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Jue

05

Mar

2009

Conservar o evolucionar la ciudad PDF Imprimir E-mail
A menos de un mes del inicio de las obras de la Torre Cajasol, el primer rascacielos de Sevilla sigue suscitando un intenso debate como se pudo comprobar ayer en el Ateneo de Sevilla. La institución acogió anoche la última sesión del ciclo organizado por el Colegio Oficial de Arquitectos de Sevilla sobre la relación entre edificios en altura y ciudades históricas. El decano de los arquitectos de Sevilla, Ángel Díaz del Río, moderó una mesa redonda en la que participaron los arquitectos Antonio Séseta y José Antonio Carbajal, el catedrático de la Escuela Superior de Arquitectura de la Universidad de Sevilla José Morales, el antiguo presidente del Comité Nacional Español de Icomos y presidente de honor del Consejo Europeo de Urbanistas, el valenciano Álvaro Gómez Ferrer, y el director general de la firma empresa libanesa Gaia Heritage especializada en la afección de edificios sobre patrimonio, George Zoauin.

Sáseta fue el más vehemente en su rechazo, aduciendo que se trata de "un edificio construido como un valor de cambio cuyo objetivo es el negocio del que no participamos como ciudadanos". El arquitecto aseguró que la torre provocará un incremento del precio de los alquileres de oficinas en la ciudad y resaltó que se debería haber consultado a la ciudadanía antes de romper "una costumbre que se había convertido en norma", el límite de altura de los edificios.

José Antonio Carbajal matizó que sus objeciones se dirigen hacia su ubicación, poniendo como ejemplo de lo que no se debe hacer a la Torre de Valencia de Madrid, "que está a sólo 800 metros de la Puerta del Sol". "En cambio, la Torre Pirelli de Milán o la de BBVA de Madrid están en puntos alejados a los que ennoblecen", manifestó Carbajal, que indicó que en el caso de Sevilla el impacto sería menor si fuera un grupo de torres. "Me resulta menos arrogante porque el grupo no intenta sustituir viejos símbolos", señaló.

El ex director de Icomos, Álvaro Gómez Ferrer, no se postuló abiertamente a favor de la torre, aunque criticó "la actitud laza" de los objetores al no aprovechar el periodo legal de alegaciones al PGOU para oponerse a la torre. Gómez Ferrer puso de manifiesto que el rascacielos cumple toda la legalidad urbanística vigente, y destacó que en su tramitación se han requerido dictámenes a la Consejería de Cultura por su posible afección al conjunto histórico. El arquitecto valenciano incidió también en la dificultad de conjugar el desarrollo urbanístico de la ciudad con la preservación de su paisaje urbano histórico ante la dificultad de definir este paisaje.

Tras una larga exposición en la que intentó describir cómo varía la percepción de la ciudad con el paso de los siglos, el catedrático José Morales alabó la calidad arquitectónica del proyecto de César Pelli. Morales aseguró que el arquitecto norteamericano de origen argentino "ha realizado un gran esfuerzo por adaptarse al medio". "Plantea una reurbanización bastante adecuada y además rompe la escala ya que no tiene ningún elemento reconocible en la fachada", aseguró José Morales. George Zoauin trató de abrir un punto de encuentro entre ambas posturas. "Hay que tener una visión más global. Sevilla no es sólo patrimonio ni tampoco es sólo desarrollo tecnológico", subrayó.
 
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