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Sep

2016

TATARANIETO DEL TREN Y DE LA NOVELA PDF Imprimir E-mail

DIARIO DE SEVILLA / 19/7/2016

FRANCISCO CORREAL

NINGÚN otro siglo ha sido tanto, ni siquiera remotamente, una era europea", escribe el historiador alemán Jürgen Osterhammel en la introducción de su libro La transformación del Mundo, una historia global del siglo XIX a lo largo de más de mil quinientas páginas. "A veces dista mucho de nosotros, a veces es muy próximo; a menudo es la prehistoria del presente, pero en ocasiones está tan hundido como la Atlántida". El siglo XX también empieza a hundirse. El mismo autor cuenta que en noviembre de 2007 murió el penúltimo superviviente británico del Titanic y en abril de 2012 el último veterano alemán de la Primera Guerra Mundial. 

En el lapso comprendido entre 1867 y 1881 aparecen el motor de combustión interna, el teléfono, el micrófono, la telegrafía sin hilos, la lámpara eléctrica, los neumáticos, la bicicleta, la máquina de escribir, los grandes periódicos y rotativos (el Diario de Cádiz nació en 1867), las primeras fibras sintéticas, la seda artificial… La enumeración la hace en su libroIntroducción a la Historia Contemporánea el británico Geoffrey Barraclough, sucesor de la cátedra de Historia del mítico Arnolt Toynbee, el teórico de los ciclos. 

Cuando empezaron a desarrollarse todos esos adelantos técnicos y científicos la fábrica Hijos de Ybarra ya llevaba un cuarto de siglo funcionando. En el libro Más de cien años creando empresa en Sevilla, que editó la Confederación de Empresarios de Sevilla con el patrocinio de Cajasol y me cupo el honor de presentarlo el 16 de abril de 2008, Ybarra es una de las firmas con más solera. Ojalá el incendio que destruyó sus instalaciones el pasado sábado no sea sino la manifestación del fin de un ciclo que presagia la apertura de otro en puertas de sus 175 años de historia. La empresa ya recibió en 1876 un premio en Filadelfia por la calidad de su aceite. En la obra citada aparece un cartel de sus aceites puros finos de oliva pregonado por la mano del extraordinario pintor Hohenleiter. 

La mediana del siglo XIX fue fundamental en la historia personal de José María Ybarra Gutiérrez de Caviedes (Bilbao, 1816-Sevilla, 1878). Para que se alejara de los conflictos políticos de Bilbao, su padre le encargó que visitara a los diferentes agentes de la naviera Ybarra en Bayona, Barcelona, Valencia, Cádiz, Sevilla. La escala en esta ciudad cambió su vida. Se casó con la hija de un indiano. En 1842 funda Hijos de Ybarra, en 1846 cofunda con Narciso Bonaplata la Feria de Sevilla, reconocida oficialmente un año después por Isabel II. Llegará incluso a ser alcalde de la ciudad y su apellido ha seguido dignificando las más relevantes instituciones de la ciudad: la hermandad del Silencio, la parroquia de Santa Cruz, el diario Abc, la principal empresa de autobuses turísticos del mundo y por supuesto los Ybarra de Hijos de Ybarra, ya en la quinta generación. 

Da un poco de vértigo la contemporaneidad de la i griega (Y) más famosa de la ciudad. Cuando nace Hijos de Ybarra en la Sevilla de mediados del siglo XIX (1842) Gustavo Adolfo Bécquer tenía seis años, Espronceda fallecía el mismo año que nace la compañía; Carlos Marx es un joven de 24 años, dos más que su amigo y socio Federico Engels. Dickens tiene 30 años y Flaubert 21, ambos preparaban algunas de las mejores historias del siglo XIX y los venideros. Charles Darwin tenía 33 años. Dos años después de la creación de Hijos de Ybarra nace Nietzsche; catorce años después, Sigmund Freud, que no tendría que atender ningún complejo de Edipo en Hijos de Ybarra. 

 



Hijos de Ybarra, eufemismo de estos tataranietos que se echarán sobre sus hombros la prometeica tarea de reconstruir algo que es testigo de este viaje desde el ferrocarril y la novela a los nuevos soportes de la comunicación. El siglo XXI tiene los mismos números romanos que el XIX y emparedan a ese siglo XX cambalache, problemático y febril del tango. En 2017 es el centenario de la revolución rusa. No puede faltar la mayonesa en su ensaladilla.

 
 
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