promo

Síguenos en Twiter

Banner
Banner

Jue

30

Jun

2016

EL BELLAS ARTES "COMPLETA" SU MURILLO PDF Imprimir E-mail

EL  MUNDO 28/6/2016

JOSÉ MARÍA RONDÓN

La exposición estrella del 'año Murillo' reunirá al completo la serie pictórica más ambiciosa del pintor sevillano: el ciclo que realizó entre 1665 y 1670 para el convento de los Capuchinos, con el retorno del lienzo El jubileo de la Porciúncula como gran atractivo. La tela, que presidía el retablo mayor, salió en 1828 de Sevilla y desde 1876 cuelga en el Wallraf-Richartz Museum de Colonia. El pasado jueves por la noche, llegó al Museo de Bellas Artes entre fuertes medidas de seguridad.La pinacoteca sevillana, con su directora, Valme Muñoz, al frente, toma así la iniciativa en la conmemoración del cuarto centenario del pintor, de la que hasta la fecha sólo se ha constituido el comité científico. Salvo la reunión del conjunto de los Capuchinos, nada se sabe de otras propuestas expositivas para la cita cultural que arrancará ya en 2018. El alcalde, Juan Espadas (PSOE), avanzó también un simposio internacional sobre el artista en la Casa de Murillo, sede hoy del Instituto Andaluz de Flamenco (IAF). Nada más.Como contraprestación al préstamo de El jubileo de la Porciúncula, el Bellas Artes restaurará la enorme tela de 4,3 metros de alto por 2,95 de ancho. A causa de estas dimensiones, el lienzo será intervenido en un taller que se ubicará a los pies de la iglesia del Museo, la actual sala V de la pinacoteca dedicada a los maestros del Barroco sevillano. En este mismo espacio están colgados todos los cuadros de esta serie que posee hoy la pinacoteca. La idea es que la restauración sea visible para el público que recorra la sala. Junto a El Jubileo, el Museo negocia el préstamo de los otras dos pinturas del ciclo que le faltan para completarlo. Se trata del Arcángel san Miguel y El ángel de la guarda. El primero de ellos, después de estar casi dos siglos perdido e incluso dado por desaparecido, lo compró el Kunsthistorisches Museum de Viena en 1987. El segundo fue entregado por los monjes sevillanos a la Catedral como agradecimiento en 1814 por haber custodiado allí su tesoro artístico durante algún tiempo. Pero, por razones obvias, la gran estrella de la exposición es El jubileo de la Porciúncula. Los capuchinos sevillanos eligieron este tema por tratarse de uno de los más importantes milagros del fundador de la orden, así como por el hecho de que el convento inició sus actividades en la festividad del Jubileo, el 2 de agosto de 1627. También es probable que simbólicamente quisieran equiparar la iglesia de la Porciúncula con la que ellos habían mandado a construir, como si los fieles recibieran allí también recompensas espirituales. Lo más complejo de su producciónLa tela del Wallraf-Richartz Museum de Colonia narra la aparición de Cristo y la Virgen a san Francisco en la iglesia de la Porciúncula para prometerle indulgencias a los que allí orasen. Con la presencia de esta pintura se quiso ensalzar el mayor milagro protagonizado por san Francisco, que venía a simbolizar el apoyo que el cielo había prestado siempre a la orden franciscana. En la composición de esta obra, Murillo plasmó una de las escenas más complejas de su producción. Así, el lienzo está dividido en dos zonas perfectamente relacionadas, puesto que del oscuro interior donde reza el santo se pasa al rompimiento de gloria superior, donde aparece la Virgen con el Cristo y una nutrida corte de ángeles. María, arrodillada en actitud intercesora, lleva la habitual túnica blanca con manto azul, mientras que Cristo figura a su lado desnudo y con un manto rojizo cubriendo sus rodillas. Los expertos destacan la excelente calidad del estudio anatómico con el que Murillo describe la desnudez de Cristo, alcanzando en él, posiblemente, uno de los mejores estudios corporales realizados en su trayectoria artística. El amplio conjunto pictórico de los Capuchinos tenía su principal motivo en un retablo mayor de sencilla estructura y dos cuerpos de altura, con gruesos listones que enmarcaban las pinturas. El espacio central estaba ocupado por el Jubileo, mientras que en los laterales del primer cuerpo figuraban, a la izquierda, Las santas Justas y Rufina, y a la derecha Los santos Leandro y Buenaventura. En el segundo cuerpo, en la zona inferior, se disponían a la izquierda San José con el niño y a la derecha san Juan Bautista; en la zona superior se encontraban, a la izquierda, San Antonio y, a la derecha, San Félix Cantalicio. Probablemente a causa de su gran tamaño, la obra evitó el expolio francés, aunque estuvo entre las obras requisadas en el Alcázar. Allí permaneció hasta su traslado a la Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid. En 1814 fue devuelto al convento de los Capuchinos, aunque los monjes lo entregaron al pintor Joaquín Bejarano como pago por la restauración de las telas, muy dañadas tras su traslado a Cádiz para evitar el robo del mariscal Soult. Bejarano puso a la venta de inmediato el lienzo, que fue en 1846 adquirido, tras pasar por varios propietarios, por el Wallraf-Richartz Museum de Colonia. Casi dos siglos después, El Jubileo está de regreso.

 
Informacion