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DEFENSOR DEL PATRIMONIO MADRILEÑO PDF Imprimir E-mail

EL MUNDO / 11/06/2016

PEDRO BLASCO

El martes, 7 de junio, murió en una clínica madrileña Vicente Patón Jiménez, arquitecto, considerado por sus colegas como uno de los principales conocedores de la arquitectura capitalina y regional de Madrid, que él estudió, relató y edificó en numerosas obras y emprendimientos. Nació en 1948 en el seno de una familia represaliada por el franquismo. Con becas, se hizo arquitecto en Madrid. Su inteligencia y laboriosidad le otorgaron una versatilidad profesional que le guiaría, con plena desenvoltura, desde el mundo de la construcción al de restauración; de la rehabilitación al paisajismo y al interiorismo. Y todo ello, sin descuidar la vida asociativa dentro del Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid, ni la divulgación periodística de la Arquitectura, que amaba sobremanera, ni la docencia universitaria, ámbitos en los que cosechó numerosísimos premios y reconocimientos. Todo ello culminaría en la dirección del movimiento patrimonialista madrileño a través de “Madrid, Ciudadanía y Patrimonio”, federación de asociaciones cívicas que él crearía y presidiría desde 2009, tras ser reelegido unánime y continuadamente a partir de entonces.

Con denuedo, Vicente Patón lucharía por la integridad del legado histórico-artístico de Madrid, que conocía al detalle y que contribuyó a documentar y difundir en las principales publicaciones técnicas y ciudadanas, en calidad de director, redactor e ilustrador de los catálogos de arquitectura editados por el Ayuntamiento, por el Gobierno regional y por el Colegio profesional.

 

Ninguno de los aspectos relacionados con la Arquitectura quedó desatendido por Vicente Patón, cuya pasión profesional y sereno entusiasmo, hondamente interiorizados a lo largo de su prolífica obra, delinearon sobre él una personalidad cortés y apacible, grata y afable, pero reservada y suavemente recogida. Junto con su esposo y mejor colega, Alberto Tellería, arquitecto, fotógrafo y excelente dibujante, supo enfrentarse a grandes desafíos en su pugna por guarecer el compromiso ético de los arquitectos con la sociedad. Consiguió, asimismo, sortear muchas de las acometidas demoledoras ejercidas contra Madrid por la piqueta esgrimida por el irracionalismo pseudo-urbanístico. Patón conservó siempre una serenidad anímica que irradiaba hacia su contorno; con suprema cortesía, acostumbraba mantener una línea de entereza que le procuraba, como gran negociador, ceder en lo accesorio y mantenerse firme en lo sustancial. Vicente Patón aunaba en su persona un enorme saber erudito, una solidez de convicciones sobre la arquitectura como patrimonio colectivo y un anhelo permanente por difundir, para proteger, la riqueza natural, artística y cultural atesorada por las generaciones precedentes en torno a Madrid. Pocas veces se han dado en un profesional de la arquitectura tantas cualidades simultáneas para merecer trascender por su amor a la ciudad, dejando una estela de supremo respeto profesional y en torno suyo, un afecto tan hondo como el que hoy muestran, doloridos, quienes a su lado trabajaron y aprendieron tanto de su ejemplo.

 
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