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Jue

05

Mar

2009

El Besahuevos de Pelli PDF Imprimir E-mail

Pongan Díaz Recasens. Pongan Vázquez Consuegra. Pongan Marín de Terán. Pongan Cruz y Ortiz. Pongan cualquier gran arquitecto de esta ciudad donde decía don Antonio Delgado Roig que hay más arquitectos que albañiles. Y pongan Pisa con su torre inclinada. O Venecia con su Campanile. O París con su Torre Eiffel. Y pongan que Consuegra mismo, o Díaz Recasens, llegan a París para trincar la tela con una marrarrachada bajo el brazo: el proyecto de un rascacielos-torre de siete mil pisos. Y cogen y se ponen a pontificar ante los parisinos:

 

—París no puede quedarse anclada en la Torre Eiffel. La Unesco no puede pensar que la Torre Eiffel sea para siempre el pináculo de París. La ciudad tiene que seguir y no quedarse sólo con la Torre Eiffel. Estoy convencido de que mi rascacielos es lo que le hace falta a París.

¿Qué hubieran hecho los parisinos ante semejante chulería de un arquitecto tirado en paracaídas, que ni sabe qué es París, ni dónde se toma café en París, ni dónde están los Campos Elíseos, ni nada? Pues seguramente lo hubieran corrido a gorrazos, y lo hubieran tirado al Sena desde el puente del Carrusel, y le hubieran dicho que se metiera su rascacielos por el bullarengue.

Bueno, pues aquí, sin fábula alguna, de verdad de la chachi, ha llegado un arquitecto argentino que vive en Connecticut, un tal César Pelli, y nos ha dicho lo que tenemos que hacer y lo que no tenemos que hacer, empezando por rebajar a la Giralda, símbolo universal de Sevilla, a plato de segunda mesa en el horizonte. Y ha añadido que Sevilla no entrará de verdad en el siglo XXI hasta que construyamos su torre de él, y él se lleve la morterá camino de Estados Unidos, como si aquí no hubiera arquitectos de prestigio internacional: «Fagamos una Torre Pelli tal que a la Giralda le den por saco».

¿Y qué han hecho los sevillanos? ¿Apuntarse en masa a la loable plataforma del «Túmbala»? ¿Correr a gorrazos al argentino del tango y del tongo y devolverlo por Seur? En absoluto. Fieles a las más rancias tradiciones de los carcas, los progres han organizado el besahuevos de Pelli. Empezando por el alcalde. El que tenía que defendernos de estas agresiones exteriores y preservar a la Giralda como el símbolo que nos da de comer cual atracción del turismo, nuestra primera y casi única industria, se ha puesto de parte de Pelli. Dice el alcalde que no son representativas las voces críticas contra la mamarrachada y la catetez del rascacielos. Ya lo sabe usted: aquí el representativo es Pelli, joé, un argentino que no sabe dónde está la calle Sierpes; la representativa es Cajasol.

Y para cargarse a Sevilla han sacado la habitual coartada de los puestos de trabajo. Es igualito que cuando derribaron la Casa de los Guzmanes y la de Sánchez Dalp en El Duque para hacer el Cortinglés. El Ayuntamiento de entonces, como el de ahora, argumentó que se creaban muchos puestos de trabajo. Toma, y si derribamos la Catedral y ponemos un Mercadona también se crean muchos puestos de trabajo, ¿no te jode?

Lo que no me explico es que Cajasol mande más que el sentir de los sevillanos. Que Cajasol sea un poder fáctico por encima del Ayuntamiento. ¿Cómo está todo el mundo tan plegado a Cajasol? ¿Tanto dinero le deben a Cajasol? El bético «lo que diga Don Manué» que citaba ayer el dilectísimo Ignacio Camacho ha sido cambiado por «lo que diga Cajasol». El Ayuntamiento y Cultura son ancilares de Cajasol. Y además, ¿está la caja de Cajasol para estos trotes? Me escama que una caja de ahorros busque a dos bancos para financiar su atropello contra el patrimonio artístico. Me escama tanto como si en las urgencias del Sagrado Corazón llamaran al 061 cuando les llega un tío con un infarto.

 

 

 
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