futuro, la conservación. La sociedad de hoy está mucho más concienciada con el patrimonio.
Usted que ha conservado tantos edificios, ¿cuál derribaría si pudiera?
Menos la Iglesia, cualquiera de la plaza de la Encarnación.
 
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