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2016

CERNUDA: ¡ AÑOS DE NIÑEZ EN QUE EL TIEMPO NO EXISTE! PDF Imprimir E-mail

VIVA SEVILLA / 24/11/2016

JORGE BENAVIDES

Luis Cernuda no tuvo casa. Adepa desde hace varios años lucha por que la tenga pero, ni los concejales de Participa Sevilla en el Ayuntamiento, tan sensibles frente al problema de la vivienda ni un solo representante de la Junta de Andalucía, estuvieron presentes el jueves (17.11.16) en el Ateneo donde se puso en evidencia esta intolerable situación.


En Ocnos, el poeta recuerda su casa natal (1902) de la calle Acetres nº 6 que ahora está en venta. En 1915 su padre lo llevó a vivir en el cuartel de Avenida de la Borbolla y cinco años después fue a la calle Aire. A partir de 1928 residió en: Madrid, Paris, Tolouse, Oxford, Glasgow, Londres, Massachusetts y en México donde murió (1963); pero en ninguna parte el poeta sevillano tuvo casa y, si la Junta de Andalucía no dispone del medio millón de euros para comprar aquel patio de ¡Años de niñez en que el tiempo no existe!, tendrá que explicar cómo es posible en cambio, invertir 30 millones en un edificio 4C (Centro de Creación Contemporánea de Córdoba), vacío desde hace 4 años de y otros 30 millones en el macro-museo ibérico que durante 7 años se sigue construyendo en Jaén.

¿Cuál es o debería ser la política cultural de la Junta de Andalucía?
La casa atribuida a Murillo en el barrio Santa Cruz está subutilizada, de la natal de Velázquez solamente queda la dirección. De forma similar de aquellas del rememorado Bécquer, del Nobel Aleixandre y del gran Machado.


La incoación como BIC del inmueble de la actual Cristalería Valeriano Díaz establecida desde hace más de cincuenta años donde nació Cernuda, tiene un aspecto discutible y dos imprevisibles caras. El primero porque resulta extraña e inadecuada la tipología “sitio histórico”; según la Ley Andaluza: “lugares vinculados a acontecimientos o recuerdos del pasado, a tradiciones, creaciones culturales o de la naturaleza y a obras humanas, que posean un relevante valor histórico, etnológico, arqueológico, paleontológico o industrial”.

Y según la Ley Nacional: “lugar o paraje natural vinculado a acontecimientos o recuerdos del pasado, a tradiciones populares, creaciones culturales o de la naturaleza y a obras del hombre que posean valor histórico, etnológico, paleontológico o antropológico”, pues las casas natales de numerosos artistas y escritores: Cervantes, Goya, Buñuel, Picasso, Jovellanos, Valle Inclán, están protegidas como monumentos por sus características arquitectónicas y sus específicos valores. En Sevilla solamente hay un sitio histórico: el lugar de fusilamiento de Blas Infante. En Cádiz, el Puente Suazo.


La incoación limita y dificulta la venta del inmueble y por lo tanto, lo pone en serio peligro de ruina; pero, por otra parte -positiva- presiona a los poderes públicos para que, más allá de normas urbanísticas y declaraciones líricas, tomen iniciativas prácticas y los ciudadanos tengan motivo de exigir que así suceda. Si esto último no fuera así, ojalá una vez más se hiciera presente -¿por qué no?- la iniciativa y la emoción extraordinarias de los sevillanos como ya ha sucedido en dos ocasiones anteriores:


La primera: el autor de la Plaza España, constructor de 180 edificios residenciales no dejó ni siquiera una casa a su familia según una crónica publicada el 01.05.1933: “La viuda e hijos del insigne D. Aníbal González, con las autoridades sevillanas, en el acto de recibir la casa que el pueblo de Sevilla (con aportaciones populares) les regala como homenaje a la memoria del malogrado arquitecto”.


Segunda: En 2003 el abogado Moeckel tomó la iniciativa: “La movilización obtuvo en tiempo récord los fondos para el Salvador: de los empresarios, € 2M; la Iglesia pedirá al Ministerio € 3M. La Consejería de Cultura ha prometido su ayuda. Las donaciones de los ciudadanos supera € 100.000. La Gerencia de Urbanismo ha comprometido € 300.000”.


Restaurar el inmueble no supone dificultades técnicas. El proyecto museológico sí. Una buena referencia me parece el Museo de la Inocencia en Estambul en el que el Nobel Pamuk enseña la intensa crónica sentimental de sus personajes en su contexto.
Cernuda tiene derecho a tener “vivienda” donde acoger incluso a sus amigos poetas en el contexto de la Sevilla de la primera mitad del siglo XX.

 
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