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26

Oct

2016

DE ARQUEOLOGÍA EN LAS REALES ATARAZANAS PDF Imprimir E-mail

DIARIO DE SEVILLA / 10/10/2016

FERNANDO MENDOZA

NO cesan de aparecer artículos de opinión sobre las Atarazanas contrarios al proyecto del Arquitecto -con mayúsculas- Guillermo Vázquez Consuegra. Sobresalen los firmados por José García Tapial y Fernando Mendoza. Van modificando objetivos y puntos de vista en una guerra sin cuartel donde descuella la estrategia de repetir muchas afirmaciones alegres cuando no falsas, no obstante haberlas rebatido, bien la Administración, bien los técnicos. Entre las afirmaciones no faltan, por supuesto, las relacionadas sin pudor alguno sobre cuestiones arqueológicas del edificio, disciplina que parece también dominan. 

Las opiniones que ofrezco -permítanme este largo párrafo- tienen como respaldo el ser el arqueólogo que ha estado en ese edificio desde el principio, unas veces como director de las excavaciones y otras como coordinador; o asesor de siete de los 10 arquitectos convocados al concurso del Caixaforum, desarrollando la propuesta arqueológica para el ganador, Vázquez Consuegra. Lo único que no he realizado ha sido la adaptación para el actual proyecto que propugna el Centro Cultural de la Fundación Cajasol, de menor entidad. Creo no equivocarme en afirmar que soy una de las personas que mejor conoce el edificio, de una manera transversal ya que, aparte de haber hurgado en su historia, entrañas, muros y cubiertas, he bajado hasta sus fundamentos -privilegio que comparto con Agustina Quirós- y he trabajado con todas las propuestas, actuaciones y arquitectos que han pasado por allá, que no son pocos desde 1988; ingenieros de distinta especialización; empresas de geotecnia, geotermia, historiadores, documentalistas, artistas y un largo etcétera de profesionales. Aparte, he trabajado como arqueólogo en proyectos sobre monumentos, infraestructuras y espacios urbanos de complejidad significativa en Sevilla, Huelva, Córdoba o Málaga. En algunos de ellos con Fernando Mendoza, como en La Cartuja o en el Salvador, por lo que también sé lo que es bajar en estos espacios, porque los he bajado yo, y sé las diferencias que hay entre el Salvador y las Atarazanas. 

Unos piensan y defienden que fue un edificio abovedado en la Edad Media, lo cual es erróneo, aparte de que las bóvedas existentes son del s. XVIII para unas naves de menor altura; García Tapial desarrolla teorías sobre la importancia de la luz o de las superficies abiertas desde el estado actual del monumento cuando el edificio ha registrado diferentes modelos de iluminación natural y de distribución interior de espacios, cubiertos y abiertos, en sus siglos de actividad, y tantas otras elucubraciones erráticas. Mendoza insiste en afirmar que el conocimiento arqueológico del edificio es insuficiente; o que "el bosque de micropilotes" del refuerzo que se proyecta en los pilares impedirá excavaciones en el futuro o que la colocación de los micropilotes supondrá un daño irreparable para esos depósitos. ¡Qué casualidad! Ahora defiende el interés de unos depósitos arqueológicos que hace meses calificaba de simples lodos y escombros, fáciles de retirar, pecata minuta. 

No sé si los lectores habrán caído en la cuenta de que no ha salido en prensa voz alguna de arqueólogo que defienda las posiciones catastrofistas de Adepa con respecto a esta cuestión. Hay arqueólogos responsables del Colegio Oficial de Doctores y Licenciados que han revisado el proyecto y no han visto problema, por la simple razón de que somos menos voraces de lo que piensan muchos y una parte de nosotros dispone de una formación y experiencia muy cualificada en el tratamiento de las edificaciones históricas y de su problemática patrimonial. 

Los micropilotes que se proyectan como refuerzo de la cimentación de los pilares inciden de manera puntual -es evidente- y muy reducida en afección superficial -son "micro", 15 cm de diámetro- sobre los depósitos arqueológicos de las Atarazanas. La ubicación de los micropilotes es muy próxima a los pilares, sin tocarlos, dejando libre casi el 99% de la superficie de las siete naves como amplísima reserva arqueológica y apoyo funcional de la cimentación original. La estructura de refuerzo perfora en sentido transversal los enormes pilares con dos pasadores metálicos de tan sólo tres centímetros de diámetro, una afección irrisoria, oculta y asumible, necesaria para su estabilidad. La Puerta de Sevilla de Carmona, por ejemplo, está "cosida" con anclajes metálicos atirantados para garantizar su estabilidad porque era necesario, como en tantos otros edificios. 

Los depósitos arqueológicos contienen restos de muros de ladrillo uniendo algunos pilares para formalizar amplios espacios de almacenes en la edad moderna; diversos pavimentos rústicos a diferentes profundidades y los rellenos de tierras entre pavimentos, de cuyo interior extraemos muestras de todo tipo para estudiar y analizar. Esta realidad se ha testado en los sondeos realizados y corroborado por la documentación escrita y gráfica que describe el proceso de ocupación de las Atarazanas en los siglos XVI a XVIII. Se trata de unos depósitos fáciles de excavar por su homogeneidad y baja complejidad estructural, aunque de dimensiones gigantescas. Toda esta realidad es evidente para cualquier arqueólogo, lo ha sido para la Administración competente, y no es de recibo que quien no lo conoce alarme y pontifique sobre ello, demostrando ligereza y temeridad cuando menos, y no así el equipo de técnicos del proyecto, puesto en duda de continuo. 

Tampoco habrán leído ustedes artículos de arqueólogos defendiendo o respaldando la pretensión de bajar la totalidad del espacio interior del edificio hasta su base. Los arqueólogos aceptamos, de mejor grado que muchos arquitectos, la realidad histórica que contienen los edificios y que respalda la ley de Patrimonio Histórico Español. El proyecto para el Caixaforum presentado por Vázquez Consuegra proponía rebajar la banda del fondo del edificio junto a la muralla y barbacana, idea desechada por La Caixa y ahora rescatada. La presión de la opinión publicada ha sido importante en esta cuestión, pero Cultura ha optado por recuperar aquella propuesta inicial y nunca el rebaje completo como exigían los más procaces. 


Como arqueólogo conocedor del edificio, admirador y respetuoso de toda su historia he de manifestar que esta opción es idónea para exhibir con generosidad y eficacia escenográfica las grandes etapas históricas que han recorrido las Reales Atarazanas, desde el medievo islámico hasta la contemporaneidad. Todo ello configurará un espacio rico y espectacular, que sí lo hará único en Europa.

 
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