promo

Síguenos en Twiter

Banner
Banner

Jue

13

Oct

2016

METRO: UN TÚNEL SIN SALIDA PARA ESPADAS PDF Imprimir E-mail

DIARIO DE SEVILLA / 9/10/2016

CARLOS NAVARRO ANTOLÍN

A Juan Espadas se le pone un día cara de Zoido, cuando se dedica a promocionar procesiones y a convocar el plebiscito del escarnio, y otro cara de Manuel del Valle, cuando no hay antiácido que le ayude a tragarse el sapo del Metro. Espadas con el Metro es Manuel de Valle pero sin camisa a medida ni austero abrigo largo. Del Valle llenó Sevilla de carteles para convencer a la grey de que el Metro era inviable, una campaña para decir que no había proyecto. Enseguía ahora el márquetin político que impera aprobaría una campaña igual, una campaña en negativo… El alcalde se ha metido en pocos meses en su segundo lío. Primero fue la consulta de la fecha de la Feria (¡Han cantado gol en propia meta!) y ahora ha sido el Metro, donde Espadas se ha construido su propio túnel sin salida sin necesidad de carteles ni de campañas. Manuel del Valle se salió del Metro. Espadas se vio metido y no sabe salir.

Ha dicho el alcalde esta semana en el colegio Buen Pastor, el auditorio blanco soñado por cualquier político, que las soluciones al tráfico de la ciudad no tienen por qué pasar por el Metro. ¡Ahí va, el Metro! ¡Ahí va, los donuts! El alcalde ha dicho la verdad ante un público blanco, inocente, alumnos que formularon preguntas sobre su ciudad. Juan Espadas, por fin, ha hecho la ingestión. ¡El sapo entró! No vamos a tener más Metro. Todos estos meses hemos sido nosotros, los sufridos administrados, los que nos hemos tragado los sapos de los diversos anuncios, el humo tóxico de las declaraciones y las cucharadas de sopas bobas. Sólo la Ciudad de la Justicia ha generado tanto humo como el Metro en menos tiempo. ¿Cuántas veces nos ha repetido Juan Espadas que no hay que dejar de reivindicar el Metro? El 13 de julio de 2010, cuando era el líder de la oposición, dio la razón a los vecinos de Pino Montano que llevan años exigiendo un Metro soterrado. El 9 de septiembre de ese mismo año alabó a los diez componentes del equipo de la Junta de Andalucía que han diseñado las líneas de Metro: “Cuentan con una experiencia internacional en la ejecución de metros en las principales ciudades del mundo”, por lo que todos, según Espadas, debíamos estar tranquilos ante los imponderables técnicos del trazado sevillano.

El 29 de abril de 2011, en vísperas de su primera campaña electoral, se comprometió a promover el paso de la línea 3 del Metro por San Jerónimo, caladero de votos socialistas. El 15 de abril de 2015, a un mes de las elecciones, sentenció: “Retomaré el Metro y derogaré la nueva zona azul”.

La coincidencia de gobiernos socialistas en el Ayuntamiento y en la Junta de Andalucía a partir del verano de 2015 servía en bandeja la ejecución de nuevas líneas de Metro. Ya no cabía la confrontación entre ambas administraciones. Zoido ya no estaba. Espadas sería un nuevo estilo, por fin había llegado el gestor a la Plaza Nueva como el tapicero a su ciudad, señora.

El pasado 27 de julio, metidos en las calores y sin sombra en la Avenida, el alcalde exigía financiación para el Metro al gobierno central, que todos sabemos que está en funciones y que tiene las manos atadas, pero el rigor es lo de menos. Se trata de confrontar. De hacer ruido, de vivir de la renta efímera de un titular, de echar el balón a la olla de las administraciones para señalar a todas y a ninguna a la vez . Espadas se ponía gallito ante el Ministerio de Fomento cuando la Junta de Andalucía ya daba por perdidos los proyectos de nuevas líneas, cosa que destapó recientemente este periódico. Sevilla tiene Metro, sí. Literal. Una única y solitaria línea de Metro. El 22 de septiembre, Espadas tildó el crecimiento de la red de Metro de “irrenunciable”, pero advirtió que la ciudad no estará parada mientras se inician unas obras ya descartadas por la Junta. Y tanto que Espadas no está parado, por eso agita el sonajero de la ampliación del tranvía hasta Santa Justa, ha ampliado en más de 3 kilómetros el autobús que cubre el Polígono Carretera Amarilla, ha creado las lanzaderas entre la Cartuja y el apeadero de Blas Infante con el pretencioso nombre de Tussam exprés, ha potenciado la línea C5 que pasea a velocidad de tío vivo a cuatro jubilados cada tres horas por el casco antiguo, y no para de referir que hay “otras soluciones” antes que el Metro cuando se relaja y dice la verdad antes tiernos infantes. Por fin asume en público el discurso de la Junta de Andalucía largamente ocultado en los despachos: Sevilla tendrá más autobuses y tranvías, pero no más Metro.

El alcalde sabía de sobras que la Administración autonómica tenía tirada la toalla del Metro sevillano pese al elevado coste (18 millones de euros) que había tenido el diseño de las líneas que faltan. Por eso llevaba varios meses exhibiendo los nuevos planes de Tussam sin verle la salida al túnel del Metro. Por eso Zoido tenía preparados en el cajón los proyectos de ampliación del tranvía a Sevilla Este y a la Plaza de Armas, dos nuevas líneas estudiadas por Tussam de cuyos detalles informó este periódico en agosto. Todos sabían la verdad y se fabricaron las respectivas salidas de un túnel donde se ahogan los sueños de Sevilla por ser de nuevo una gran ciudad.

El alcalde fija mientras otro objetivo para el mandato: acabar con el Vacie. Sevilla en blanco y negro en pleno 2016. De erradicar el Vacie ya habló Franco. Hasta lo visitó. Y la primera ley de Metro de la ciudad es de las cortes franquistas, de 1968. Seguimos con el Vacie como Hurdes a lo hispalense y tenemos un Metro menguado, insuficiente para una ciudad que roza los 700.000 habitantes y que en buena parte discurre por la superficie. Espadas cualquier día, entre viaje y viaje a Málaga, nos habla de recuperar el Canal Sevilla-Bonanza, reabrir Ecovol o reinstalar las sillas de tijera de color verde de la Plaza Nueva.

Ni Metro, ni cercanías al aeropuerto. Y Espadas sacando pecho al quejarse de que las cláusulas sociales de los contratos municipales son tan innovadoras que abrirían los telediarios si se tratara de Madrid y Barcelona. No se preocupe el señor alcalde que los sevillanos nos hemos hartado de salir en los telediarios el último mes entre su consulta sobre la Feria y el pifiazo de su compañera Verónica Pérez a las puertas de Ferraz. Eso es lo que le ha pasado al alcalde con el Metro, que ha hecho un Verónica Pérez al exigir un proyecto con mucha energía, obtener un portazo del gobierno amigo de la Junta y aplicarnos el placebo de unos cuantos autobuses más. Esperemos, al menos, que seamos capaces el próximo verano de colocar bien los toldos de la Plaza del Pan al primer intento y que al alcalde se le quite la cara de Manuel del Valle, quien, por cierto, nunca bailó en la Feria. Ni prometió el Metro ni la Ciudad de la Justicia. Al menos nos anticipó la verdad. El Metro sigue siendo un tunel sin salida. Aunque nunca haya que perder la fe. Dios existe, decían los autobuses de Tussam. Siempre Tussam.

 
 
Informacion