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02

Sep

2016

LA CIUDAD CENICIENTA PDF Imprimir E-mail

DIARIO DE SEVILLA / 22/7/2016

CARLOS COLÓN

POBRE Sevilla, ciudad cenicienta que debe resignarse a servir de parque temático a los turistas mientras sus hermanastras españolas -Barcelona sobre todo- reclaman que se regulen los flujos del turismo de masas que las están desvirtuando y tematizando. Leo en un periódico nacional: "A las seis de la tarde, ocho tipos subidos en cuatro ridículos cochecitos amarillos de cincuenta centímetros cúbicos atraviesan la Rambla del Raval. Llevan un casco tipo Hormiga Atómica y una audioguía a todo volumen que reseña los lugares por donde transitan alocadamente. Cuando el escuadrón pasa por delante de una terraza, un chico se levanta de golpe y a grito pelado les lanza: '¡Tourist, go home! Aquí no os queremos'. Luego vuelve a sentarse… El turismo es el cuarto problema más grave de la ciudad, por detrás del paro, la inseguridad y la limpieza, según la encuesta municipal de servicios… El barrio Gótico es el paradigma de este conflicto. Sucio, sin apenas comercio de proximidad y entregado al proceloso mundo del souvenir" (El País). 

Del cabreo ciudadano surgen quejas -"Hemos perdido nuestra capacidad de tener una vida cotidiana de barrio… Allá donde se instala el turismo, desaparecen el resto de sectores"- y florecen asociaciones como la Asamblea de Barrios por un Turismo Sostenible. ¿Y Sevilla? Como nosotros no protestamos, o lo hacemos sottovoce, no nos asociamos y las autoridades no parecen ver más salida que la monserga de potenciar la marca Sevilla como reclamo turístico (donde no hay harina todo es mohína), los medios nacionales se ocupan del problema de Barcelona y no del de Sevilla donde, según el parecer de los nativos, éste no existe. 

 



Hay además otra importante diferencia. Defender la identidad de Barcelona, su normalidad, su pequeño comercio, su vida cotidiana, es algo bien visto tanto por la derecha como por la izquierda. En Sevilla, en cambio, la "inteligencia" supuestamente progresista hace muchos años que considera cosa reaccionaria y casposa la defensa del patrimonio histórico y cotidiano, material e inmaterial. La derecha vocifera enarbolándolas como seña de identidad, pero a la hora de la verdad se desentiende igualmente del asunto. La definitiva tematización del centro histórico se consumó bajo un alcalde socialista y otro popular. Así que pongan en la puerta de este infierno hortera, que antes fue paraíso, lo que Dante puso sobre la del Averno: "Lasciate ogni speranza, voi ch'entrate".

 
 
 
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