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¿POR QUÉ SE ESTANCA EL USO DE LA BICI EN SEVILLA? PDF Imprimir E-mail

VIVA SEVILLA / 7/10/2016

RICARDO MARQUÉS

Desde el año 2011 en el que se celebró en Sevilla el congreso Velo-City el uso de la bicicleta en Sevilla ha venido experimentando un lento pero continuado descenso. No es una buena noticia para la ciudad que el uso de la bicicleta descienda, ya que ello implica mas contaminación, más ruido y más inseguridad en nuestras calles.

Una primera causa para ese descenso ya la puso sobre el tapete el Consejo Económico y Social de Sevilla al denunciar el estado de abandono en que se halla la amplia red de vías ciclistas de la ciudad. Pero no creo que esta causa sea la única causa, sino más bien la “punta del iceberg” de un conglomerado de causas que, afortunadamente, son reversibles. Un aspecto importante del problema es que los diferentes modos de transporte de una ciudad son como vasos comunicantes: lo que se haga para favorecer o reducir el uso de uno de ellos no sólo aumenta o reduce su uso, sino que afecta de modo opuesto a los demás.


El año 2011, inicio del descenso paulatino en el uso de la bici, fue también el año en el que se desmanteló el “Plan Centro”, que limitaba el uso del coche en el Casco Histórico. A partir de ahí es conocido que se han sucedido medidas todas ellas encaminadas a promover el uso del automóvil privado en la ciudad. Todo ello acabó provocando que, pese a la crisis económica, el uso del coche esté de nuevo remontando en Sevilla, en detrimento no sólo de la bicicleta, sino también del transporte público y los desplazamientos a pie.


Otro aspecto importante, sobre todo de cara al futuro, es que el efecto de cualquier infraestructura tiende a saturarse a medida que su uso se generaliza. Construir una modesta carretera local entre dos poblaciones antes incomunicadas tiene un efecto mayor en el bienestar de la gente que sustituir dicha carretera por una autopista.


Lo mismo pasa con las vías ciclistas: una vez construida la red de vías ciclistas, que garantiza la accesibilidad segura en bicicleta por toda la ciudad, seguir aumentando el número y la calidad de dichas vías tiene un efecto también positivo, pero menor que el de la creación de la propia red. De modo que son necesarias nuevas actuaciones, cualitativamente diferentes, para conseguir un impacto positivo en el uso de la bicicleta comparable al que tuvo la creación de la red de vías ciclistas.


Pero las administraciones públicas tienden a ser conservadoras y a seguir apostando por las  mismas medidas, en lugar de innovar apostando por medidas diferentes  pero quizás mas necesarias. No quiero decir con ello que haya que dejar de hacer vías ciclistas, sobre todo cuando su construcción se ha convertido en una reivindicación popular en muchos barrios de Sevilla. Sólo digo que si queremos seguir avanzando al ritmo que avanzamos entre 2007 y 2011 es preciso desarrollar otras medidas diferentes de la mera extensión de la red ciclista que acaben con los cuellos de botella que todavía se oponen al desarrollo de la movilidad ciclista.


¿Cuáles podrían ser esas medidas? En primer lugar avanzar en la integración de la bicicleta en la movilidad urbana mas allá de las vías ciclistas. Estoy hablando de políticas de señalización, de calmado de tráfico y de discriminación positiva hacia la bicicleta en la vía pública. El otro gran cuello de botella es el aparcamiento seguro, no sólo en la calle, sino en origen (comunidades de vecinos) y destino (lugares de trabajo, de estudio, de ocio, estaciones del transporte público, etc...). Son actuaciones que pueden abordarse a un coste muy inferior al que tuvo en su día la creación de la red de vías ciclistas y que el Ayuntamiento debería abordarlas cuanto antes si queremos que Sevilla siga avanzando por la senda de la movilidad sostenible.

 
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