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26

Oct

2016

LA OPORTUNIDAD DE LAS ATARAZANAS PDF Imprimir E-mail

DIARIO DE SEVILLA / 23/10/2016

MARÍA JOSÉ GUZMÁN

SEVILLA ya ha perdido muchos trenes. Después de que un juez haya suspendido cautelarmente la licencia de obras para la rehabilitación de las Atarazanas, hay quienes piensan en la ciudad -habría que medir cuántos son exactamente- que a ése era mejor no subir. Ni ahora y ni antes. La recuperación de los astilleros medievales del Arenal, los más antiguos de Europa, es un tema que hace tiempo que está politizado. Es un rehén en la lucha entre administraciones públicas y colores políticos, una pelea en la que también tienen cabida otros actores de la denominada sociedad civil. Quien se dé por aludido, que tire la primera piedra. 

Volviendo la vista atrás, que la historia arrastra muchos capítulos, fue en 2008 cuando la Junta cedió por 75 años a la Fundación La Caixa el recinto, que ya era Bien de Interés Cultural (BIC), para instalar allí el Caixafórum, un centro para exposiciones y citas culturales. Y el arquitecto Guillermo Vázquez Consuegra diseñó la intervención, que suponía una inversión de 25 millones de euros. (Ya es difícil hablar en esas cifras). Pero la entidad bancaria decidió en 2012 abandonar el proyecto tras una batalla burocrática entre la Junta de Andaluciá y el Ayuntamiento a cuenta de la necesidad de un plan especial para proteger el recinto. Y el Caixafórum migró a la Torre Pelli. Tras un agitado debate político y social, se negoció un nuevo acuerdo marco que reducía la aportación privada a diez millones. En junio de 2014 se presentó un nuevo proyecto, que tiene como eje el diálogo con América, y a finales de dicho año se firmó el nuevo convenio. Y era ahora cuando, despuésde tantos desencuentros y desengaños, parecía que había llegado la hora de las Atarazanas. No en vano la idea era que estuviera lista para la efemérides de Magallanes en 2019. 

Pero todo ha vuelto a la casilla de salida por más que el alcalde, el socialista Juan Espadas, hubiera prometido que el centro cultural allí proyectado sería una realidad en un mandato que ya enfila el ecuador. Y es entonces cuando el fantasma del tren perdido vuelve a aparecer. ¿Se irá la Caixa de este proyecto como ya se fueron otros inversores de la ciudad en el anterior mandato? Lo que parece claro es que no dejará de invertir en otras ciudades. 

El anterior alcalde, Juan Ignacio Zoido, tenía muy claro cuál era el antídoto para este mal: caminar todos de la mano en el mismo sentido. Y quizás por ello desconcierta tanto el festejo que algunos grupos políticos municipales hacen de este asunto. El gobierno de Espadas no se ha pronunciado aún oficialmente y, de entrada, garantiza el máximo respeto a la decisión judicial, es lógico. Pero su postura es fácil de dilucidar, puesto que ya sufrió a cuenta de las citadas obras una derrota política en el Pleno municipal de enero. Entonces Espadas insistió en que no había ningún atentado contra el patrimonio, como defienden los conservacionistas de Adepa, a quienes el juez ha dado la razón en primera instancia. Es el propio arquitecto el que asegura que la intervención tampoco es irreversible, como plantean grupos como Participa Sevilla o Ciudadanos, mientras lanzan un SOS por el patrimonio industrial de la capital. Unos argumentos que desconciertan, como lo hace el propio PP, que fue quien dio el primer informe favorable al proyecto. Pero estos días en el PSOE muchos recuerdan la foto de Zoido sonriendo junto a los responsables de La Caixa tras confirmarse el abandono del proyecto. ¿De qué se reía Zoido? Ni lo explicó ni creo que tenga previsto hacerlo, pero aplaude la decisión judicial. Quizás aquélla, y el PP lo sabía, no era la hora de las Atarazanas. ¿Y cuál es? 


Si algo hay que arreglar o cambiar en la otorgación de la licencia, debe hacerse por supuesto. Todo lo que sea necesario para evitar un daño sin reparo en el monumento. Pero si hay alguna posibilidad de evitar que los antiguos astilleros acaben en ruina también debería asegurarse una intervención. Sólo así se garantiza la conservación del patrimonio. Y, en definitiva, de eso se trata. ¿O de qué va esto?

 
 
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