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VARIACIONES SOBRE TEMA SEVILLANO PDF Imprimir E-mail

DIARIO DE SEVILLA / 18/11/2016

FRANCISCO CORREAL

Acetres, 6. La casa, ayer, estaba cerrada a cal y canto, como el vecino solar de Vilima. Preside la puerta el rótulo de Cristalería Valeriano Díaz. Una curiosa premonición. En el último libro de Luis Cernuda (Sevilla, 1902-México, 1963), Desolación de la Quimera, hay un poema en el que evoca su infancia y tituló Niño ante el cristal.

El principio en el final. Cuando el tiempo, sobradamente, ya lo había alcanzado, ya lo había expulsado del edénico paraíso de esa casa típicamente sevillana, casa de medio patio en la definición técnica del arquitecto Antonio Barrionuevo. Vive allí hasta los 13 años, cuando en 1915 ascienden a su padre a coronel y se mudan al cuartel de Ingenieros de la avenida de la Borbolla.

En esa casa se hace poeta, descubre "un mundo, un universo proustiano, de cosas pequeñas, aparentemente insignificantes: los pregones, el paso de las estaciones". La casa está en venta, la Junta acaba de iniciar sobre el solar un expediente de Bien de Interés Cultural. Prosa poética de segunda fila. La de primera fue Ocnos y un ejercicio muy estimulante sería recorrer los rincones de esa casa después de leer esa Sevilla de su infancia y adolescencia que reconstruyó desde el exilio de Glasgow.

Toda la información de los párrafos precedentes es un préstamo generoso de tres de las personas que más saben de Luis Cernuda Bidón. Los tres fueron convocados ayer por el Ateneo, el promotor de la reunión iniciática de la generación del 27 -Cernuda no está en la foto, estaba sentado entre el público- en un acto que contó con la colaboración de la Asociación para la Defensa del Patrimonio (Adepa). Objetivo: salvar y rehabilitar Acetres, 6.

Rogelio Reyes lo ha enseñado en las aulas; Antonio Rivero Taravillo escribió la biografía del poeta, dos volúmenes que merecieron el premio Comillas del género; y Julio Manuel de la Rosa hablaba de Cernuda cuando nadie lo hacía. El epígrafe de este acto reivindicativo llevó el título de un libro suyo, Albanio en el Edén. Personaje de una égloga de Garcilaso que simboliza los primeros deslumbramientos que vive el poeta en esa casa. Entre ellos, el de la propia poesía en la lectura de Bécquer en un libro que le prestaron a su hermana.

"El poeta que murió en una casa amiga, la de Concha Méndez, mujer de Altolaguirre, en México, el esquivo, el antipático Luis Cernuda va a tener su casa propia". Rivero Taravillo se mueve entre la realidad y el deseo. Le gustaría que en Sevilla pasase lo que en Londres, donde además de ser del Arsenal o del Chelsea se pueden visitar una de las casas de Dickens y la de Keats.

"Sería una pena y una vergüenza para Sevilla que esta casa de Cernuda no se pudiera salvar y rehabilitar". Rogelio Reyes es uno de los valedores de la causa. Además de estudiarlo y enseñarlo, demostró documentalmente que el viaje de los poetas del 27 a Sevilla lo sufragó el Ateneo, y no el torero Ignacio Sánchez Mejías, como recordó Miguel Cruz Giráldez, presidente de la sección de Literatura del Ateneo.

Un poeta tan reflexivo es paradójicamente "muy sensitivo, porque es muy romántico y me recuerda a su tan denostado Juan Ramón Jiménez", dice Rogelio Reyes. Rivero Taravillo cree que Cernuda no ha tenido suerte con sus paisanos. Pone dos ejemplos: La Fundación Luis Cernuda, que habita en los dominios del olvido después de tanto botafumeiro oficialista; y el instituto Luis Cernuda, que desapareció de la nomenclatura escolar al fusionarse con el Salvador Távora, prevaleciendo el nombre del dramaturgo del Cerro del Águila.

Hace cinco años, después de señalar la memoria de la generación del 27 en los Jardines Cristina, Antonio Barrionuevo empezó a pensar en la recuperación de la casa de Cernuda. La midió, la tasó, evaluó los costes. "El problema no es el estado de la casa, es la tipología. Recuperar esta casa es recuperar una parte de Sevilla". Pocos autores, dice Rogelio Reyes, han sublimado un domicilio como hace Cernuda en Ocnos. Como el Macondo de García Márquez, la Santa María de Onetti o la Vetusta de Clarín, esta Sevilla de Acetres podría ser revisitada como paraíso literario.

Poeta nacido el mismo año que Alberti, en la misma ciudad que Aleixandre -ambos, hijos de militares-, alumno de su compañero de generación Pedro Salinas, que según Julio Manuel de la Rosa vio en Perfil del Aire influjos de Jorge Guillén y le indicó el camino de los clásicos y de autores franceses que como André Gide le reconcilió con sus demonios.

El niño se convirtió en Albanio en la casa de Acetres. El Ateneo quiere que ahora sí esté en la foto y vuelva a su casa con un verso del poeta Wordswoth: "El niño es el padre del hombre".

 
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