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Oct

2016

OTRA FORMA DE GOBERNAR ES POSIBLE PDF Imprimir E-mail

DIARIO DE SEVILLA / 21/8/2016

JORGE BENAVIDES

CON frecuencia, dos reconocidos columnistas de sendos diarios de Sevilla y otros sevillanos analizan, critican, a veces ironizan, y con frecuencia hacen sugerencias a los representantes de los ciudadanos sobre lo que se hace o deja de hacerse en la ciudad cuyos cambios en el centro histórico parecen obedecer únicamente a imprevisibles caprichos, a desconocidas razones o a intuiciones desvinculadas de sus programas electorales pero a la vez relacionados con deseados reconocimientos futuros, entre otros, por ejemplo, la piel con piedras sensibles a la suciedad en la Alfalfa, las farolas tipo Ikea cambiadas por otras supuestas isabelinas en la Plaza del Pan y, para rematar ahora, una estructura metálica que no va con ellas, desangelada, no prioritaria por innecesaria, y que por estar desproporcionada impedirá disfrutar de un representativo ejemplo de la arquitectura regionalista de la cual puede presumir Sevilla como ninguna otra ciudad. ¿No hay un criterio de prioridad para las inversiones? 

¡Qué ganas de incordiar gratuitamente a los sevillanos! 

¿Son útiles las opiniones publicadas? ¿Ayudan a construir el espacio público que explican los filósofos, los antropólogos y hasta los políticos? ¿Qué clase y qué calidad democrática tiene éste en Andalucía? La opinión de los ciudadanos ¿desata algún diálogo enriquecedor o van a parar, como dice Sabina, donde habita el olvido? 

Visto lo visto, los alcaldes, además de imponer disciplina urbanística en la ciudad, podrían hacer pocas cosas en tiempos de crisis en el centro histórico, pero hacerlas bien; al menos tratándose de infraestructuras y de obras civiles, para evitar las frecuentes rectificaciones y reparaciones. 

En Cádiz lo comprendió bien la alcaldesa, que obtuvo mayorías absolutas pintando y barriendo la ciudad. Limpia mantuvo Sevilla Soledad Becerril o ahora el investigado alcalde en Granada, ciudad en la que hace pocos días no conseguí hacer una fotografía con una colilla o papel en las aceras llenas de turistas. Todo lo contrario al centro de Sevilla, comparativamente sucio porque, además, la solería, el pavimento o el acerado se han ejecutado mal o están para repararlos. Id a Torneo hacia el río o al abandonado recinto de la Expo 92, constatad la falta de 12 alcorques metálicos de la calle San Fernando. 

Ahora se están cubriendo con una capa de albero, hacía falta, los caminos del parque de María Luisa, sin corregir el irregular relieve para evitar que se enfanguen o llenen de agua cuando lleguen las lluvias. Cosa similar pasa en las acercas en San Agustín y en todas las de la rotonda de El Prado. ¿Tan difícil es recibir las obras haciendo correr el agua para ver que no se encharca? Los japoneses por principio hacen las cosas bien, de ahí su prestigio. 

¿Por qué no se considera más prioritario que las velas en la Plaza del Pan y su inversión poner bonitas y claras señales de acceso, ahora inexistentes, a la Plaza de España, uno de los lugares preferidos por los turistas? Cambiando el aparcamiento de las carretas de caballos, integrando el edificio del Restaurante La Raza que pronto quedará vacío ¿Por qué no adecentar en toda el área ajardinada un agradable y cómodo punto de encuentro con una pantalla de información ciudadana? 

En la situación económica que atravesamos, no se trata de saber qué alcalde de Sevilla ha hecho más, sino cuál político lo hizo mejor. En el fondo los grandes proyectos con fuertes inversiones no siempre han resultado socialmente rentables: el inutilizado estadio olímpico, el abandonado recinto de La Cartuja, el tranvía que no sabe dónde va, las carísimas setas. Y mejor no recordar los millones enterrados en el Prado (edificio municipal y biblioteca de la Universidad). Las correctas inversiones en los equipamientos de los distritos (administrativos, deportivos, culturales, sociales, educativos) han sido una respuesta lógica a las necesidades. Y las obras que han respondido al sentido común han resultado exitosas: el ejemplar carril bici, la peatonalización del centro antes de la veladorización (hasta el neologismo suena mal). 

 



Parece que si se sigue por este camino, estableciendo un programa de inversiones jerarquizadas y de obras prioritarias, nos ahorraríamos sofocones ciudadanos gratuitos como los que la actual administración municipal nos ha provocado con el gran mamotreto de la Plaza del Pan.

 
 
 
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